Al embocar la entrada al barrio de San Roque (Badalona), el copiloto advierte al conductor del Citroën C4 Picasso: "No te metas por aquí, que a veces se pone la policía a hacer controles de tráfico. Da la vuelta y entra por detrás que es más seguro". El conductor obedece por la cuenta que le trae. Hay que evitar a los agentes. En el maletero de su vehículo porta una bolsa blanca con 4,5 kilos de marihuana, despojada de hojas, cortada y lista para ser vendida.

Es el día a día de los punteros, uno de los eslabones más desconocidos (pero no por ello menos relevantes) del negocio que los narcotraficantes tienen con la marihuana. Una especie de 'riders' del cannabis que se encargan de que la droga llegue desde el productor hasta el lugar donde se consumirá finalmente, o al camello que la distribuirá mediante el menudeo. Una auténtica pesadilla para las fuerzas de seguridad, por lo frenética e indetectable de la actividad.

El puntero es la correa de transmisión del circuito del cannabis. No produce la droga ni la vende al por consumidor. Se trata simplemente del intermediario que conecta a estos dos puntos. El auge del consumo cannábico en Europa ha llevado a nuestro país a ser el mayor productor del continente. Lo dicen los datos: según el último informe mundial sobre drogas (World Drugs Report), España es el país con más incautaciones de resina de cannabis del mundo, con más de 350 toneladas, superando al hasta ahora líder hegemónico mundial Marruecos.

España, según el director de Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, Manuel Navarrete, ha multiplicado por diez en los últimos años el número de plantaciones y ha duplicado la producción de Países Bajos, el histórico país líder.

En 2020 se incautaron en España 1.700.462 plantas de cannabis, un crecimiento de un 10,5% respecto a 2019 y un 350% más que en 2015. De marihuana se intervinieron 70.073 kilogramos, una subida del 76% sobre 2019. De hachís se intervinieron 473.925 kilogramos, un 36% más que el año anterior.

La Estadística Anual sobre Drogas que elabora el Ministerio del Interior señala que, de las de 25.333 detenciones relacionadas con el tráfico de drogas en 2020 en nuestro país, el 70,9% (17.960) están relacionadas con el cannabis. Pero este producto sólo tiene salida con la intervención de estos intermediarios. Una figura que, según fuentes policiales consultadas por este diario, "prolifera en los últimos tiempos, porque a la dinámica de alto desempleo y sueldos bajos, se le une el repunte de la popularidad de la marihuana y las actividades ilegales de dinero fácil".

Ganarse los puntos

"Yo me entero de quién planta marihuana y de quién la compra. Podríamos decir que tengo una agenda con esos contactos y que son ellos los que se ponen en contacto conmigo cuando tienen que comprar o vender", cuenta Marcos, nombre ficticio de uno de estos 'riders cannábicos' que atiende a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, medio de Prensa Ibérica al que también pertenece este diario, en Barcelona, una de las provincias de Europa que más marihuana produce en plantaciones ilegales, junto a Granada.

Un productor muestra su producto recién cortado para ser colocado a un puntero. DLF

"El nombre de punteros viene por los puntos que nos ganamos. Por ejemplo: yo voy a visitar a un cultivador que quiere soltar 3 kilos de hierba. En función de la variedad que sea, la calidad del material, el aspecto, el olor y un montón de factores más, la mercancía se vende más o cara o más barata. Yo le doy un precio en función de lo que tiene. Por ejemplo, dos euros por gramo. En ese caso concreto, si cerramos el trato, estaríamos hablando de que le tengo que pagar 6.000 euros en metálico", empieza explicando.

"Cuando yo he comprado esa cantidad es porque ya sé, casi siempre, quién me lo va a comprar y dónde lo voy a poder colocar. Por ejemplo, a un 'dealer' que vende directamente al consumidor o algún club cannábico que tiene demanda. Imagínate que yo esa mercancía se la consigo colocar a 2,5 euros el gramo. En ese 'viaje' en concreto me saco 1.500 euros, porque le suelto el cargamento a 7.500 euros. Pero yo, en realidad, lo que me he ganado son 5 puntos, que es la diferencia entre los 2 euros que he pagado por gramo y los 2,5 a los que yo la vendo", concluye.

