10 de noviembre de 2019
10.11.2019
11/11/2019

Derrotas duras y derrotas como la de San Mamés

Hay derrotas que lo son en toda la extensión de la palabra y otras a las que no hay que darle vueltas más allá de las normales por un partido perdido

10.11.2019 | 22:18
Derrotas duras y derrotas como la de San Mamés

Hay derrotas que lo son en toda la extensión de la palabra y otras a las que no darle vueltas más allá de las normales por un partido perdido. La del Espanyol fue de las primeras y como no hay mal que por bien no venga al final terminó siendo también una de esas que Valdano llamaría útiles gracias a la catarsis que precipitó a nivel interno. Sin embargo, la de ayer en San Mamés hay que meterla en el saco de las segundas. Un revés, tan sólo eso. Además en un estadio difícil, muy difícil, de esos en los que lo normal es que si cometes errores los pagues caro. Y eso que habiendo hecho las cosas un poquito mejor, especialmente en defensa, a saber qué hubiese ocurrido. Tal vez hasta haber ganado. A poco que se hubiese sabido aprovechar el viento a favor que sopló a raíz del gol de Postigo al filo del descanso está claro que el escenario hubiese sido otro. Campaña tuvo el 0-2 al volver de la caseta y hasta llegó otra buena ocasión con Morales y Melero cuando el Athletic ya había empatado. La realidad, aun así, es que se dio un golpe desde la estrategia, un gancho para adelantarse en el marcador sin habérselo merecido. Sin embargo, a partir de ahí faltó la agresividad necesaria para hacer valer un resultado como ese en un campo y ante un rival de la exigencia física de los Iñaki Williams y compañía.

El plan y las señas propias

Paco López lo explicó perfecto en la sala de prensa al resumir a grandes rasgos que así como los leones impusieron sus señas de identidad, los granotas no lo hicieron con las suyas. Y ahí precisamente radica la diferencia entre una derrota y un partido perdido. Con el mismo once por tercera jornada consecutiva, la gran lectura con la que quedarse es que por encima de los resultados las ideas vuelven a estar muy claras y una cosa es que el equipo no sea agresivo en fase defensiva y otra que se deje llevar. El plan pasa, por encima de todas las cosas, por ser fieles a la idea de fútbol que el entrenador siempre ha pregonado, la de un equipo en el que el protagonismo recae en el balón y que va a ganar o perder en función de cuál sea su relación con él a lo largo de 90 minutos. Del Levante hay que esperar intensidad en todas las fases pero no el libreto de un grupo que se imponga sin balón a un rival tan físico y directo como el de Garitano. Es una lástima haberse vuelto sin puntuar, pero no hay motivos de alarma. Así que, hablando de plan, que tampoco el club cambie el suyo.

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