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Opinión

Valencia

Competir ya no es suficiente

El Valencia CF volvió a tropezar. Esta vez en La Cerámica, ante el Villarreal CF, en un 2-1 que deja más frustración que resignación

Corberán, gritando desde la banda

Corberán, gritando desde la banda / LaLiga

El Valencia CF volvió a tropezar. Esta vez en La Cerámica, ante el Villarreal CF, en un 2-1 que deja más frustración que resignación. Porque el partido fue extraño, cambiante y profundamente injusto en su desenlace, pero también volvió a evidenciar que este equipo sigue jugando con fuego en demasiadas fases del encuentro. Porque, además de competir, hay que saber jugar y ganar partidos.

La primera parte fue para el olvido. Con un Villarreal dominador, tan solo algún fogonazo hizo que el Valencia diera sensación de peligro. El conjunto de Mestalla se adelantó desde el punto de penalti, con personalidad de Ramazani, pero el gol no cambió la inercia emocional del equipo. Se jugaba sin mando, sin colmillo y, sobre todo, sin contundencia defensiva. El empate llegó en una acción mal defendida, de esas que encienden todas las alarmas: desajuste, falta de intensidad y sensación de fragilidad. El segundo, desde los once metros por unas manos muy discutibles –pero señalables según el reglamento-, terminando de castigar a un equipo que hasta ese momento no había sabido gobernar el partido.

Y ahí está el problema. El Valencia sigue concediendo demasiado cuando no domina. Le falta oficio para dormir los encuentros cuando se pone por delante. Le falta jerarquía para frenar el impulso rival en momentos clave. Y en Primera División, esos detalles no son matices: son sentencias. Pero sería injusto quedarse solo en eso.

La segunda parte fue otra historia. El equipo dio un paso al frente, apretó, jugó en campo contrario y generó ocasiones suficientes como para empatar. El Villarreal evidenció esa doble cara que le ha acompañado durante toda la temporada entre la excelencia y el mínimo esfuerzo. Algo que a punto estuvo de aprovechar un Valencia con poco gol. Ahí sí hubo ritmo, orgullo y ambición. Ahí sí apareció un Valencia más reconocible, con colmillo y hambre….aunque tarde.

Eso es lo que debe sostener la esperanza. Este grupo tiene capacidad pero le falta valentía y mordiente. Lo que necesita es continuidad emocional, madurez competitiva y menos errores groseros. Porque mientras regale media parte y media ocasión, seguirá caminando por la cuerda floja. Por mucho que desde el vestuario se hable de competir, es algo que se quedar corto a estas alturas.

Carlos Corberán en el banquillo de La Cerámica

Carlos Corberán en el banquillo de La Cerámica / EFE

La derrota duele, claro que duele. Pero también deja una lectura: el Valencia no está muerto, ni mucho menos. Está verde en algunos aspectos, vulnerable en otros, pero más vivo de lo que imaginamois. Y si Corberán –porque no va a ser otro ya hasta verano- logra juntar durante 90 minutos la intensidad de la segunda parte con algo más de rigor defensivo, este tipo de partidos empezarán a caer de su lado.

Pero no hay que obviar que los datos son para olvidar porque, con la derrota de ayer, el Valencia CF de Peter Lim se convierte en el quinto peor de la historia. Siendo, además, la tercera vez en cuatro años. Porque 26 puntos en 25 jornadas son guarismos para el sufrimiento. Por mucho que la liga esté más apretada que nunca.

El fútbol castiga. Pero también recompensa a quien insiste. El empate no llegó, pero la sensación fue clara: cuando este equipo cree y se suelta, puede competirle a cualquiera. Pero, a estas alturas, competir ya no es suficiente.

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