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Opinión

Cinco atrás

El centrocampista del Real Madrid, Dani Ceballos, a la finalización de la final de la Supercopa de España que han disputado FC Barcelona y Real Madrid, este domingo en el estadio Ciudad Deportiva del Rey Abdalá de Yeda (Arabia Saudí). EFE/ Kai Försterling

El centrocampista del Real Madrid, Dani Ceballos, a la finalización de la final de la Supercopa de España que han disputado FC Barcelona y Real Madrid, este domingo en el estadio Ciudad Deportiva del Rey Abdalá de Yeda (Arabia Saudí). EFE/ Kai Försterling / Kai Försterling / EFE

El Real Madrid, sin que lo supieran muchos, había perdido antes de salir, por la simple razón de que había interiorizado el pasado. La huella del dolor (la punzante derrota) había permeado su blanca piel. Afrontaba la final de la Supercopa desde el miedo y salía con cinco atrás. Se quedaba, con ello, sin el relato de la suntuosidad en el club que menos permite olvidar la solemne tradición porque la aureola es parte indisociable de su proyecto.

El pasado es una variable más a tener en cuenta en cada partido. Cuando se mira el pasado y atenaza lo recordado se activan a su gusto los miedos y las cautelas que bloquean. El Barça ha podido perder algún Clásico en los últimos años pero tiene al Real Madrid totalmente controlado. Le tiene comida la tostada.

Por esa vigencia del pasado es tan importante controlar qué se cuenta sobre lo sucedido. No es una simple herramienta de convencimiento, sino más bien una arma para controlar qué va a pasar en el futuro inmediato, es decir, en ese presente que se abre con cada nuevo encuentro.

Cada recuerdo es una mirada interesada del pasado. Recordar fue la maldición de Funes el memorioso, el personaje creado por Jorge Luis Borges que tenía una memoria absoluta. Esa parece la condena del Madrid en la actualidad: no acaba de saber olvidar las tundas que le ha metido el Barça, tanto de juego como en el resultado.

Al final, con la confirmación de la derrota, los secuaces del poder buscaron victorias que permitiesen seguir con el embelesamiento. Que si el Madrid salía reforzado, que si había competido, que si había merecido ganar. Parecía que acababan contentos tras perder una final y un título ante su máximo rival histórico. En esta sociedad en el que parecer es más importante que ser, siempre hay alguien dispuesto a asumir el papel de bufón del poder. Y Florentino Pérez tiene unos cuantos chanceros a su servicio.

Eso de haber interiorizado el pasado y salir atemorizado no fue la razón del despido de Xabi Alonso. A pesar de ser impropio de un club de la solera y la millonada invertida del Real Madrid, los merengue hace años que no juegan a nada pero les importa un pimiento. Solo están interesados en ganar. Sea como sea. Por eso les valía Pepe, les valió Mourinho y ahora les vale Rüdiger a pesar de su ordinariez.

La razón del despido fue el choque con los gallos del vestuario. Un entrenador sin autoridad no tiene futuro, un club que no da autoridad a su entrenador es un proyecto perdido. Ahora le dan las riendas a un Álvaro Arbeloa que muchos sitúan como el hijo soñado de Florentino Pérez. Lo pone porque sabe que a él lo van a respetar porque el entrenador simple y llanamente va a ser la voz del amo. Y al amo se le respeta.

El pasado, ahora mismo, para los blancos, es el suicidio de la posibilidad, el fin de los días. Ya nada está por suceder y solo queda aguantar. En el Madrid deberán olvidar para poder renacer. Imaginar un mundo nuevo en el que la supremacía del Barça sea cuestionable y afrontar sus particulares duelos desde el adanismo. Con la valentía que ofrece el desconocimiento. De lo contrario, seguirán atenazados, derrotados antes del pitido inicial.

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