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Opinión

¿El Valencia CF se instalará Wallapop?

Batiste Santamaria se cae de la convocatoria

Batiste Santamaria se cae de la convocatoria / VCF

Si alguien quiere entender cómo funciona el mercado del Valencia este verano, no necesita estudiar economía ni leer informes financieros. Basta con abrir Wallapop. Ahí está el club: varios artículos anunciados desde hace semanas, precios poco claros, mensajes sin responder y la eterna etiqueta de 'reservado' que nunca termina de concretarse. Mientras tanto, el club sigue mirando otros productos que le gustan, preguntando cuánto cuestan y añadiéndolos a favoritos. El problema es que en el Valencia todos quieren comprar, pero nadie parece saber vender.

Porque a estas alturas del verano y a poco de empezar la pretemporada, el valencianismo vuelve a vivir esa sensación tan familiar de entrar en julio con la ilusión de quien va a comprarse una casa nueva… y descubrir que antes tiene que vender la antigua, el coche, la bicicleta y probablemente la Thermomix para hacer espacio.

Todo el mundo quiere fichar. La afición quiere fichajes. El entrenador quiere refuerzos. Los agentes ofrecen futbolistas. Los periodistas preguntamos por incorporaciones. Y el club mueve ficha sin tener en cuenta que, para que vengan nuevos jugadores, primero deben hacer hueco otros. No caben todos, no hay fichas suficientes si acaba oficializándose el japonés –junto con De Haas y Dieng-.

Pero no nos engañemos, el problema no es vender; el problema es que nadie parece saber hacerlo. Nadie asume ese rol ni esa responsabilidad. Nadie está abriendo ese melón.

El mercado de verano del Valencia se parece cada vez más a una conversación de Wallapop: muchos interesados, pocas respuestas y ninguna operación para vender jugadores cerrada. El club necesita sacar futbolistas para poder seguir fichando, pero las salidas se eternizan mientras las incorporaciones permanecen en una carpeta de favoritos. Y en medio de todo, la sensación de que nadie tiene del todo claro quién pone el anuncio, quién negocia el precio y quién debe pulsar el botón de 'aceptar oferta'.

Porque vender jugadores es un oficio. Exige estrategia, planificación, conocimiento del mercado y una dirección deportiva que marque un camino. Y ahí aparece el gran elefante en la habitación: el Valencia sigue funcionando sin una estructura deportiva reconocible, con decisiones repartidas, responsabilidades difusas y la sensación permanente de que nadie tiene realmente las llaves de la tienda. Todos quieren comprar pero nadie quiere ni sabe vender o dar salida a los descartes.

Ya ocurrió en invierno. El equipo necesitaba refuerzos, el mercado avanzaba y el reloj corría mientras el club seguía atrapado en la misma casilla: antes de entrar, había que salir. Pasaron los días, llegaron las urgencias y todo acabó pareciéndose más a una liquidación de última hora que a una planificación deportiva. Con la diferencia en que no salió nadie.

El verano amenaza con repetir la función.

El Valencia se ha convertido en ese usuario de la app de compra-venta Wallapop que pone a la venta un sofá usado por 500 euros, no responde a los mensajes y, cuando alguien se interesa, contesta tres días después con un “¿sigue disponible?”. Mientras tanto, intenta comprar un´televisor nuevo, pero le dicen que primero venda el sofá. Y así llevamos desde que se fue Corona (no si aún lo echaremos de menos en algunas cosas…).

Hay clubes que tienen directores deportivos. Otros tienen departamentos de scouting. Algunos poseen estructuras modernas de análisis y captación. El Valencia, en ocasiones, parece tener un grupo de WhatsApp, varias videollamadas y mucha fe.

Raba, Santamaría, Diakhaby, Almeida…son muchos los que están en la rampa de salida y ninguno se concreta por el momento. ¿Qué está pasando?

Resulta llamativo que una entidad capaz de generar ilusión con cualquier nombre que aparezca en redes sociales sea incapaz de generar certezas puertas adentro. Da la impresión de que cada operación necesita pasar por tantas pantallas que acaba convirtiéndose en una partida infinita. Cuando se consigue vender, el mercado ya ha cambiado. Cuando se puede fichar, el jugador ya ha firmado en otro sitio.

La fotografía de finales de mayo de 2025 en Singapur: Corberán, Kiat Lim, presidente, y Gourlay

La fotografía de finales de mayo de 2025 en Singapur: Corberán, Kiat Lim, presidente, y Gourlay / VCF Media

Y mientras tanto, el tiempo pasa. Y la afición se desespera a poco más de una semana de empezar la pretemporada.

Quizá el verdadero problema no sea la falta de dinero. Ni siquiera la necesidad de vender. Muchos clubes venden antes de comprar. La diferencia es que saben quién decide, qué se busca y cuál es el plan. ¿Quién ejecuta todo esto? ¿Quién lo maneja?

En Mestalla, demasiadas veces, el plan parece consistir en esperar a que alguien pulse el botón adecuado. El valencianismo ya ha demostrado que puede soportar casi cualquier cosa: malas temporadas, reconstrucciones, ventas dolorosas y promesas incumplidas. Lo que cuesta más aceptar es la sensación de improvisación permanente. ¡Llamen a Antonio Lobato que ese sí que sabe vender! (o comprar).

Porque en el fútbol, como en Wallapop, puedes tardar en vender. Puedes negociar. Puedes equivocarte con el precio. Pero si nadie sabe quién lleva el anuncio, quién responde los mensajes y quién entrega el paquete, lo normal es que el producto siga cogiendo polvo.

Y el verano, una vez más, avanza mucho más rápido que el Valencia…y que Wallapop.

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