En la operación localizaron coches de lujo y una moto Ducati de la que existen pocas unidades

Hace pocos días, la Policía Nacional anunciaba que en una operación de ámbito internacional se había desmantelado la mayor red de distribución de cocaína de Europa. Policías de varios países participaron en el operativo y tras una investigación iniciada en 2018, finalmente la organización cayó. Se lograron intervenir 4.010 kilos de la sustancia estupefaciente en un asalto policial en Tarragona y se detuvieron 61 personas en España y varios países del Este de Europa.

El jefe de la organización, el ciudadano serbio Zlatan Petrovic, estableció su residencia en Vidreres y está considerado por la policía como una persona de “alto riesgo” ya que pertenecía al cártel de los Balcanes.

Se trata de una organización muy peligrosa que no sólo se dedicaba al tráfico de drogas, sino que sus integrantes -en buena parte antiguos militares- podrían haber cometido otros hechos delictivos mucho más graves. Según fuentes policiales se han visto implicados en crímenes, robos y cultivo de marihuana. También se les conoce como sicarios.

La Policía Nacional (CNP) comenzó a indagar sobre él y su gran red de cocaína a raíz de una comunicación de la Policía de Eslovenia donde se advertía que se investigaba el clan por un asesinato y que el líder podría estar ocultándose en la provincia de Girona.

Visto un año antes

Este individuo de 40 años no era del todo desconocido por la Policía Nacional de Girona, ya que en 2020 durante una investigación de una banda dedicada al tráfico internacional de marihuana que operaba desde la Costa Brava, vieron el hasta entonces desconocido Zlatan Petrovic en compañía del cabecilla de ese grupo.

En ese momento lo pusieron en el radar y cuando recibieron el aviso de la Policía eslovena, los agentes del CNP intensificaron la investigación. En ese momento empezó la vigilancia para conocer todos sus movimientos: donde se movía y con quien se encontraba. Miembros de la Unidad de Droga y Crimen Organizado (Udyco) de la policía judicial de la comisaría provincial de Girona fueron los encargados de llevar a cabo la investigación del líder de la banda. El hombre eligió la urbanización Puigventós de Vidreres para establecer su residencia, en una calle sin salida donde adquirió tres casas.

Hombre de negocios con rutina

Petrovic quería pasar desapercibido y contaba con una rutina diaria que en nada se asemejaba a la de un jefe de otras mafias, como las italianas. El capo se levantaba entre las cuatro y las cinco de madrugada y, como si fuera un hombre de negocios, se dedicaba a hacer encuentros con otras personas relacionadas con el mundo del narcotráfico. Nunca se mezclaba personalmente con la droga. Es decir, no se implicaba directamente con el transporte de sustancias .

Vivía con su mujer en una de las tres casas de la calle Ginesta, mientras la dos restantes eran utilizadas para hacer negocios. Todas las viviendas estaban fuertemente aseguradas con cámaras de vigilancia y de hecho, el día de la detención, los agentes del CNP encontraron kilos de cogollos de marihuana listos para ser enviados en una de las casas, que no era donde vivía Petrovic.

La parte de la organización que había en España se dedicaba básicamente a cultivar y vender marihuana para extraer rendimiento económico que luego era utilizado para comprar la cocaína que distribuía en el norte de Europa.

Lugar discreto y silencio vecinal

En esta urbanización de Vidreres, la mayoría de vecinos rehusaban hablar sobre Petrovic y sus actividades o decían que no sabían que en su barrio había residido el jefe del clan. Ninguno de los residentes de las casas del detenido quisieron hablar con este periódico y alguno de ellos incluso se escondía. En la urbanización de Puigventós se puede pasar totalmente desapercibido ya que la zona está formada de muchas calles laberínticas.

Petrovic buscaba el anonimato y como en otros casos similares, jefes del narcotráfico eligen este tipo de áreas residenciales de la Costa Brava porque les dan seguridad. En ellas no suele haber mucha presencia policial, una circunstancia que les permite trabajar sin ser vigilados. O eso es lo que piensan, porque a Petrovic, el CNP le vigiló durante meses.

En el momento de la detención estaba dentro de un coche dispuesto a escapar, pero no contaba con que el callejón sin salida se convertiría en una ratonera también para él. No pudo huir y los miembros de la Udyco lo detuvieron. En el registro de las fincas decomisaron, además de cogollos de marihuana, varios objetos, entre ellos coches de lujo y una moto Ducati Panigale, un modelo del que existen pocas unidades. Aparte del cabecilla, en Calonge se arrestó a un hombre de nacionalidad española que era el facilitador para la banda y que ocupaba un lugar destacado en la red.