Opinión | CRISIS MIGRATORIA
Ceuta, en alerta por otro salto masivo en las próximas horas: "La pesadilla vuelve a repetirse"
Vecinos y servicios de emergencia se vuelcan en atender a quienes permanecen en la ciudad mientras crece el miedo a un nuevo colapso en la frontera
Mohamed cuenta monedas en el Mercado Central. Lo hace tranquilo, respetando la fila como uno más. Quiere cuatro barras y, pese a las ganas que tiene de devorarlas, ojo, mantiene el tipo con dignidad. Es una de las 72.000 almas que sortearon la frontera de Ceuta el pasado 30 de julio. Tiene 14 años y acaba de filiarse en la Policía Nacional. No sabe qué pasará con él, pero sonríe mientras recuenta su calderilla. Una y otra vez. No vaya a ser que le falten unos céntimos. Al llegar al mostrador, le indica al tendero con la mano qué necesita. Y, feliz, vuelve a escrutar su dinero. La cuenta son 3,60 euros. Y no tiene suficiente. A su lado, Sofía, vecina de toda la vida, le hace un gesto al dueño. Ella pagará el pan. “Somos una ciudad solidaria, ¿cómo vamos a darles la espalda? Es cierto que hay un problema con la inmigración, pero aquí siempre echaremos una mano a quien lo necesite. Nadie pone en peligro a su familia por capricho. Son personas, no números”, dice. Según Juan Jesús Vivas, su alcalde, aún hay entre 8.000 y 10.000 sin identificar. Una cifra difícil de concretar y que, en las próximas horas, podría aumentar de darse otro salto masivo. Así lo llevan avisando las redes sociales desde hace días. Una alerta que ha dejado a Ceuta en tensión una vez más.
“Muchas gracias”, responde Mohamed en un español recién aprendido. Baja las escaleras corriendo en busca de sus amigos. Hoy tienen desayuno. Y, claro, dado el panorama, esta proeza es motivo de celebración. No es la primera vez que Ceuta se enfrenta a un escenario así: en 2021, 8.000 migrantes entraron de golpe por Benzú y El Tarajal. Un incidente que se originó por el deterioro de las relaciones entre Rabat y Madrid después de que el Gobierno español acogiera en un hospital de La Rioja a Brahim Gali, el mayor representante del Frente Polisario. La respuesta de Marruecos fue inmediata, relajando los mecanismos de control fronterizos. Cinco años más tarde, el número se ha multiplicado por nueve.

Varios militares dan apoyo a efectivos de la Policía Nacional en Ceuta. / EUROPA PRESS
“Existen distintas teorías sobre lo que ha ocurrido, pero los grandes perjudicados siguen siendo los mismos: Ceuta y miles de personas engañadas al otro lado de la valla. Quieren un futuro mejor en Europa y hay quien está jugando con ellas. Evidentemente, hemos pasado miedo. Ver aquella marea de gente entrando en una ciudad de 83.000 habitantes acojona, pero ellos no tienen la culpa. Habría que verse en su situación. Esto no puede volver a pasar, no tenemos los medios para atenderles con garantías. Estamos colapsados”, asegura África. El lunes salió a la calle junto a representantes de las cuatro culturas que conviven aquí para pedir una solución al respecto. Y, días antes, se encaró a Vito Quiles, Alvise Pérez y Santiago Abascal, caras de la ultraderecha en España. “No nos van a dividir. Cualquiera que venga a enfrentarnos, se va a encontrar con un muro. Si algo hemos demostrado en esta crisis es nuestra capacidad para unirnos ante las injusticias. No vamos a tolerar que nos den lecciones de lo que está bien y lo que no cuando su única intención es incitar al odio. No los queremos escuchar”, añade Fatima. El líder de Vox fue declarado persona non grata en Ceuta en 2021.

La playa del Trampolín se ha convertido en un refugio para los migrantes de Ceuta. / EUROPA PRESS
La mayoría de migrantes se concentra en los barrios periféricos, donde hay familias enteras dándoles cobijo y alimento. En el centro, por su parte, pueden verse pequeños grupos merodeando. Unos van a la playa. Otros se resguardan en jardines. El problema es que, ante la falta de infraestructura, muchos utilizan la calle para sus necesidades básicas: desde dormir hasta orinar. De ahí nace, precisamente, gran parte del rechazo a esta coyuntura. “Los chicos tienen hambre, pasan calor y están aburridos. Algunos se pelean entre sí, es verdad. Pero, por norma general, no molestan a los locales. No obstante, hay quien tiene miedo y ha dejado sus rutinas aparcadas. Lo entiendo, a nadie le gusta ver su ciudad así”, sostiene Sahar.
Tanques patrullando
La playa del Trampolín se ha convertido en el refugio de los adultos. Allí, gracias a la ayuda de Cruz Roja, han encontrado un espacio donde asearse y comer. Por el momento, su entrada al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) es poco factible: acoge a 800 personas cuando sólo dispone de 512 plazas. Y, en sus alrededores, acampa otro buen puñado. “Quienes entren irregularmente en Ceuta y Melilla serán devueltos”, sentenció tajante José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, el martes. Una frase que resuena entre los locales ante el posible salto masivo anunciado para este sábado. “La pesadilla vuelve a repetirse. No estamos preparados para otra cosa así. Quiero que los devuelvan a su país. Hemos interrumpido nuestras vidas a la espera de que todo termine. Y, por ahora, seguimos expectantes. Está siendo un agosto horrible: ni vamos de compras ni salimos a cenar. Ir al supermercado se ha convertido en una pesadilla. Es duro ver a tantos niños pidiendo comida mientras los militares custodian la entrada para que no los saqueen. Estas imágenes no las olvidaremos jamás”, apunta Maribel, que partirá a la península este sábado para desconectar.

Menores esperan a las puertas de la Jefatura Superior de Policía de Ceuta para ser identificados. / EFE
Hay tanques patrullando Ceuta. Y la Policía Nacional controla lanchas improvisadas hacia el Estrecho. Un despliegue que, sin embargo, según relatan algunos vecinos, ha descuidado las afueras. “Resistimos como podemos. Anoche, por ejemplo, oímos una trifulca por una almohada. Y no vino nadie. Les damos ropa y les hacemos bocadillos. Si fueran mis hijos, me gustaría saber que alguien los está cuidando. Al final, todos buscamos lo mismo: sobrevivir. Por ello, no entiendo que el PP se niegue a acogerlos donde gobierna. Les estamos pidiendo auxilio y les da igual. No les importan los niños. Ni nosotros. Esto sí que es una prioridad nacional”, denuncia Carlos. Y concluye: “No somos españoles de segunda”.
Fuente: El Periódico de España
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