Este lucrativo negocio, como no podía ser de otra forma, es ilegal. La ley española castiga no sólo el tráfico de drogas, que es lo que se da en estos casos, sino también la tenencia. Y aunque en nuestro país no existe el tan manido concepto de "consumo propio", la cantidad de droga que transportan los punteros es relevante a la hora de ser acusados de uno u otro delito en caso de que sean sorprendidos por la policía.

¿Cárcel o no?

EL PERIÓDICO DE ESPAÑA ha hablado con Javier Arias, de Century Abogados; un bufete jurídico de Madrid especializado en delitos de narcotráfico y tenencia de estupefacientes. Confirma que "este tipo de casos son perfiles habituales para nosotros, encontramos muchos que han sido detenidos por transportar marihuana".

Y explica cuáles son los rangos que hacen que el delito se más o menos grave. "Cuando les intervienen menos de un kilo, suele cerrarse con una falta administrativa, que es una sanción económica". Aunque la ley habla de menos de 100 gramos, a efectos prácticos suele tener la misma consideración si llevan 999. Aunque eso también depende del juez que asuma el caso.

La cosa cambia cuando la cantidad incautada al puntero excede del kilo: "Si les pillan entre uno y diez kilos, se enfrentan a penas de entre uno y 3 años de cárcel, además de una multa por el valor aproximado de la mercancía". Lo que sucede es que, cuando se trata de la primera vez que el delincuente es detenido, en el juicio se suele llegar a un acuerdo que se cierra con una condena menor de dos años de prisión. Eso hace que, si no tiene antecedentes, no entre en prisión". Estas cifras se dan porque el cannabis tiene la consideración de droga que no provoca un daño serio a la salud. Si la cantidad fuese cocaína u opiáceos, la condena es mayor.

4,5 kilos de cogollo, limpios de hoja y troncos, esperan en una caja de cartón para ser recogidos. DLF

Otra cosa es que el detenido portando marihuana tenga antecedentes penales. En ese caso se suman las condenas. Si el total asciende a más de dos años de prisión, el puntero tiene todos los números para acabar en prisión. "Normalmente son juicios que se celebran en un plazo de 6 meses desde que se produce el delito", cuentan desde este bufete. En caso de que la incautación supere los 10 kilos, el delito al que se enfrenta el detenido puede oscilar entre los 3 y los 6 años de prisión, porque ya se le puede imputar pertenencia a organización criminal.

Fuentes policiales explican a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que "por norma general, estos intermediarios conocen este tipo de información y tratan de llevar cantidades inferiores a las que les podrían comprometer más jurídicamente. También se cuidan de no llevar balanzas u otros elementos que les puedan incriminar como traficantes de droga".

"Prohibido dar la nota"

El puntero vive así, siempre en el filo de la navaja. No suelen llevar grandes alijos, pero están circulando con drogas encima casi a diario. Eso les lleva a tomar una serie de precauciones para no ser descubiertos o, en caso de que les atrapen, que el delito no les lleve a prisión. "Lo primero es intentar pasar desapercibido todo el tiempo", cuenta Nando, otro puntero madrileño que lleva cerca de dos años transportando droga. "Empecé casi al mismo tiempo que la pandemia. Yo tuve que cerrar mi negocio legal, que no te voy a decir cuál es, y empecé a transportar hierba".

Nando suele llevar la misma furgoneta blanca que utilizaba para su negocio. "Es importante no llevar un coche 'marronero'. No es recomendable ir dando la nota con un BMW carísimo o un Mercedes de alta gama", apunta, indicando que "el otro extremo también hay que evitarlo. No lleves un coche muy hecho polvo, porque puede que te paren por un faro o para preguntarte si llevas la ITV al día. Si te da el alto la policía tienes un problema, porque no son los 7,5 gramos de coca que puedes llevar sin que consideren que es tráfico de drogas. Eso sería mucho más fácil de ocultar. Pero si llevas 4 o 5 kilos de hierba, ocupa un espacio considerable y, sobre todo, huele. Huele muchísimo".

