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¿En qué piensa un Ironman?

Es complicado conocer a un o una Ironman que no haya reflexionado sobre la condición humana en el proceso de participación en una de las competiciones más duras del mundo, la que supone la combinación de 3,8 kilómetros de natación, 180 de ciclismo y 42.195 metros de carrera a pie

Jordi Pascual

Jordi Pascual / SD

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Carles Senso

Carles Senso

A medida que se alargan las distancias, se expande la introspección. Por ello, es complicado conocer a un o una Ironman que no haya reflexionado sobre la condición humana en el proceso de participación en una de las competiciones más duras del mundo, la que supone la combinación de 3,8 kilómetros de natación, 180 de ciclismo y 42.195 metros de carrera a pie, una Maratón para acabar. Y no solo durante las nueve, diez, once o más horas que representa la competición, sino también durante todos los meses de entrenamiento anteriores. Esas madrugadas, esa soledad, ese cansancio acumulado que se quiere apoderar de la mente…

“Un Ironman no es solo una prueba de resistencia física; es un viaje psicológico extremo, con muchas vivencias pero difícil de expresar en palabras. Durante las horas que dura la carrera, la mente pasa por casi todas las emociones humanas”. Así se expresa Jordi Pascual Sales, un triatleta de Antella con más de treinta años de experiencia ininterrumpida en el circuito de pruebas combinadas del territorio español. Fue uno de los pioneros de las escuelas de triatlón que nacieron a mediados de los años noventa y, desde aquel lejano ecosistema de amateurismo iniciático, fue ayudando a la profesionalización del triatlón desde la formación académica y la experiencia en competiciones. Hoy mezcla cortas y largas distancias, que compatibiliza con la crianza y la vida laboral. Todo una mezcolanza de emociones que complejizan su mirada del triatlón desde dentro del triatlón ¿En qué piensa un Ironman?

En el último en el que participó, el Vitoria-Gasteiz, Jordi Pascual acabó la prueba en 9 horas, 21 minutos y 51 segundos, siendo 29º de la clasificación general y 5º del grupo de edad de 40 a 44 años. Ya ven, no es baladí. “Antes de la salida y durante la natación, se produce una mezcla de explosión de adrenalina combinada con un silencio atronador. De la euforia previa a la salida, se pasa a una concentración casi meditativa. La mente se centra en cosas sencillas como formar grupo, coger pies, referencias que seguir, mantener la calma, escuchar solo el agua y acompasar la respiración”. Lo dicho, cuasi una meditación que centre el pensamiento en el rendimiento deportivo. Es el principio, el camino es largo.

¿En qué piensa un Ironman?

¿En qué piensa un Ironman? / SD

Dichas pruebas se han de diseccionar en sectores, en el cumplimiento de “pequeños” retos asumibles. Si la mente lanza una proyección totalitaria, se bloquea. Son muchas horas de sufrimiento, de llevar el cuerpo al límite. Y eso no hay quien lo aguante, así que hay que ir superando etapas e ir nutriendo a la mente de mini éxitos. El primer mil de natación, la mitad del circuito de nado, salir del agua, la alimentación… Todo se hace seguido, el mismo día, con transiciones entre las disciplinas. En total son 226 kilómetros en tres disciplinas. Es una de las pruebas de resistencia más exigentes del deporte.

“El sector ciclista, de 180 kilómetros, supone un reto por la gestión de la soledad. En los primeros 90-100 sueles sentirte increíble si has entrenado bien, puesto que el ritmo no es muy intenso. Sientes que vas ‘fácil’. Sin embargo, empiezan a aparecer pensamientos negativos, sabedor que el día va a ser largo y, por momentos, la euforia se convierte en miedo. A partir del kilómetro 120-140, la cosa cambia y comienza a pesar el esfuerzo, físico y mental. El cuerpo se ve afectado. Es un juego constante de pensamientos: ¿Hago grupo ‘legal’ manteniendo distancia? ¿Me centro en mi ritmo? Tengo que comer cada 45 minutos y constantemente hidratarme sin olvido… la experiencia te dice que pagarás cada vatio de más, cada olvido de bebida o comida, así que la concentración es importante para llegar con ganas y fuerza al maratón”, arguye el triatleta de Antella.

