20 de septiembre de 2015
20.09.2015
RAFA MARÍN

Juego de Tronos por el control del Levante UD

Los movimientos que se continúan sucediendo en la sombra son la mejor demostración de que nada volverá ya a ser igual

20.09.2015 | 02:30

El portazo a Sarver cada vez está más claro que fue el inicio de un nuevo Levante y no el final. Nada volverá a ser igual y los movimientos que se continúan produciendo en la sombra son la mejor demostración de ello. La dimisión que viene radiándose de Fuertes y la ´candidatura´ del exvicepresidente Tomás Pérez, que se fue a la hora justa, son sólo la punta del iceberg de lo que está por venir. El proceso de no-venta y su estruendoso final, con cambios de opinión sobre la bocina y grietas abiertas, ha sido definitivo para caducar el modelo institucional sobre el que se asienta el club. Hay que regenerar la Fundación, pero no para volverla maleable a otros intereses, sino para que sea verdaderamente independiente y represente más fielmente al levantinismo.

Mientras tanto, y tras aplazarlo el pasado lunes por enfermedad, Quico tiene pendiente reunir por primera vez desde el cisma a su Consejo, donde hay un marrón más que interesante con los consejeros que votaron a favor del millonario americano. Sin entrar en detalles, que tiempo habrá, entre bambalinas empieza a tramarse un auténtico juego de tronos por el control del Levante UD. Al fin y al cabo, nada nuevo respecto a los días en los que se debatían los pros y contras de que el club tuviese un nuevo dueño.

Sensaciones más positivas
La puntuación es insuficiente
Como ocurre en todos sitios, es evidente que el desgaste institucional será llevadero o insoportable en función de los resultados deportivos. De momento, salvo el paréntesis en Las Palmas, las sensaciones son positivas y por ahí se va respirando. Sin embargo, y aún más en vísperas de jugar en Can Barça, los dos puntos en la tabla son insuficientes en base a los méritos contraídos. La visita de Mendilibar el próximo miércoles igual se las trae.

Una situación de desgaste
Los cambios son inevitables
Por cierto: habrá quien piense que lo de la enfermedad de Quico era una milonga, pero no. El presidente estaba fastidiado ya en su última aparición y ha encadenado unos días sin ir por el Ciutat. De lo que no hay duda es de que en todo su mandato nunca había estado sometido a una situación de tanto desgaste como es esta y en su gesto puede adivinarse que le afecta. En el plazo corto no hay previstos cambios, pero a medio son inevitables.

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