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Opinión | L.A. Confidencial

Valencia

Los G – G

Conocía la competición, pero también es cierto, no lo voy a negar que nunca había tenido una curiosidad extrema por profundizar en el mismo ni la motivación necesaria para darle la importancia que igual merecía

Competición de Cheerleading.

Competición de Cheerleading. / GAY GAMES VALENCIA 2026

Reconozco que cuando Valencia se presentó como candidata a ser sede de los Gay Games, me sonó al menos raro.

Cierto es que conocía la competición, pero también es cierto, no lo voy a negar que nunca había tenido una curiosidad extrema por profundizar en el mismo ni la motivación necesaria para darle la importancia que igual merecía.

Una vez concedido, era momento de hacer que fuera lo mejor posible por parte de todos y todas. Lejos de otras consideraciones políticas o sociales, Valencia, como marca internacional de prestigio que tiene en la actualidad a nivel mundial, la ponía en juego como hace siempre con una cita a nivel global y eso ya obligaba a dar lo mejor de sí a una ciudad acogedora y que vive, en parte, de la llegada de personas del exterior.

Muchas voces críticas, de forma continua, han tenido como diana estos Gay Games. Todas, sin duda respetables, siempre que se hagan dentro de la coherencia, corrección y educación necesarias para realizarlas. Pero poniéndonos la camiseta de la empatía, ¿cuántas cosas hay que no nos gustan y las tenemos que aceptar?, ¿cuál es el motivo por el que esta competencia deportiva no debía tener cabida dentro del calendario de la ciudad?.

He tenido tiempo para acudir a algunas competiciones, menos de lo que me hubiera gustado, pero si es cierto que de forma suficiente para dar una opinión clara y bajo la objetividad, al menos eso creo, de lo que ha sido este evento. No olvidemos que es difícil dar un juicio de algo que no se vive, que no se ve, que no se siente desde dentro.

En lo deportivo, obviamente, el nivel no ha sido máximo, pero sí he podido observar a personas cargadas de ilusión por practicar deporte, por luchar por una medalla que le hiciera destacar frente a sus rivales en la cancha, en el pabellón, en el agua, en la arena o en el asfalto. Unas ganas que tomaban mayor relevancia y respeto por mi parte, al hacerlo en unas horas donde la meteorología estival se ponía seria, siempre con alegría y con una extensa sonrisa en la boca.

Todo ello con una carga interna, dentro de cada uno de los participantes, de reivindicar algo que es importante para el presente y futuro de una sociedad que tiene que caminar a la normalización de cosas que están ahí y que aunque uno quiera cerrar los ojos, por más que pueda querer, ni deben ni van a desaparecer.

Pero otra parte importante en cualquier evento es la vertiente económica. Esta, cargada de contenido con la visita de numerosas personas, entre participantes, acompañantes y voluntarios, los cuales han aportado color a un Cap i Casal, que pierde gran parte de su actividad con la llegada del verano. Algo que se traduce en pernoctaciones, desplazamientos y consumo gastronómico, siempre bienvenido por varios sectores que pierden algo de fuelle en estas fechas, al menos, en su vertiente no litoral.

Por tanto, haciendo una valoración en conjunto, se entiende que para lograr ser sede de los Gay Games, haya siempre numerosas candidatas. De la misma manera, que Valencia, hace apenas horas, haya cerrado en el Pabellón de la Fuente de San Luis la que ha sido su XII edición, previa a la que desarrollará dentro de cuatro años en la ciudad australiana de Perth.

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