No hay que olvidar que el Ironman es una competición “no drafting”, es decir, que los corredores deben asumirla de forma solitaria, no se pueden crear pelotones, que podrían ayudar a gestionar el esfuerzo. Al contrario, el Ironman está solo ante la distancia, por lo que el mandato mental es clave. “La gestión del aburrimiento me parece importantísimo, porque ante la rutina del pedaleo puedes desatender puntos clave, que pueden echar al traste con toda la planificación. Son muchas horas en solitario, solo con tus pensamientos. Piensas en la familia, en los meses de madrugadas para entrenar, en el esfuerzo orientado y los sacrificios. Vas restando kilómetros y tiempo y simplemente te centras en comer y beber”.

Jordi Pascual

Jordi Pascual / SD

Si el pensamiento de largo recorrido, el que es útil más allá de la inmediatez, precisa de pausa y reflexión, el Ironman reporta tiempo suficiente para elaborarlo, solo que en movimiento. A altas velocidades. Numerosos estudios académicos han demostrado que practicar deporte libera endorfinas y serotonina, sustancias químicas que subyugan el estrés, optimizan el estado de ánimo y salvaguardan la salud cerebral a largo plazo. Además, estimula la zona del cerebro encargada de recordar y aprender ya que el torrente sanguíneo nutre de más nutrientes y oxígeno al tejido cerebral y permite el nacimiento de nuevas neuronas, sobre todo en el hipocampo, el área clave de la memoria, además de potenciar la neuroplasticidad a través de conexiones neuronales más rápidas y fuertes, en un proceso llamado sinapsis. Durante el ejercicio, la mente trabaja y crea nuevas realidades.

Y, para acabar, una Maratón. Los que la hemos corrido sabemos la batalla mental que supone. Sólo que aquí, en el Ironman, se lleva ya mucho sobre las piernas, los brazos y la mente. “En los primeros 10-15 kilómetros aparece una falsa ilusión porque sales de la transición con buenas piernas y eufórico ante lo que se entiende como la última etapa de la prueba. Hay una subida de optimismo importante ¡Ya solo queda correr! Pero calma que esto todavía es muy largo. En cualquier momento aparece la voz de la negociación. Es una voz muy seductora que te da razones perfectamente lógicas para parar o andar. Es mucho lo acumulado, mucho el sufrimiento, que se apodera de la cabeza y te impide pensar en otras cosas. Es importante estar centrado en lo importante de la competición pero también hay que lanzar la mente y no estar obsesionado en cada kilómetro. De lo contrario te avasalla, primero, lo que está por delante y, más tarde, lo que queda por correr y el cansancio acumulado. Mi truco mental es pensar en la barrera de los 20 km. cuando ya queda la mitad, y a partir del kilómetro 25 pienso en la siguiente estación de avituallamiento, en el siguiente punto donde voy a ver a alguna persona conocida, sobre todo a la familia, que me carga la batería con sus gritos de ánimo y algún beso”, dice Pascual.

Jordi Pascual

Jordi Pascual / SD

Se ve el final, que sin embargo sigue lejos. En dichas distancias, un 10 o 20 % del total sigue siendo una enormidad. “Cuando me acerco al kilómetro 40, mentalmente veo la meta ¡pero no! El pensamiento negativo no desaparece, ni los dolores que van acumulándose. Se anestesian porque el cuerpo saca reservas gracias a la adrenalina de ver el final cerca. Entras en un estado de intensidad emotiva y orgullo extremo. Es muy común que aparezcan las lágrimas o la popularmente conocida como piel de gallina al ver la gente animando. La recta de meta y la famosa frase ‘You are an Ironman’ hace que todo el dolor de las horas anteriores desaparezca al instante. El orgullo se apodera del cuerpo. Lo has conseguido, parecía imposible pero lo has conseguido”, finiquita el valenciano. Se estima que menos del 0,01 % de la población mundial ha logrado completar un Ironman.

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