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Opinión | Migración

Bruselas

Lampedusa, Ceuta, Grecia, Canarias, Polonia... ¿Cómo ha sido la reacción de la UE a otras grandes crisis migratorias?

Muestras de solidaridad, ayudas, acuerdos con los países de tránsito y un endurecimiento de las políticas han sido las principales medidas en respuesta a las crisis migratorias de los últimos 10 años

Imagen de archivo de la crisis de   Lampedusa, el territorio italiano más cercano a África, en 2023.

Imagen de archivo de la crisis de Lampedusa, el territorio italiano más cercano a África, en 2023. / Esther Camps / Open Arms / EFE

La crisis de Ceuta no tiene precedentes en Europa. El incidente ha puesto en jaque la unidad europea y la eficacia de una política migratoria que depende en gran medida de la buena voluntad de terceros países. Pero la reacción tanto de los líderes del bloque como de las propias instituciones fue muy distinta a la de episodios similares, con los gobiernos europeos criticando al Ejecutivo español por su política migratoria, antes de mostrar su solidaridad. Analizamos cuál fue la respuesta a otras grandes crisis migratorias.

La gran crisis de 2015-2016

En el pico de la crisis migratoria de 2015, a Grecia llegaban de media entre 2.000 y 3.000 personas a diario. Buena parte de estas personas continuaban su ruta hacia los Balcanes, aunque muchos acabaron bloqueados en territorio griego, en campos de refugiados que debían ser temporales y son ya estructuras permanentes.

Aquella crisis, provocada por la guerra civil en Siria, dinamitó por completo el sistema de asilo europeo. En aquella ocasión era Italia, a través de su entonces ministro de Exteriores, Paolo Gentiloni, quien reclamaba la solidaridad del resto de socios europeos, advirtiendo que estaba en juego el futuro del espacio Schengen. "Los migrantes no llegan a Grecia, a Italia ni a Hungría, sino a Europa", aseguró Gentiloni.

La Comisión reaccionó proponiendo cuotas para reubicar a buena parte de las personas que llegaban a Grecia e Italia con el objetivo de aliviar la presión sobre ambos países. Hubo críticas a la política de 'puertas abiertas' de la entonces cancillera Angela Merkel; las negociaciones fueron extremadamente tensas; y los compromisos fueron en gran medida ignorados.

La otra medida en respuesta a la crisis fue el controvertido acuerdo con Turquía. En marzo de 2016, la UE pactó con Ankara ayudas por valor de 6.000 millones de euros a cambio de que el país cerrara sus fronteras y se hiciera cargo de la mayoría de refugiados sirios que llegaban huyendo de la guerra. Fue el inicio de lo que las ONG describen como la "Europa fortaleza".

El colapso del sistema de asilo y acogida provocó, además, una profunda crisis política. El debate sobre la necesidad de reformar las políticas migratorias se alargó durante una década, culminando en un acuerdo sobre el pacto migratorio que endurece las normas al tiempo que introduce modelos de solidaridad vinculantes. El pacto entró en vigor el pasado mes de junio.

La guerra en Ucrania

El mayor éxodo al que se ha enfrentado la UE tuvo lugar a partir de febrero de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. Desde que comenzó la guerra, más de 4 millones de personas han llegado a Europa en busca de refugio.

En respuesta a la llegada masiva de personas huyendo de la guerra, los Veintisiete activaron en marzo de 2022 el mecanismo de protección temporal. Una herramienta que permite dar protección internacional de manera casi automática en una situación de emergencia. Creado en respuesta a la guerra de los Balcanes, era la primera vez que se activaba.

El mecanismo se ha ido extendiendo progresivamente mientras la guerra continúa. Sin embargo, se han ido introduciendo ciertas limitaciones. En la última propuesta de la Comisión, se excluye a los ciudadanos ucranianos que puedan tener obligaciones militares.

La UE además puso en marcha mecanismos para dar apoyo económico y logístico a los países en primera línea. En este caso, la mayor parte de los ciudadanos ucranianos que huían de la guerra se quedaron en países vecinos. Casi la mitad se instaló entre Alemania (1.194.900) y Polonia (958.655).

La crisis del Este

Consciente de la tensión que provoca la migración, el régimen de Alexander Lukashenko provocó "una crisis migratoria artificialmente", según Frontex, facilitando los visados a ciudadanos de terceros países que luego empujaba a la frontera de Bielorrusia. En 2021, la agencia registró un aumento de las llegadas irregulares a través de la frontera oriental de más de 10 veces con respecto al año anterior.

