Opinión
El plan renove del Valencia CF

Valencia VLC SPD partido de fútbol de Liga EASPORTS entre el Valencia CF y el Rayo Vallecano / Francisco Calabuig
Acaba la liga, llega el verano y empieza el baile de nombres. Los que están y se van; los que se van y queremos que se queden; y los que suenan pero que nunca estarán. Un sinfín de futbolistas que desfilan entre rumores, noticias y filtraciones por parte de los agentes de turno. Dicho esto, es hora de que el Valencia CF ejecute un plan renove de la plantilla.
En una campaña mediocre, gris, sin alma, sin crecimiento y sin una sola señal seria de proyecto, hace falta seriedad. Un año entero sobreviviendo entre la indiferencia y la resignación, con un equipo que ha transmitido muy poco en lo futbolístico y todavía menos en lo emocional. Mestalla ha vuelto a empujar más que la propia plantilla. Y donde solo se han puesto las pilas cuando estaban con el agua al cuello.
El Valencia necesita un plan renove urgente. No un par de retoques, no tres fichajes baratos de última hora ni otro mercado improvisado. Hace falta una reconstrucción profunda. Hay jugadores que ya han demostrado de sobra que no pueden sostener un proyecto competitivo. Futbolistas acomodados, sin continuidad, sin personalidad y sin el nivel que exige un club como este. Y lo peor no es perder. Lo peor es haberse acostumbrado a la mediocridad.
Porque ese es el gran drama del Valencia actual: la normalización del fracaso. Acabar en tierra de nadie, competir a ratos, enlazar dos partidos buenos y cinco malos, y que aquí no pase absolutamente nada. Como si un club histórico tuviera que conformarse con ir tirando. Como si pelear por no sufrir fuera aceptable. Como si el escudo hubiera empequeñecido hasta convertirse en una franquicia sin ambición. Y ante este panorama, la pregunta más importante no es qué jugadores deben salir. La pregunta es: ¿quién va a construir el nuevo Valencia CF?
Porque ahora mismo no existe ninguna figura que transmita liderazgo deportivo real. Nadie parece estar diseñando un proyecto. Nadie da la sensación de tener un plan. La estructura deportiva es invisible. Ron Gourlay ha aterrizado en el club rodeado de expectativas… pero de momento su impacto es inexistente. Ni discurso, ni decisiones reconocibles, ni sensación de mando. Está previsto que hable en rueda de prensa, pero dirá poco o nada relevante que tenga impacto real en el devenir deportivo del equipo. El valencianismo sigue esperando saber exactamente a qué ha venido y cuál es su idea para rescatar a un club que lleva años desorientado.
Y luego está Carlos Corberán. Un entrenador que llegó envuelto en relato moderno, método y análisis… pero cuya temporada deja muchísimas dudas. El equipo no ha evolucionado. No ha encontrado identidad. No ha mejorado colectivamente. Y en demasiados partidos ha transmitido conformismo, fragilidad y una preocupante falta de carácter. El Valencia ha sido un equipo plano. Sin agresividad, sin colmillo y muchas veces sin respuesta.
Corberán no es el único culpable de este desastre, pero también empieza a ser parte del problema. Porque el técnico que venía a elevar el nivel competitivo ha terminado dirigiendo un equipo sin alma reconocible. Y eso, en Mestalla, pesa muchísimo. Pero… ¿Quién es el encargado? ¿Quién es el arquitecto a la hora de confeccionar este nuevo Valencia CF? Ahí es donde me entran todas las dudas e incógnitas.
Porque en un club serio, habría un director deportivo confeccionando una hoja de ruta clara y no personas que trabajan en el club haciendo la guerra por su cuenta y cerrando futbolistas libres de contrato para hacer bulto –como de Haas o Dieng-. Sin entrar en si son buenos o no –porque no los he visto-, la realidad es que los firman porque no tienen que pagar traspaso y tienen dos hombres más para que el entrenador –que en su día los tumbó para que vinieran en invierno- pueda usarlos. Pero eso no es planificar, es jugar al PC Fútbol.
El Valencia necesita recuperar hambre. Necesita futbolistas comprometidos, con personalidad, con oficio, con energía competitiva y con nivel real para vestir esta camiseta. Jugadores que entiendan dónde están. Que no vean el club como un escaparate temporal ni como una estación de paso irrelevante. Hace falta volver a construir un vestuario con ambición y orgullo. Pero para eso primero hace falta algo básico: alguien al mando. Y ahora mismo, el Valencia CF parece un club sin arquitecto para un digno plan renove.
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