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Opinión

Ganar el Mundial desde la diversidad

La España que competirá en el Mundial de este verano lo va a ratificar una vez más. Una España diversa, configurada por un seleccionador valiente que, a bien seguro, ha tenido que superar presiones de un entorno madridista que sólo entiende la identidad cuando mayormente lo representa a él

Lamine celebra su gol el día de su debut con Nico Williams en Tiblisi

Lamine celebra su gol el día de su debut con Nico Williams en Tiblisi / EFE

La identidad es un capricho. Un saco que se entiende hermético pero que, al contrario, está lleno de agujeros, por los que entran y salen influencias y contradicciones. Bien se observa en las identidades nacionales y más si cabe en los combinados de los países que disputan competiciones deportivas como el Mundial de fútbol. España, como todos, es un país diverso, compuesto por personas de múltiples procedencias, pensamientos y anhelos. Es una identidad imaginada diferente prácticamente por cada uno y una de los miembros del país. En tiempos de oscuridad se decía que España era una y no cincuenta y una, pero es mucho más real decir que España es casi cincuenta millones más que una. Cada uno entiende España como una cosa distinta.

La España que competirá en el Mundial de este verano lo va a ratificar una vez más. Una España diversa, configurada por un seleccionador valiente que, a bien seguro, ha tenido que superar presiones de un entorno madridista que sólo entiende la identidad cuando mayormente lo representa a él. No habrá jugadores merengues en la selección roja y eso provocará que muchos aficionados madridistas no animen o pongan poco interés en la selección. Ya lo demostraron con la Selección Femenina de España en sus diferentes citas mundiales, a pesar de los éxitos. Que sean mujeres, que muchas sean abiertamente lesbianas, que representen mayormente al Barça e incluso que haya jugadores de color ha provocado no ya una falta de apoyo miserable sino incluso campañas en contra, en una misoginia que se une a homofobia y racismo pero con el identitarismo madridista detrás, cargando las armas.

Porque en este país se es mucho de un equipo o de otro. En Valencia es mucho más generalizado el sentimiento valencianista que el valenciano, como se observa que es mucho más generalizada la identidad antimadridista que la antimadrileña. En Madrid, entre los madridistas, se es del Madrid más que de España, sobre todo porque España ha estado alimentada fundamentalmente de barcelonistas, lo que demuestra su apuesta por la cantera. Una comentarista opinó que merecía mucho más estar en el Mundial Thiago Pitarch que Gabi. Sería humor del malo sino representase una ideología con fuertes intereses detrás.

El hecho es que la España que (en teoría) nos representará a todos y todas en el Mundial es mayoritariamente del Barça (el contrapoder por excelencia en Madrid), con muchos de ellos catalanes, y otros valencianos, vascos y gallegos. Y encima va Borja Iglesias, un hombre comprometido con los valores humanos, capaz de rechazar su presencia en la selección en protesta por los comportamientos discriminatorios con las mujeres o criticar abiertamente el genocidio en Gaza. Forma parte de la misma selección que Marcos Llorente pero viven mundos diferentes, alentado este último por movimientos conspiracionistas y considerado por la comunidad científica como un peligro de salud pública. Habrá, además, varios jugadores de color, con padres y madres de orígenes en otros países.

Archivo - Los jugadores españoles Nico Williams, Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal.

Los jugadores españoles Nico Williams, Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal. / Archivo

Algunos, para animar a España, deberán romper con los marcos mentales con los que miran el mundo. El madridismo es mucho más que el fanatismo identitario excluyente, por supuesto. El problema es que, con falacias orquestadas desde el poder del palco del Bernabéu como el caso Negreira, ese puritanismo está en expansión y cada vez es menos compatible con la diversidad. Una diversidad que representa el país y que, por tanto, debe ser seña de identidad de la Roja.

Hay una auténtica fiebre con los cromos del Mundial pero los que realmente molan son los que han creado algunas páginas con escritores. Ahí sí que se diluye definitivamente la identidad. Querría ser francés y animar a Annie Ernaux, Marcel Proust, Jean Paul Sartre y Víctor Hugo pero me atrae Chile con su delantera compuesta por Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Roberto Bolaño. Incluso podría atraerme (pese a su imperialismo económico y mental) EEUU con Toni Morrison, David Foster Wallace y Silvia Plath. España llegaría lejos y levantaría pasiones con García Lorca, Miguel Hernández y Miguel de Cervantes en la medular del juego pero definitivamente animaría a Argentina (como asiduamente) y su centro del campo creativo integrado por Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik, María Negroni, Leila Guerriero y Jorge Luis Borges.

Y cuidado con la selección valenciana que creó Superdeporte con Escandell en la portería, defensas como Carlos Romero, Grimaldo o Gayà, mediocampistas como Soler o Fornals y delanteros como Ferran y Espí. Cuidado que igual el fútbol potencia vías alternativas a la concepción nacional.

¿Cómo sería una convocatoria de la Selección Valenciana para el Mundial? ¿A quién echas de menos?

Hugo Ferrer

Muchos estarán cargando ya sus escopetas para cargar contra De la Fuente. No se le perdonará perder tras mancillar el nombre del Real Madrid. La extrema derecha francesa criticó a la Francia negra que mayormente representa al combinado nacional tras perder la final en Catar. Pueden cambiar el entrenador pero no van a cambiar la variedad y la pluralidad del país y por tanto del fútbol. Muchas selecciones en una, mucha diversidad y muchas identidades. Como en la vida misma.

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