Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Un Valencia CF al borde del abismo

Valencia - Elche

Valencia - Elche / LaLiga

El Valencia CF ya no se cae: se desliza lentamente hacia el precipicio. Diecinueve jornadas, 17 puntos y tercero por la cola. No es una mala racha, no es un bache puntual, no es mala suerte. Es la consecuencia lógica de años de descomposición deportiva, decisiones erróneas y una deriva que hoy ya resulta insostenible. El empate ante el Elche CF, uno de tus rivales directos por la permanencia, no es un punto ganado: es una oportunidad perdida. Otra más.

Mestalla ya no es el fortín de antaño y la situación es tan complicada que hasta la resignación ha superado a la protesta. Y cuando eso pasa es porque el hartazgo ha acabado con cualquier intento de justificación. La afición, una vez más, va muy por delante del club. Ve lo que pasa, entiende lo que ocurre y señala a los responsables. Porque esto no va solo de resultados: va de sensaciones, de competitividad, de orgullo… y el Valencia CF carece ahora mismo de todo eso.

Carlos Corberán está en el foco y no es casualidad. El equipo no tiene una idea clara, no compite con regularidad y transmite una fragilidad alarmante. Lo intenta, es mejor por momentos pero no hay un plan reconocible, no hay capacidad de reacción suficiente y, lo más grave, no hay evolución en la tabla. El Valencia CF juega con miedo, defiende mal, ataca peor y parece resignado a sobrevivir en lugar de rebelarse. El entrenador no está sabiendo elevar el nivel de una plantilla limitada, pero tampoco están corrigiendo sus carencias en el mercado estival. Y en el fútbol profesional, cuando no mejoras lo que tienes, acabas pagando el precio.

Pero sería injusto cargarlo todo sobre el banquillo. El nivel de la plantilla es insuficiente para la historia y la exigencia del Valencia CF. Falta calidad, falta liderazgo, falta carácter. Hay jugadores que no están a la altura y otros que, sencillamente, no deberían asumir el peso que se les exige. Este equipo no impone respeto, no intimida y no transmite colmillo. Es un Valencia CF blando, previsible y vulnerable. Venir a Mestalla ya no es sufrir, sino ver cuánto pueden rascar en un feudo antes inexpugnable.

Y por encima de todo, la gestión deportiva. Ahí está el verdadero origen del problema. Planificación deficiente, decisiones cortoplacistas, ventas mal sustituidas y un proyecto inexistente a colación de los resultados. Me duele decir esto, pero el club navega sin rumbo claro en lo deportivo, sin ambición y sin una estructura coherente o sólida. Cada temporada es un parche sobre el parche anterior. Y así, tarde o temprano, la realidad te alcanza.

Diecisiete puntos en diecinueve jornadas no son un accidente: son un aviso muy serio. El Valencia CF está en descenso porque se ha hecho todo mal. Y si no se toman decisiones ya —valientes, impopulares si hace falta— el desenlace puede ser dramático. Reforzar de verdad la plantilla o cambiar el rumbo desde el banquillo. O ambas cosas. Lo que no vale es seguir mirando al calendario esperando que pase algo.

Porque en el fútbol, cuando no haces nada, lo que pasa casi siempre es lo peor. Y el Valencia CF ya no tiene margen para seguir esperando. Porque la Primera División no espera a nadie y menos cuando Mestalla ya lo ha advertido en muchas ocasiones… que este equipo está al borde del abismo, un año más.

Tracking Pixel Contents