Además de la correcta elección del medio de transporte (Marcos, el puntero de Barcelona, dice llevar un Citroen C4 Picasso "porque pasa por un coche familiar y yo llevo hasta una pegatina de 'Bebé a bordo' aunque no tengo hijos"), el puntero intenta pasar lo más desapercibido posible. "¿Ves un semáforo en ámbar? Te paras. ¿Va a cruzar alguien por un sitio donde no hay paso de peatones? Le cedes el paso. Respetas las señales y los límites de velocidad, porque hay radares móviles que te tiran la foto y te está esperando una patrulla unos kilómetros más adelante. La conducción tiene que ser impecable", resume Nando.

Una vez se alcanza la meta (esto es, el lugar donde espera el comprador final), el puntero llega con una mochila lo más discreta posible. "Yo suelo llevarlo todo metido en una misma bolsa. Porque no es lo mismo si te la pillan en un saco que si ya lo tienes todo repartido en bolsitas, que será mucho más fácil que consideren que estás cometiendo un delito de narcotráfico"; concluye Marcos. El puntero suelta ahí la mercancía, cobra su dinero en metálico y sigue su rutina, poniendo en contacto a productores y compradores y transportando la mercancía de un lugar a otro.

Como en la bolsa

Los precios que se pagan también oscilan en función de, por ejemplo, las variedades: "Hubo un tiempo que lo que más se producía era una variedad que se llama Critical Mass. Porque florece más rápido que las demás y así el productor saca más cosechas al cabo del año. Luego se puso de moda otra variedad que se llamaba Amnesia, que era igual de rápida para florecer pero cuyo sabor y olor era mucho más frutal y agradable. A mí me han llegado a pagar la Amnesia a 3 euros por gramo", cuenta Marcos, ilustrando un poco el mercado en Cataluña.

"Pero esto es como la bolsa, que los precios suben y bajan. Ahora parece que el mercado se ha saturado de Amnesia. Yo la he llegado a comprar últimamente a 1,5 euros el gramo, porque en los clubes no quieren pagar más de 2,3. Lo que mejor pagan los clubes son las variedades californianas. Una que se llama Gelato, otra Zkittlez, otra Wedding Cake... Son variedades con aroma y sabor mucho más frutal que lo que producimos en Europa. Son más atractivas para el comprador final y por eso se pagan más. Ahora, el mercado se divide entre californianas, Amnesia y 'comercial', que es la categoría que engloba a todas las otras variedades tal y como está ahora el mercado".

Lo que sucede es que el mundo de la marihuana, por ilegal, también tiene esos recovecos en los que hace falta un especialista para identificar la variedad que se está comprando: "Aquí no hay factura ni ticket de compra. A veces te dicen que tienen una variedad californiana, pero en realidad es una variedad local". Para evitar eso, el puntero lleva a menudo a un especialista: "Yo no fumo y no me las conozco bien, pero tengo un amigo que por el olor te puede identificar si es una u otra. Él suele venir conmigo, identifica la hierba que estamos comprando y yo luego le abono un dinero o le pago directamente en especies, dándole la parte de la mercancía que hayamos acordado".

Estos intermediarios se han convertido en una pesadilla para las autoridades españolas. Porque no es sencillo, entre la marabunta de coches, localizar a uno que vaya cargado de droga, máxime cuando además toman determinadas precauciones. Fuentes policiales consultadas por EL PERIÓDICO DE ESPAÑA han señalado que "los traficantes siempre van por delante de la policía y este es un ejemplo. Cada vez es más difícil detectar quién lleva droga, porque se trata de sistemas no centralizados que se mueven de forma autónoma".

Indican que "es una problemática distinta al tráfico de hachís en el estrecho o a los grandes cargamentos que a menudo salen de España para atravesar Europa. Este tipo de transporte interno es mucho más indetectable y requiere que se le preste toda la atención, porque es uno de los responsables de que la producción y el tráfico de cannabis esté disparado en España y suba cada año".