Opinión
Marco de Médici
Cuando alguien piensa en un “mentor” por antonomasia, a la fuerza, su pensamiento se traslada a la Toscana italiana. Allí, durante el siglo XV se desarrolló lo que conocemos como “El Renacimiento”. Sí, eso que estudiamos todos en el colegio cuando éramos pequeños y que aquellos y aquellas que, posteriormente, lo ampliarían en los caminos académicos que dan la oportunidad de diseccionar historia de nuestra humanidad

Marco Barba / Sergio Gea
Cuando alguien piensa en un “mentor” por antonomasia, a la fuerza, su pensamiento se traslada a la Toscana italiana. Allí, durante el siglo XV se desarrolló lo que conocemos como “El Renacimiento”. Sí, eso que estudiamos todos en el colegio cuando éramos pequeños y que aquellos y aquellas que, posteriormente, lo ampliarían en los caminos académicos que dan la oportunidad de diseccionar historia de nuestra humanidad.
Un “Renacimiento”, que denomina a un movimiento cultural, enclavado entre la Edad Media y la Edad Moderna, donde sus principales exponentes surgieron en el campo de las artes, las ciencias naturales y las humanidades.
Grandes nombres de variados intelectuales y artistas, fueron las caras visibles de una época que es conocida por todo el mundo. Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Boticelli, Donatello, Sanzio o Brunelleschi, son algunos de ellos, los cuales pudieron trasladar todo su talento a lo práctico y que a día de hoy podemos disfrutar muchos siglos después.
Pero para ello, todos estos nombres y otros muchos que también florecieron en aquel período de nuestro tiempo, pudieron desarrollarse gracias a lo que hoy en día conocemos como los “Mecenas”. Lo que en la actualidad podríamos definir como un patrocinador, que por aquel entonces se asociaba directamente al mundo de la cultura. Y si hay algún claro exponente de aquello y que puede representar a todos ellos, ese sería Lorenzo de Médici.
Nacido en Florencia, el mayor de cinco hermanos, era un hombre inteligente y polifacético. Después de formarse en varias disciplinas, todo el conocimiento adquirido, junto a parte de su amplio patrimonio, decidió invertirlo en formar a otros y trasladarle todo lo adquirido para el desarrollo intelectual de sus tutelados. Uno de esos hermanos fue Juliano, destacado político, regente de la ciudad que les vio nacer y que, durante su mandato al frente de este municipio, ayudó a esa explosión cultural, llevada a su máximo esplendor por aquel entonces
Una definición, la de mecenas, que ha caminado, a lo largo de los años, hasta la actualidad, donde muchos han seguido su camino para sacar lo mejor de dentro en muchos otros individuos.
Un ejemplo de ello podría ser el de Marco Barba. El expiloto sevillano, pero afincado desde su juventud en Sagunto, dejó una brillante hoja de servicios a los mandos de los diferentes vehículos en una larga trayectoria en los circuitos nacionales e internacionales, lo cual le llevó a compartir parrilla con personajes tan destacados como Sebastian Vettel o Daniele Ricciardo. La misma que le enseñó todo lo que envuelve a las carreras de velocidad en vehículos de cuatro ruedas.
Algo, que como hizo de Médici muchos lustros atrás, le ha valido para poder ayudar en la formación de nuevas estrellas, que al menos, puedan igualar su destacado caminar profesional como conductor.
Una selecta lista de jóvenes han pasado ya por sus manos, tras diez años acogiéndolos en su seno, para ofrecer su sapiencia. Una situación que no ha variado, ya que en los últimos tiempos ha llegado a su tutela Ernesto Rivera, la gran promesa mexicana que apunta a ser el próximo representante de su país en la Fórmula 1. Algo que tuvo de conseguir el propio Marco y que no quiere que se repita con el centroamericano. Un Rivera, que tiene ya su raíz valenciana a través de la escudería Campos Racing, ya que, después de participar en la Fórmula 4 española, dio el salto un año después a la Eurocup 3. Ahora, en apenas un par de semanas, se iniciará bajo su disciplina en la F3 FIA.
El aspirante, que desde el primer momento ha recibido directrices claras para pulir su técnica, como el mejor de los pintores, la fortaleza mental, fundamental en los grandes arquitectos al desarrollar sus magnas obras y su capacidad de gestión, como esos artistas que debían organizar unos trabajos en tiempo y forma para el regocijo de sus mentores y de los gobernantes.
Marco, al igual que le pasara a Lorenzo con Juliano, cuenta también con la gran experiencia que le ofrece su hermano, destacado competidor, necesaria en la gestión de todo lo que envuelve a los monoplazas. Siempre una ayuda, un brazo extendido sobre un hombre de un renacimiento actual, el que forma a jóvenes para que puedan desarrollarse, al máximo, en un futuro cada vez más próximo.
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