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El encuentro de las aficiones

Andoni Duque e Iñaki Larrea se convirtieron en artífices de lo que ya es una tradición

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Rafa Gandía

Rafa Gandía

València

Muchas veces, de la forma más simple y cotidiana, pueden surgir ideas extraordinarias. Un poco, de esta manera, surgió lo que se ha convertido en una cita ya fija en el calendario de la Copa del Rey de baloncesto.

Todo sucedería en una mesa bajo el sol en el paseo marítimo que bordea a la playa de Las Canteras de Las Palmas de Gran Canaria. De aquello hace ya 11 años, en lo que casi como una broma ha finalizado en cita obligada durante la celebración de esta competición.

Si justamente ayer, en este mismo espacio que hemos denominado “Historias de Copa”, donde hemos querido contar otra serie de cosas en paralelo al desarrollo deportivo, hablábamos de dos personajes como Andoni Duque e Iñaki Larrea, hoy tenemos que darles nuevamente toda la importancia. Y es que ellos dos, junto a nuestro compañero periodista Water Lech, se convirtieron en los artífices de la creación de lo que, años después, se ha convertido en lo que hoy conocemos como “El encuentro de las aficiones”.

Acompañados por unas cervezas y cuando ya apuraban alguna de las rondas solicitadas, tres vitorianos, después de hablar de lo divino y de lo humano durante un buen rato, tuvieron la idea de juntarse, a la mañana siguiente, para realizar un pasacalle. Una cita, típica en cualquier fiesta que se precie, pero que carecía de espacio en la gran fiesta del baloncesto español. Así, el boca a boca fue haciendo su trabajo en el pabellón durante la jornada de cuartos de final del viernes, convocando a la gente a la quedada programada para la matinal sabatina.

Sería a la hora del aperitivo, cuando Andoni e Iñaki, junto a dos compañeros de la famosa charanga de Baskonia, se acercaron, cargados con sus instrumentos, a un punto cercano al que, apenas unas horas antes, se había empezado a gestar lo que es hoy un evento extraordinario e ineludible. Un buen número de camisetas de los clubes participantes en aquella edición, incluso de otros ausentes como el caso de los propios alaveses, se mezclaban para trasladar el “buen rollo” entre aficiones a las calles de la capital canaria.

Una tradición cada vez más grande

Un año después llegaría la reválida, que acabaría de consolidar aquella loca iniciativa. La céntrica plaza de María Pita de A Coruña, acabó abarrotándose de fieles del balón naranja. Ya en 2017, llegó el turno de hacerlo en Vitoria, la casa de aquellos tres visionarios. La piel se tornó en erizada para este trio, cuando la Plaza de la Virgen Blanca parecía vivir algo similar al día grande de sus fiestas, confirmando que aquello se estaba haciendo cada vez más grande.

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