Opinión
La edad de oro
Cheick Mbengue es director de la escuela United Academy en Senegal, y se le ha llevado por delante la policía, que ha investigado varios años de entradas y salidas de futbolistas que no parecían tener sus partidas de nacimiento en buen estado legal

La selección de Senegal, levantando un trofeo / EP
No vamos a hablar ni de economía ni de política, ya que la edad de oro a la que me refiero no es ni más ni menos que la edad que algunos aparentan o se fabrican. Tampoco el botox aparecerá en esta columna, no queridos lectores, sino que se ha descubierto, por enésima vez, cómo hacer más jóvenes a algunos futbolistas.
Y es que no es la primera vez (ni creo que sea la última) que aparecen noticias sobre falsificaciones de partidas de nacimiento, sobre todo en África, aunque también ha acaecido en algún lugar de Sudamérica. Ahora, el último asunto nos viene de Senegal, donde un antiguo jugador internacional del país (31 veces) ha sido arrestado y puesto a disposición judicial por ser el, dicen, cabecilla de una red de proveedores de jóvenes no tan lozanos.
Este señor, Cheick Mbengue, es director de la escuela United Academy, en el país africano, y se le ha llevado por delante la policía, que ha investigado varios años de entradas y salidas de futbolistas que no parecían tener sus partidas de nacimiento en buen estado legal.
Esto, que hace unos años era muy habitual, pero no se derivaba del fútbol, sino del miedo de las madres a que sus hijos fueran a la mili (ojo a los más jovencitos: una obligación de hacer el servicio militar…) o a la mismísima guerra, que asolaban el continente (y aún ahora, no lo olvidemos). Para ello, no inscribían en el registro civil el nacimiento de sus niños hasta alcanzar los tres o cuatro años.
Este truco era para que, en cuanto fueran al ejército, no tuvieran 18 sino 21 o 22, con un cuerpo más formado mental y físicamente. Pero, como estos chicos, o algunos de ellos, podían ser muy buenos jugando al fútbol, pues aparecerían en campeonatos africanos o incluso mundiales. Muchos equipos europeos y sudamericanos se veían superados en los torneos de menores de 17.
Nigeria y Ghana...
De hecho, desde la creación del campeonato del mundo FIFA de menores de 17 años, Nigeria lo ha ganado en 5 ocasiones y Ghana en 2. Es decir, siete campeones que, luego no se han visto reflejados en la Copa del Mundo de nacionales de mayores. Comentan que es por el mejor desarrollo físico de los africanos, pero es muy relativo.
Tanto es así que, a Camerún, con el presidente Samuel Eto’o, se le descubrieron jóvenes que no lo eran tanto, hace un año y tuvo que retirar a una docena de futbolistas de su selección. Ahora, ya no estamos en ese punto, o al menos no solo en ese, sino que lo ocurrido en Senegal, es una parte que se tenía de lado pero que, a mi entender, tiene mayor calado tanto social, como futbolístico y legal.
El tener academias que proveen a jóvenes africanos para las distintas ligas europeas no es algo novedoso. Yo mismo tuve un caso de dos cameruneses de 15 año que se fueron a Armenia, y que llegaron a jugar con sus selecciones, con un cambio de nacionalidad expreso, pero que en realidad tenía más de 18 años. Hablo de los años 2010 más o menos.
Ahora, la detención en Senegal me ha recordado ese asunto y lo que se pretende: tener unos jóvenes que tengan más de 18 años sobre el papel de nacimiento pero que, en realidad, tienen barba muy nutrida…
Fraude deportivo... y legal
Por ello, hay que aplaudir a la policía, la fiscalía y los jueces senegaleses, al tratarse no solo de un fraude deportivo, sino también contra el estado civil de las personas. Sabemos que existen esas tramas, pero parecería que su admisión era casi obligatoria.
Pues no, señores defraudadores, ni los jugadores son objetos a los que se pueda dar una edad ficticia, como si fuera un mueble para vender de art Nouveau, cuando se hizo en este siglo… Veamos si, en otros lugares del continente africano tienen la gallardía de perseguir estos hechos.
Llegando ya el invierno, apetece estar en casa leyendo un libro. Sí, lo sé, soy un viejuno, como se dice ahora, porque me sigue gustando leer y, si es en papel mejor. ¡Qué le voy a hacer, señoría, soy culpable! Y el libro que recomiendo hoy es argentino, de la autora Silvana Stabielli, “Atlas de palabras únicas”. Un laberinto muy útil para este tiempo en el que el vocabulario parece inexistente o se minimiza… Disfruten y cuídense.
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