En sus conclusiones de octubre, el Consejo Europeo aseguró que no toleraría "ningún intento de terceros países de instrumentalizar a los migrantes con fines políticos". Los líderes del bloque condenaron "los ataques híbridos en las fronteras de la UE" y advirtieron de que responderían.

En respuesta, Frontex reforzó su presencia en la zona. La Comisión propuso una reforma de las normas comunitarias que reconocía la instrumentalización de las personas migrantes como una situación de "fuerza mayor" que permite relajar ciertas reglas relativas al acceso al asilo y al derecho a ayudas.

Polonia llegó a suspender el derecho al asilo para las personas que llegaran al país de manera irregular. A pesar de las medidas, en 2024 se registró un récord de llegadas. Según cifras de Frontex, más de 17.000 personas llegaron a territorio comunitario a través de la frontera oriental.

Ceuta, 2021

En mayo de 2021, Marruecos permitió la entrada de entre 8.000 y 10.000 personas en Ceuta. Lo hizo después de que España hubiera acogido a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, el movimiento que defiende la independencia del Sáhara Occidental, para tratarse las complicaciones derivadas del covid 19. En aquella ocasión, también la mayoría volvió a Marruecos en cuestión de días.

Durante un debate en el Parlamento Europeo, la entonces comisaria europea de Migración, Ylva Johansson, instó a Marruecos a "evitar las salidas irregulares de su territorio" y acelerar los retornos. También el que fuera presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, dio un toque de atención a Rabat.

Entre 2015 y 2021, la UE había concedido a Marruecos ayudas por valor de 231 millones de euros en el marco de la cooperación en política migratoria. Según la Comisión, el 77% estaba dedicado a mejorar la gestión de las fronteras. En 2022, el bloque concedió otros 150 millones, al menos 10 para luchar contra la inmigración irregular y 60 para fomentar la readmisión y la reintegración.

La crisis de Lampedusa

En septiembre de 2023, en apenas tres días, más de 10.000 personas llegaron a Italia a través de la ruta del Mediterráneo Central. Lampedusa, en el epicentro de la crisis, se vio desbordada. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se trasladó a la isla para mostrar su apoyo al Gobierno italiano.

"He venido a Lampedusa para decir que la inmigración ilegal es un desafío europeo y requiere una respuesta europea", aseguró durante una comparecencia junto a la primera ministra, Georgia Meloni. Von der Leyen anunció un plan para abordar la crisis, que incluía un mecanismo para reubicar a algunas de las personas en otros países de la UE.

Unos meses antes, ante el aumento de las llegadas desde Túnez, la UE había firmado un acuerdo con el Gobierno del país. También en este caso, Bruselas optó por estrechar las relaciones económicas y políticas con el país norteafricano, a cambio de más control migratorio. Parte de las ayudas económicas estaban destinadas a reforzar la guardia costera tunecina.

La nueva crisis de los cayucos

También en 2023, Canarias experimentó su mayor crisis migratoria desde 2006. Solo en octubre llegaron a través de la ruta atlántica más de 15.000 personas. En total, casi 40.000 personas optaron ese año por la que se considera la ruta más mortífera hacia Europa. La crisis se alargó durante todo 2024.

En diciembre de 2023, Johansson viajó a Canarias a mostrar su apoyo a las autoridades. La Comisión otorgó a lo largo de 2024 varios paquetes de ayuda a España por valor de 20 millones en abril y 14 millones en septiembre para mejorar las capacidades de acogida.

En febrero de 2024, Von der Leyen viajó a Mauritania, principal país del que salen los cayucos, y la Comisión anunció poco después un nuevo acuerdo migratorio con el país con un presupuesto de 210 millones de euros. Ese dinero debía servir para mejorar "la gestión de la migración, incluida la lucha contra el tráfico ilícito de migrantes", pero también contribuir a la acogida de refugiados en el país.

Reflejo de la polarización

Lo sucedido la pasada semana es un reflejo de la polarización progresiva del debate sobre la migración que Europa ha experimentado en los últimos diez años. El conflicto diplomático abierto entre España e Italia por la crisis es una muestra de la politización de la gestión de las fronteras.

Pasado el pico de la crisis, sin embargo, parece que la respuesta será la misma. Bruselas estudia ya posibles ayudas al Gobierno de la ciudad autónoma de Ceuta para reforzar la capacidad de acogida. Y el comisario europeo de Migración, Magnus Brunner, reconoció el pasado jueves que la UE debe usar su capacidad de influencia con Marruecos, con quien negocia un acuerdo de asociación.

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Fuente: El Periódico

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