Kiko Martínez , el campeón herido, aún tuvo tiempo para sacar alguno de sus golpes en busca de un KO marca de la casa que no llegó, pero que mandó al nuevo campeón, Josh Warrington, al hospital, donde este domingo fue intervenido de fractura de mandíbula. Todo ocurrió en el séptimo asalto de un combate que avergüenza al boxeo. Los cabezazos del británico a Kiko Martínez que le provocaron tres brechas sangrantes en la cabeza condicionaron la velada del sábado ante la permisividad de los jueces, también británicos, que barrieron para casa en el combate por el título mundial del peso pluma (IBF) en Leeds, un cinturón que cedió el de Torrellano, que quedó muy tocado en la embestida del primer asalto.

El KO técnico en el séptimo asalto detuvo la sangría y un combate tras el que el ilicitano, que había ganado por KO en 30 de sus 43 victorias, tuvo que recibir hasta doce puntos de sutura en sus tres heridas. Tras ganar el título a Kid Galahad en noviembre, con lo que igualó a Javi Castillejo como los únicos españoles que han sido campeones del mundo en dos pesos, Kiko Martínez, de 36 años, medita ahora su futuro, mientras recibe el apoyo de históricos ante el polémico combate de Leeds. «Orgulloso en extremo de ti», le dijo Sergio ‘Maravilla’ Martínez en Twitter. «La angustia y bronca por este robo es infinita, para ganarte tuvo que ser gracias a 100 cabezazos y a un árbitro tan inglés como tu rival. Eres muy grande y Josh solo no podía ganar».

Desde hace demasiado tiempo, ir a disputar según qué combates a tierras inglesas se ha convertido en una experiencia que recuerda a lo que sucedía en las pistas griegas en el baloncesto de los años 80 y 90. Si en la pista del Aris Salónica volaban las sillas, el sábado en Leeds volaron los billetes en una velada que avergüenza al mundo del boxeo legal.

Tras cometer el pasado mes de noviembre el ‘pecado’ de arrebatar el cinturón mundial del peso pluma de la IBF al británico Kid Galahad por KO en Sheffield, Kiko Martínez expuso su corona en Leeds ante el local Josh Warrington, un púgil marrullero que ya vio cómo el pasado 4 de septiembre le paraban un combate por cabecear al mexicano Mauricio Lara en 2021.

La empresa era de ciencia ficción. En casa de su adversario y con un árbitro londinense como un Marcus McDonnell cuya actuación debería apartarlo para siempre del boxeo. Como su de un toro bravo ante un capote se tratase, ‘El Guerrero de Leeds’ embistió en el primer asalto al alicantino y le provocó un espectacular corte junto a un ojo que debería haber detenido el combate de manera inmediata.

Sin embargo, McDonnell solo reprendió a Warrington como un padre a su hijo preferido. ‘La Sensación’ logró rehacerse, pero la abundante sangre que manaba de la herida le impedía ver y un golpe lo llevó al suelo. Se levantó, la esquina trató de restañarle el corte y regresó para el segundo. Quizá se echó de menos más vehemencia de Tinín y compañía.

El resto del combate fue tanto o más vergonzoso. Warrington propinó al menos diez cabezazos junto a varios golpes con el codo y el hombro que cortaron otra vez al de Torrellano, que trataba de quitarse la sangre con los guantes y hacer lo que buenamente podía.

En el sexto, otro cabezazo le provocó un corte en la frente y, tal y como anunció ‘Prensa Boxeo’, en el séptimo un golpe del alicantino partió la mandíbula del inglés. Al sentirlo, se fue a por Kiko Martínez y enlazó una ráfaga de golpes (llegaron cuatro a lo sumo), quien se defendió como pudo. Y McDonnell aprovechó para parar un combate. Lo único bueno es que ahí se acabó la vergüenza para el boxeo.