El Valencia Basket, frente a las 16 Euroligas ganadas por sus tres rivales en Atenas
El cuadro de Pedro Martínez llega a la Final Four por primera vez en su historia, mientras que el resto de clasificados tienen más de un trofeo en sus vitrinas

El Valencia Basket, frente a las 16 Euroligas ganadas por sus tres rivales en Atenas / SD

El Valencia Basket aterrizará en Atenas con equipaje ligero y una historia todavía por escribir. No llevará sobre sus hombros el peso de las viejas glorias ni la obligación de defender un linaje continental. Llegará con mucho que ganar y poco que perder, algo propio de un novato con talento de sobra como para dar la campanada de nuevo en territorio hostil.
Por primera vez en su historia, el club taronja disputará una Final Four de la Euroliga. Es un acontecimiento de una dimensión extraordinaria. Y es que esto no es sólo porque sitúa al equipo valenciano entre la aristocracia del baloncesto europeo, sino porque le convierte en el quinto club español capaz de alcanzar esta estación reservada para unos pocos, después de Real Madrid, FC Barcelona, Joventut Badalona y Baskonia. Sólo uno de ellos ha llegado a la Final Four este curso y, de hecho, los de Sergio Scariolo serán los primeros rivales el viernes.
Entre cuatro colosos del baloncesto europeo aterrizan los de Pedro Martínez dispuestos a escribir a fuego su nombre en una columna en el Partenón tras un rito iniciático contra todo un crecido Panathinaikos al que remontó con merecimiento en cuartos. Real Madrid, Fenerbahçe y Olympiacos aguardan con calma tensa y es que entre sus tres rivales reúnen 16 títulos de Euroliga. Un número que resume generaciones de jugadores, entrenadores, pabellones míticos y noches que ya pertenecen a la memoria del baloncesto europeo. Frente a ese patrimonio, Valencia comparece sin medallas en esta competición, pero también sin cicatrices. No hay Euroligas en el palmarés, pero sí fueron hasta cuatro las veces que se llevaron la Eurocup y eso dignifica cualquier vitrina de club grande.
El Real Madrid y la costumbre de ganar
El Real Madrid representa la relación más sólida que existe en Europa entre un club y la victoria. Ha conquistado 11 Euroligas en 21 finales, una proporción que revela algo más que grandeza: explica una cultura. El Madrid no juega estas citas, las habita. Se mueve en ellas como quien reconoce la palma de su mano y se presenta, quiera o no quiera, como gran favorito.
Desde Emiliano Rodríguez hasta Sergio Llull o desde Arvydas Sabonis hasta Luka Doncic, el club blanco ha convertido la Euroliga en una prolongación natural de su identidad. El idilio es similar al de su sección de fútbol con la Champions. Su historia no intimida únicamente por lo que cuenta, sino por la sensación de inevitabilidad que transmite cuando llega a las finales. Para el Valencia Basket, medirse al Madrid sería enfrentarse a una dinastía. Pero también a la evidencia de que todos los imperios tuvieron un origen y Valencia Basket ha demostrado que es más que capaz de imponerse a los blancos en un duelo de cara o cruz.

Sergio Llull entra a canasta en el último partido del Valencia Basket en la pista del Real Madrid. / EFE
Olympiacos, como en casa
El Olympiacos ha levantado tres Euroligas en seis finales. Su porcentaje es el de un competidor feroz, acostumbrado a resistir hasta que el partido se convierte en una cuestión de voluntad. Además, juegan en casa. En la casa del vecino que hará suya por unos días con la esperanza de vencer al Fenerbahçe y aguardar finalista español el domingo.
Jugar contra Olympiacos en Atenas sería hacerlo contra una atmósfera, contra una grada que entiende el baloncesto de una manera muy viva y ruidosa. Pero también sería una oportunidad magnífica para comprobar hasta qué punto el Valencia Basket ha aprendido a convivir con la presión. No hay más que ver las últimas victorias del conjunto taronja contra el Panathinaikos precisamente en el OAKA, escenario de la final.
Fenerbahçe, nuevo poder y espejo en el que mirarse
El Fenerbahçe representa una grandeza más reciente, pero no menos contundente. Ha conquistado dos Euroligas en sus dos participaciones en la Final Four, una estadística impecable que habla de una estructura construida para competir al máximo nivel desde el primer día. La última, sin ir más lejos, la temporada pasada al superar al Mónaco. Posiblemente sea un espejo en el que mirarse para los del Roig Arena. Liderados por Jasikevicius, cuentan con el histórico Nando de Colo en sus filas.

Nando De Colo regresa a tiempo para los playoffs de Euroliga con Fenerbahçe. / SD
El valor del que llega por primera vez
El Valencia Basket no podrá exhibir Euroligas cuando se siente a la mesa de la Final Four. Pero tampoco tendrá que defender ninguna herencia. Esa circunstancia, que en apariencia lo coloca en desventaja, puede convertirse en la mayor fortaleza de los de Pedro Martínez.
Los equipos debutantes suelen jugar con una mezcla de nervios y libertad. No tienen pasado en ese escenario y, por tanto, tampoco deudas con él. Las deudas de los jugadores son consigo mismos, con los cientos de aficionados que acudirán junto a ellos desde Valencia y con los miles que no han logrado entrada y lo vivirán a 2.000 kilómetros de distancia.

Jean Montero festeja uno de sus triples ayer, en pleno partidazo contra el Real Madrid / SD
El club valenciano ha tardado años en alcanzar esta frontera. Ha crecido desde la estabilidad, desde una identidad reconocible y desde la convicción de que la excelencia no es un accidente, sino un hábito generado a partir de la cultura del esfuerzo.
Atenas como punto de partida
Las 16 Euroligas que suman sus tres rivales pueden interpretarse como una amenaza o como una invitación. Real Madrid, Olympiacos y Fenerbahçe llegan respaldados por sus vitrinas, más allá de grandes presupuestos y una calidad incuestionable. Pero el Valencia Basket comparece respaldado por su presente y la ilusión del novato que tiene mucho que ganar y nada que perder.
Atenas ofrecerá al Valencia Basket el examen más exigente de su historia y, al mismo tiempo, la oportunidad más grandiosa. Frente a 16 coronas continentales, el conjunto taronja sólo dispone de la certeza de que todo empieza por una primera vez. ¿Y si es en Grecia?
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