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Opinión

Valencia club de café

Valencia Ron Gourlay, CEO de Fútbol del Valencia CF, comparece ante los medios de comunicación en la Sala de Prensa del Camp de Mestalla VLC SPD

Valencia Ron Gourlay, CEO de Fútbol del Valencia CF, comparece ante los medios de comunicación en la Sala de Prensa del Camp de Mestalla VLC SPD / JM LOPEZ / LEV

Comunicar, una palabra tan sencilla de pronunciar o escribir pero tan difícil de hacer efectiva. Sobre todo cuando hablamos de un Valencia CF que sigue sin saber hacerlo, al menos, de forma transparente. Porque se puede mirar a los ojos a toda la afición, convocar una rueda de prensa, responder preguntas incómodas y exponer públicamente cuál es el proyecto del club. O se puede optar por la fórmula de los corrillos, las reuniones privadas y los encuentros seleccionados con determinados medios de comunicación. El Valencia CF, una vez más, ha elegido el segundo camino. El del café.

¿Por qué hacer tandas con medios de comunicación por días? ¿Qué sentido tiene hacer reuniones privadas repartidas durante la semana por grupos dejando mucha gente fuera? ¿Por qué unos antes, otros después y algunos nunca? ¿Por qué no es la afición la primera? No lo entiendo. Y esto no será nunca una crítica al periodista o medio que está en su derecho de ir, escuchar y preguntar –aunque me consta que hay muchos que se han negado-, sino de un club que divide una semana después de pedir unión. Resulta llamativo que una institución que presume de transparencia y de estar construyendo un nuevo tiempo siga apostando por explicar su supuesto proyecto en reuniones cerradas, por tandas y con selección de periodistas. Si el mensaje es tan sólido y el plan tan ilusionante, ¿qué problema hay en sentar a Ron Gourlay delante de todos los periodistas y que responda a las preguntas de todo el mundo? ¿Por qué no hacer un balance de la temporada? ¿Por qué unos sí y otros no? ¿Por qué en privado y no en público?

La sensación es la de siempre: controlar el relato antes que afrontar el debate. Y soltar globos sonda para ver como caen dentro del entorno.

El protagonista de esta estrategia es Ron Gourlay. El hombre fuerte del Valencia que llegó con la misión de profesionalizar la gestión y transmitir una imagen de cambio pero que, sin embargo, no ha conseguido sino que sus primeras grandes apariciones públicas hayan envejecido francamente mal. No dudo de su capacidad, pero creo que se equivoca en el proceder.

Porque cuando uno dirige una entidad de la dimensión del Valencia CF no puede elegir únicamente los escenarios cómodos. La comunicación institucional exige transparencia, exposición y rendición de cuentas. Especialmente al final de una temporada con muchos baches en un club que viene de años de desconfianza, promesas incumplidas y una fractura evidente entre la propiedad y buena parte de la masa social. Lo más preocupante, sin embargo, no es la forma –que también- , sino el fondo.

Porque detrás de estas reuniones privadas vuelve a aparecer un discurso que los valencianistas conocen de memoria. La eterna aspiración europea. El supuesto crecimiento progresivo. El proyecto de futuro. Las bases para competir. La construcción de un equipo capaz de dar el salto. La continuidad de jugadores importantes con un sentimiento de pertenencia que solo va en un sentido y no en ambos. Las mismas palabras. Los mismos conceptos. Los mismos titulares…y casi siempre el mismo resultado. El ‘reset’ de cada año.

Cada verano se vende una hoja de ruta ambiciosa que acaba convirtiéndose en una gestión de supervivencia. Cada temporada se habla de Europa como objetivo natural del club y cada temporada la realidad económica y deportiva acaba imponiéndose. Cada curso se promete planificación y estabilidad para terminar reaccionando sobre la marcha, dependiendo de ventas, oportunidades de mercado o decisiones improvisadas de última hora.

Gourlay, Solís, Kiat Lim y Corberán, en la foto desde Singapur que el Valencia publicó hace un año

Gourlay, Solís, Kiat Lim y Corberán, en la foto desde Singapur que el Valencia publicó hace un año / VCF Media

El valencianismo lleva demasiado tiempo escuchando promesas que no encuentran reflejo en los hechos.Por eso cuesta tanto creer ahora en los mensajes que se están trasladando. No porque el proyecto sea necesariamente malo. Sino porque el club ha agotado buena parte de su crédito. Y cuando eso ocurre, las palabras dejan de ser suficientes.

La credibilidad se recupera con hechos, no con cafés.

El Valencia necesita explicar qué quiere ser. Necesita aclarar cuál es su modelo deportivo. Necesita concretar qué recursos tendrá el entrenador y qué rol tendrá dentro de la estructura. Necesita detallar qué papel jugarán las ventas, qué objetivos reales existen y cuál es el plan a medio plazo. Pero debe hacerlo delante de todos y respondiendo a todas las preguntas. Lo contrario se parece demasiado a un ejercicio de propaganda.

Ron Gourlay tiene una oportunidad magnífica para demostrar que esta etapa es diferente a las anteriores. Que no se trata simplemente de cambiar nombres en los despachos mientras los métodos siguen siendo los mismos. Pero para ello hace falta algo más que encuentros discretos y mensajes cuidadosamente filtrados. Hace falta valentía para sentarse en una rueda de prensa y responder absolutamente todo lo necesario. Es lo justo y lo que merece la afición: explicaciones.

Porque el valencianismo ya ha escuchado demasiadas veces aquello de que Europa está a la vuelta de la esquina. Ya ha escuchado demasiadas veces que existe un proyecto sólido. Ya ha escuchado demasiadas veces que ahora sí se están haciendo las cosas bien.

Una grada de Mestalla con la afición del Valencia CF

Una grada de Mestalla con la afición del Valencia CF / SD

Y después, año tras año, ha comprobado que la realidad iba por otro camino.

Tengo fe en que Ron Gourlay recapacitará –o harán que recapacite- y ofrezca más pronto que tarde una comparecencia para todos los medios –sin distinciones- para poder preguntar por todas aquellas cuestiones que han quedado en el tintero y que, presumiblemente, serán incómodas de contestar. Porque cuando uno está seguro de su trabajo, no le tiene miedo a nada, ni a nadie.

Porque el Valencia es un club de fútbol, no un club de café.

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