Opinión
2026: La pesadilla continúa
Mestalla ya no mira al futuro, mira al marcador del domingo y al del lunes. Mira hacia abajo. Y eso, en un club que fue gigante, es una derrota antes incluso de que ruede el balón.

Borja Iglesias, abrazando a sus compañeros ante Foulquier / LaLiga
El año 2026 ha comenzado para el Valencia CF como terminan las pesadillas: sin despertar. No hay borrón y cuenta nueva, no hay promesas cumplidas por el simple hecho de cambiar el calendario. El equipo sigue atrapado en el mismo bucle, en la misma angustia semanal, caminando por el alambre fino que separa la permanencia del abismo. A un solo punto del descenso. Otra vez. Y, lo peor de todo, ya en descenso.
Mestalla ya no mira al futuro, mira al marcador del domingo y al del lunes. Mira hacia abajo. Y eso, en un club que fue gigante, es una derrota antes incluso de que ruede el balón.
El Valencia sigue siendo un equipo frágil, previsible, con más miedo que colmillo. Los mismos problemas estructurales que arrastraba el año pasado no solo no se han corregido, sino que parecen haberse enquistado: falta de liderazgo en el campo, una plantilla corta, desequilibrada, sin gol ni jerarquía, y una sensación permanente de provisionalidad. Como si todo fuera prestado. Como si nadie acabara de ser responsable de nada. Buena prueba de ello es la dantesca imagen en Vigo, con Pepelu de portero incluido.
Carlos Corberán es hoy el rostro visible de esa incertidumbre. Un entrenador que llegó con discurso, con trabajo y con fe, pero que a estas alturas no ha conseguido cambiar el rumbo ni la dinámica emocional del equipo. El Valencia no compite con la rabia del que se juega la vida, sino con el temblor del que teme perderla. Y eso, en Primera División, se paga. Y muy caro como estamos viendo jornada tras jornada.
Aquí no hay espacio para medias tintas ni para el “vamos a ver qué pasa”. El club está en una frontera peligrosa y las decisiones ya llegan tarde. O se refuerza el equipo de manera clara, contundente y ambiciosa —no parches, no apuestas baratas, no excusas— o habrá que asumir que el banquillo también forma parte del problema. Duro decirlo, pero más duro será mirar atrás en mayo. Sobre todo porque en verano el discurso era otro, desde arriba, tan distinto como poco real.

Corberán, entrenador del Valencia desde enero de 2025 / LaLiga
Porque el Valencia no se cae solo por falta de puntos. Se cae por inacción, por resignación, por aceptar como normal lo que nunca debería serlo. Un club con esta historia no puede vivir instalado en el miedo ni conformarse con sobrevivir. Cada jornada que pasa sin decisiones es un clavo más en una tabla que ya cruje. No hablo de decisiones locas, sino de poner un poco de cordura y no asumir el “ha sido mala suerte” como la tónica en cada derrota.
Mestalla resiste, como siempre. La afición empuja, aprieta los dientes y no abandona. Pero está cansada y muestra su descontento. La grada no puede jugar, ni fichar, ni tomar decisiones. Eso le corresponde a quienes mandan. Y el reloj corre. La clasificación aprieta. Los puntos se escapan. Y ya estás en descenso directo.
2026 ha empezado mal. Muy mal. Y el Valencia CF ya no puede permitirse esperar a que las cosas cambien solas. Porque no lo harán. El año pasado se acertó. Aquí, o se actúa ya… o el silencio del final puede ser tan ensordecedor como el recibimiento de un equipo que es de todo menos representativo de esta afición.
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