Opinión
Reamuntada de Primera

Victoria importante para el Valencia CF. / JM LOPEZ
Hay noches en las que el fútbol deja de ser un simple juego y se convierte en un relato. Una historia de orgullo, de resistencia y de fe. Anoche, en Mestalla, el Valencia CF escribió una de esas páginas que no se recuerdan solo por el marcador, sino por el espíritu que se respiró en cada rincón del estadio. Como pasó contra el Valladolid, como sucedió ayer ante el Deportivo Alavés.
El equipo de Quique Sánchez Flores marcó primero. Y después volvió a golpear. Dos veces se puso el partido cuesta arriba. Dos veces el Valencia tuvo que mirar al abismo de la derrota. Pero esta vez ocurrió algo distinto. Esta vez el equipo no se encogió. Esta vez el equipo respondió jugando mejor, con más fútbol, con más corazón. Con más fe.
Porque el Valencia fue superior. Más valiente. Más ambicioso. Más a lo que queríamos que se asemejara y, ni por asomo, pensábamos que aparecería. A ese Valencia de las grandes noches que, con sus luces y sombras, acaba sacando partidos.
El primer rugido llegó de las botas de Javi Guerra, uno de esos jugadores que parecen llevar dentro el latido de Mestalla. Su gol no fue solo un empate: fue una chispa. Un aviso de que el Valencia no iba a rendirse.
El partido volvió a torcerse, pero el equipo ya estaba lanzado. Ya creía. Ya dominaba. Y entonces apareció Eray Cömert para firmar el segundo empate, un gol que mantuvo vivo al Valencia y encendió definitivamente al estadio. Quedaba poco tiempo pero si había un momento en el que se podía, era ese. Porque cuando Mestalla huele la remontada, el aire cambia.
Y el instante decisivo llegó desde los once metros. El silencio previo al lanzamiento, la respiración contenida, la historia esperando un desenlace. Hugo Duro caminó hacia el balón y lo transformó en el 3-2 con una serenidad que parecía escrita para ese instante.
La remontada estaba consumada. Pero lo verdaderamente importante no fue solo el resultado. Ni los puntos. Sino la sensación de que este equipo, cuando quiere no solo puede sino que lo consigue. Porque el Valencia jugó mejor. Mucho mejor.
En ataque, la sociedad entre Largie Ramazani y Umar Sadiq fue una amenaza constante: velocidad, profundidad, desborde, inquietud permanente para la defensa rival. Dos futbolistas que le dieron al equipo algo fundamental: esperanza cada vez que el balón cruzaba el centro del campo. Y así llegó algo que parecía olvidado: una remontada. La primera desde 2023.

Valencia. Partido de liga Valencia CF vs Deportivo Alavés VLC SPD / JM LOPEZ / LEV
Por eso esta victoria vale más que tres puntos. Porque además llega acompañada de dos triunfos consecutivos y de una distancia cada vez mayor respecto a los puestos de descenso.
Pero sobre todo vale por lo que simboliza. Porque el Valencia recordó algo esencial: que su historia nunca fue la de los equipos que se rinden. Siempre fue la de los que vuelven a levantarse.
Y anoche, bajo las luces de Mestalla, el viejo espíritu del murciélago volvió a desplegar las alas.
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