Opinión
El Valencia CF vuelve a respirar en Getafe

Getafe - Valencia. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
El Valencia CF llevaba demasiado tiempo conteniendo el aliento. Jornadas enteras mirando el marcador ajeno, viviendo instalado en la angustia y con el descenso como un ruido constante de fondo. Por eso, la victoria en Getafe no es una más. Es la primera fuera de casa esta temporada, es ante un rival directo y, sobre todo, es el triunfo que permite salir, aunque sea por poco, de los puestos de descenso. Y en el contexto actual, eso ya es mucho.
El 0-1 en el Coliseum no fue brillante ni cómodo, pero sí necesario. De esos partidos que no se recuerdan por el juego, sino por lo que significan. Porque el Valencia necesitaba ganar lejos de Mestalla para creerse a sí mismo. Necesitaba demostrar que aún tiene pulso competitivo, que no está condenado a sufrir hasta el último minuto de la temporada –o eso quiero creer-. Y lo hizo.
El gol lo marcó José Luis Gayà. Y no es un detalle menor. Gayà, el capitán. Gayà, el futbolista que ha crecido con este escudo desde niño y que ha decidido quedarse cuando marcharse era lo más sencillo. Gayà, tan cuestionado últimamente como injustamente señalado. Podemos hablar de si está mejor o peor en cada partido, pero nunca dudar de su compromiso. Ayer, apareció cuando más falta hacía. Dio la cara y marcó un golazo gracias a un pase espectacular de un Ugrinic que va a más. Y conviene decirlo alto y claro: el compromiso de Gayà con el Valencia CF no se puede poner en duda. Nunca.
Y repito, se le puede criticar un partido malo, una acción concreta o un bajón físico. Pero cuestionar a Gayà como capitán o como valencianista es no entender o saber nada de lo que ha hecho durante todo este tiempo. En un club cada vez más falto de referentes, él sigue siendo uno. Un one club man en tiempos de mercenarios. Y eso, en una temporada tan oscura, tiene un valor enorme.
Ahora bien, que la victoria no tape todo. Porque el Valencia ganó pese a una gestión de partido muy mejorable por parte de Carlos Corberán. El equipo acabó encerrado atrás, sin balón, sin saber cuándo pausar ni cómo matar el partido. Cambios extraños como el del central, falta de control y una sensación constante de estar a merced del rival en el tramo final. El resultado salió bien, sí, pero la lectura desde el banquillo volvió a generar más dudas que certezas. A pesar de los tres puntos, la sensación desde el banquillo no es tan positiva como refleja el resultado.
Este Valencia necesita algo más que resistencia. Necesita orden, valentía y una idea clara cuando se pone por delante. No puede vivir cada final de partido como una ruleta rusa, porque eso acaba pasando factura, como ya hemos vivido durante toda la temporada.
Con todo, hoy toca aferrarse a la esperanza. Porque ganar fuera, porque salir del descenso y porque hacerlo con un gol del capitán tiene un simbolismo especial. b Y después de tanto tiempo a oscuras, cualquier rendija de luz se celebra.
El Valencia CF sigue vivo. Con respiración asistida y bajo vigilancia, pero vivo. Y mientras haya jugadores como Gayà dispuestos a aparecer cuando quema el balón, hay motivos para creer. Aunque sea con los dientes apretados, el Valencia CF vuelve a respirar.
