09 de marzo de 2019
09.03.2019
09/03/2019

Estamos hasta las narices ya de pitos y VARES

He perdido la fe y dentro de poco también la apuesta que hice por el regreso a Europa

09.03.2019 | 11:54
Estamos hasta las narices ya de pitos y VARES

Reconozco que, aunque hasta hace nada la conservaba, he perdido la fe y dentro de poco también la apuesta que hice por el regreso a Europa. Aunque sigo pensando que la ocasión la pintaban calva y que en este sentido el 18/19 ha sido un curso desaprovechado para que el Levante UD no sólo crezca por sus grandes proyectos inmobiliarios, son demasiados intangibles en contra desde que empezó 2019. En lugar de un pronóstico, aquel pensamiento mío parece hoy más una ocurrencia. ¿Puede pasar algo más? A saber, aunque aun así y todo en lo que conservo intacta la fe es en la salvación. Eso sí, mejor ganarle al Villarreal un partido al que entre pitos y VARES no le hemos prestado la atención que merece.

Ni condescendiente ni cruel

Quico dijo el miércoles que el club ha gestionado bien el 'caso Toño', el más kafkiano de todos esos astros alineados en contra, y la verdad es que a peor no ha ido. Sin embargo, la conclusión que mejor se ajusta a la realidad es que no haciendo nada, manteniéndose al margen, pillándose los dedos lo justo, delegando en su abogado y apurando los plazos para suspenderlo de empleo y sueldo, lo que se ha conseguido es que la bola de nieve no se haya convertido en alud. En realidad, más allá de la crisis de reputación y la tasación del daño tanto a la economía como a esos valores granotas que Iborra le inculca a sus hijos, la «gestión» empieza ahora. Y la papeleta la tiene Paco López, el entrenador que cuando el positivo por alcoholemia lanzó encolerizado un aviso para navegantes en la intimidad del vestuario. A expensas de que la justicia dicte sentencia, no quiero ser cruel ni condescendiente porque Toño no me parece un bandido pero sí un mal profesional y eso no se arregla con un papel ni grabándolo mientras lo leía.

Los hombros de SuperLópez

Cada palo aguanta su vela en el calvario de la dirección deportiva, una rara ecuación sobre la que, aunque los haya empeñados en lo contrario, contamos lo que vemos sin tomar parte por nadie y cruzando los dedos para que acabe. Pero mientras se despeja esa incógnita no son los de Tito y cía sino los de SuperLópez los hombros que más peso soportan dando la cara ante los árbitros por cada atraco, ante la afición cada vez que no le queda otra que hacer equilibrios con Jason y ante sus propios jugadores cada vez que los mueve de sitio para que sea el de todos el bando que gane.

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