Opinión
A lo Elche
Girona volvió a ser ciudad fetiche para el equipo ilicitano

Álvaro Rodríguez celebra un gol con el Elche / EFE
Pues ya está. Se acabó. 38 kilómetros después el Elche ha llegado a su destino y lo ha hecho de la forma que mejor se le da. Con esta llevo 16 columnas hablando mayoritariamente del aspecto deportivo de esta película que ha acabado con final feliz. Pero llegados a este punto creo que este ámbito pasa a un segundo plano. Dicen que en la NBA la temporada regular y el playoff son dos competiciones totalmente distintas, o que en segunda división ‘siempre sube el 6º’.
Creo que en jornadas como las de este fin de semana, en las que el destino de muchos dependía de un hilo tan fino, pasa algo similar. Poco importa lo que hayas hecho previamente, de poco te va a ayudar porque la distancia entre la vida y la muerte es casi imperceptible. Pero has de saber cómo jugar este tipo de partidos. El sábado tuve la suerte de estar en Girona y me di cuenta de que lo importante del fútbol, muchas veces, es lo que pasa fuera del campo.
Ir a ver a tu equipo fuera de casa es algo que has de hacer una vez en la vida. Sentirte parte de un grupo que de algún modo te protege por unas horas en una ciudad que no conoces, abrazarte con alguien que ni siquiera sabes cómo se llama y cuya cara posiblemente mañana hayas olvidado, comentar con los compañeros periodistas hasta dónde llegan las opciones del Elche y un largo etcétera.
He tenido la suerte de ir a varios desplazamientos (a pocos, realmente), pero me hubiera costado imaginar hace un año que iba a poder ir a tres y que uno de ellos iba a ser el de la permanencia. Tenía el equipo franjiverde una asignatura pendiente fuera de casa, viniendo con 42 puntos de los cuales sólo 7 se consiguieron lejos del Martínez Valero. Y había que mínimo empatar, aunque a la postre acabara valiendo hasta la derrota.
¿De verdad alguien a estas alturas piensa que hay algo imposible para el Elche? Un equipo mermado mentalmente durante este 2026, que cuando daba el nivel no le llegaba para ganar y cuando no lo daba la losa mental le pesaba demasiado y a cuyo entrenador se le ha pedido cintura táctica (y la ha tenido), solamente ha estado 3 jornadas de 38 en descenso siendo un recién ascendido.

David Affengruber, en el partido contra el Atlético / EFE
El penalti fallado de Muriqi, el balón sobre la línea que Germán le saca al Valencia, el partido de Affengruber contra el Atlético de Madrid… Todos han sido ingredientes indispensables para que Elche siga siendo una ciudad de primera. Se han cometido errores y ya será momento de pasar facturas y corregirlos de cara a lo que viene, pero han pasado tantas cosas en 38 partidos, que nadie quería vivir en un futuro injusto en el que este equipo era equipo de Segunda División. Ahora viene lo bueno, el baile de nombres, el discutir con tu grupo de amigos si este nombre es lo que necesita el equipo o no. Ojalá lo mejor esté por venir, pero de momento el viaje está mereciendo mucho la pena.
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