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VÓLEY-PLAYA

Pablo Herrera entra este lunes en la historia olímpica

La leyenda discreta castellonense abre sus sextos juegos olímpicos con 42 años, un hito inédito en su disciplina, ante los holandeses Boerman y De Groot

En el que será el penúltimo baile de su carrera, el castellonense, plata en Atenas 2004 con Javier Bosma superará al mítico brasileño Emanuel Rego, con cinco Juegos Olímpicos

Pablo Herrera cerrará una gran trayectoria con Adrián Gavira, su pareja de baile durante los últimos 16 años

Pablo Herrera pondrá el broche de oro a su carrera en los JJ OO de París, en el que será su penúltimo baile.

Pablo Herrera pondrá el broche de oro a su carrera en los JJ OO de París, en el que será su penúltimo baile. / FER

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Carles Baixauli

París

Con tan solo 10 años, Pablo Herrera ya medía 1,60m. En aquel momento, practicaba la natación. Y le gustaba. Nada hacía presagiar que otra modalidad se interpondría en su camino. Sin embargo, en unas jornadas deportivas celebradas en su colegio, el Armelles de Castellón, su profesor de gimnasia, Jesús Vargas, le animó a trasladar su envergadura al voleibol. Meses más tarde, un responsable del Club L’Illa Grau lo descubrió y lo captó para sus filas.

En ese preciso instante, empieza a forjarse el idilio del castellonense con el deporte de los saques, las colocaciones, los remates y los bloqueos. No obstante, el verdadero origen de la prolífica y exitosa historia de Pablo Herrera sobre la arena y frente a la red se sitúa en una llamada recibida durante el mes de diciembre de 2002. Al otro lado del teléfono, Javier Bosma, el, hasta ese momento, mejor jugador de vóley-playa español de todos los tiempos y ya, por entonces, dos veces olímpico, en Atlanta 96 y en Sídney 2000. Bosma le propone dejar el Elche, club con el que Pablo estaba disputando la Superliga masculina de vóley pista, y centrarse en el vóley-playa para iniciar juntos el camino hacia los Juegos de Atenas 2004. Apenas tuvo una semana para pensárselo, pero su respuesta fue afirmativa.

Más de dos décadas después, Pablo Herrera (Castellón, 42 años) sigue siendo igual que en aquel momento. Es decir, amante de la discreción, poco dado a los focos, cómodo en un segundo plano, parco en palabras, nada proclive a transmitir emociones… Sin embargo, desde las últimas semanas, el longevo y casi incombustible deportista castellonense ha de convivir con el protagonismo, con la celebridad. Es el centro de muchas miradas. No es para menos. El componente del Proyecto FER se dispone a afrontar sus sextos Juegos. Es decir, va a convertirse en historia, en leyenda. Nunca, hasta la fecha, un jugador de vóley-playa había sumado seis participaciones olímpicas. Además, concatenadas. De esta forma, el embajador FER supera al mítico brasileño Emanuel Rego, quien ostentaba cinco Juegos sobre la arena. En los últimos años, Herrera siempre reconoció que este hito era todo un aliciente y un fuerte impulso para estirar su trayectoria deportiva hasta París. En la capital francesa, Herrera afrontará su último baile. Mejor dicho, su penúltimo. Después del torneo olímpico, aún disputará el Campeonato de Europa, su 18º certamen continental, en Holanda. Pero ahora, descuenta las horas para competir en el majestuoso estadio de vóley-playa situado a los pies de la Torre Eiffel, este lunes ante la pareja holandesa Boerman-De Groot (10:00 horas).

Pabo Herrera, en París

Pabo Herrera, en París / EFE

Un listón altísimo desde su debut en Atenas 2004

De los cinco Juegos Olímpicos vividos hasta este momento, Pablo Herrera guarda un recuerdo imborrable de los primeros. En Atenas 2004, con sólo 22 años y formando pareja con Javier Bosma, se colgó la medalla de plata. Curiosamente, en la capital griega, perdió ante Emanuel Rego, el mito brasileño, al que ahora supera en presencias olímpicas. A partir de ese momento, Herrera inició una singladura triunfal. Fue designado mejor jugador europeo en los años 2004 y 2005. En sus vitrinas, son incontables los éxitos acumulados. Destacan los dos Campeonatos de Europa conquistados: el de Moscú, en 2005, y el de Austria, en 2013. Además, en 2015, se adjudicó el Grand Slam de Moscú. En 2016, fue oro en el Open de Xiamen, China. En 2017, se colgó la plata en el World Tour 4 Estrellas de La Haya. En 2018, fue campeón del World Tour 4 Estrellas de Ostrava, medalla de plata en el Major Series de Suiza y medalla de bronce en el Campeonato de Europa disputado en Holanda… Así, hasta llegar a sus dos últimos podios, ambos en 2023: plata en el Challenge de la India, oro en el Challenge de La Paz, México.

Dieciséis años con Adrián Gavira

Pablo es deportista del Proyecto FER, programa de apoyo a deportistas valencianos que impulsa Juan Roig a través de la Fundación Trinidad Alfonso. Ahora, Herrera buscará en París un colofón perfecto a una trayectoria de ensueño. Después de la plata en Atenas, fue noveno (es decir, cayó en los octavos de final) en Pekín 2008, en Londres 2012, en Río 2016 y en Tokio 2020. A Herrera, la inminente retirada le conmueve, le impresiona. Sin embargo, lo que más vértigo le genera es dejar de convivir a todas horas con el gaditano Adrián Gavira, su inseparable pareja deportiva durante los últimos 16 años, desde 2009. Los nombres de Herrera y Gavira ya forman parte de la historia del deporte español. Su vínculo es indisoluble, indisociable. La relación entre el castellonense y el gaditano ha ido más allá de los servicios, las recepciones, los remates o los bloqueos. Con el estrés, la exigencia y la presión inherentes al deporte profesional, la permanencia de un tándem durante 16 años es un hecho inusual. La explicación tiene dos nombres. El primero, el respeto. El segundo, la calidad humana.

Pablo Herrera (40 años) y Adrián Gavira (36 años) demostraron en México que siguen siendo muy competitivos.

Pablo Herrera (40 años) y Adrián Gavira (36 años) demostraron en México que siguen siendo muy competitivos. / FER

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