Pocas cosas se le dan mejor a este Valencia que cosechar decepciones. La de este domingo contra el Real Madrid fue la enésima. El equipo de Javi Gracia estuvo a años luz de la expectación que había levantado en los dos últimos partidos. De vuelta a las andadas, su versión resultó insípida y agarrotada, una regresión en toda regla. Jugando a cámara lenta, sin tensión, cansino en el pase y cualquiera diría que hasta sin interés, la noticia fue marcharse de Valdebebas con dos goles en contra en lugar de con un saco. Ni un ingrediente faltó para el caldo de otra oportunidad desperdiciada, el enésimo bofetón para los que consideran inaudito que con lo que hay, incluidos ahora los refuerzos de enero, no dé para más. Cuando más visos había de cambiar el chip y empezar a recuperar el vuelo, la respuesta fue mezquina. El partido, resuelto en dos fogonazos, se hizo largo y pesado una vez que se dio por segura la condena a la derrota.

Como si intuyera que no iba a tener problemas, al Real Madrid se le notó pasmosamente tranquilo desde el principio. Sin noticias en el área de Courtois, donde a excepción de un tiro de lejos no pasó absolutamente nada de nada, el equipo de Zidane se sintió suelto, a ratos hasta descaradamente sobrado. Y eso que a su crítico parte de bajas volvió a sumarse antes de la media hora Carvajal, lo que lo dejó todavía más disminuido. Sin embargo, no necesitó más. Una acción individual de Benzema y otra coral que culminó Kroos con un disparo tan cómodo como ajustado fueron suficientes para liquidar el partido antes del descanso. Para el Madrid, puro bostezo, el Valencia no dejó rastro. Fue un equipo cualquiera, conformista y sin ningún atisbo de rebeldía. Tan desfigurado y anónimo que resulta casi imposible mencionar nada positivo de alguno de los 16 futbolistas que deambularon por el césped. Ni de los últimos en llegar, que jugaron todos, ni de los que ya estaban.

Aunque el segundo no lo mejoró, el primer tiempo fue sencillamente deplorable de principio a fin. Con la novedad del debut de Ferro, el once titular que venía dejando visos de recuperar el rumbo fue culpable de volver a desnortarse. Del central cedido por el Benfica, salvo que tiene planta, poco o nada puede decirse sin hacer sangre. La actitud contemplativa en la presión del conjunto de Gracia, parapetado en la grada por la tapa de un portátil, fue un regalo imperdonable. Esa falta de atención le puso el primer gol en bandeja a Benzema, lo más parecido a una bestia negra para los blanquinegros. Sin ninguna secuela del traspié que tuvo en la primera jugada con Thierry, el francés volvió a vacunarlos con una suficiencia pasmosa. Sin nadie que le encimara en una posición esquinada, su excelente juego de tobillo fue suficiente para alojar el balón en la jaula. Poco antes pero con menos destreza la había tenido Casemiro. Mientras que el del gol no lo olió, Doménech sí respondió al tiro del brasileño, tan frontal y lejano que le sobró tiempo para rectificar su error inicial. Aunque se venció antes de tiempo, el portero sacó el balón sin ortodoxia gracias a su número de pie y a la eternidad que transcurrió desde el golpeo original de la pelota.

Visto que en el campo del Real Madrid no ocurrió nada y que el Valencia ni siquiera había estado cerca de provocar algo, Gameiro y Yunus sustituyeron al descanso a Vallejo y Guedes. Gracia señaló así la nulidad de dos de sus jugadores, aunque podría haberlo hecho con cualquiera de los otros nueve. Sin embargo, los cambios no aportaron nada. Ninguno fue capaz de romper las líneas, lo que mantuvo el partido plano y ralentizado, sin apenas picos salvo cuando el Madrid cogía carrerilla, algo que conseguía casi sin proponérselo. El primer tiro del Valencia, también el único de todo el partido, no llegó hasta el minuto 52. Fue un disparo duro y seco de Maxi al que respondió Courtois. El Madrid había levantado descaradamente el pie, una actitud condescendiente con la que optó por no hacer sangre. Aunque se anuló por fuera de juego de Mendy, el tercero lo marcó casi sin querer, con la defensa hecha un sainete y Ferro sin saber a dónde ir. No hay partido sin regalo. Sin opciones de nada, la última media hora sirvió en el Valencia para devolver a los focos a Kang In, que debutara Oliva y que repitiera Cutrone. En el Madrid, para que Zidane promocionara a sus cadetes y dosificara esfuerzos. Una pena.

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