Era un castigo excesivo pero nadie apostaba tampoco por una remontada después del gol de Guidetti en el minuto 83. Se veía venir otro desastre en Mestalla cuando Guedes, quién si no, metió un centro al corazón del área para que Maxi hiciese la mejor y casi única intervención en el partido. El cabezazo picado del uruguayo exigió tanto a Pacheco que el rechace se quedó muerto a un palmo de la línea para que Gayà salvara los muebles reventando la red. Al Alavés de Calleja le había bastado un soplido para derribar el castillo de naipes sobre el que se aguanta el Valencia, cuya ventaja sobre el descenso sigue menguando. Anoche, tras la victoria del Elche y el empate del Valladolid, se fue a dormir con una renta de siete que habrían sido seis de no sortear la derrota.

Está el Valencia empeñado en darle emoción a LaLiga, pero a base de penas y amontonando estadísticas negativas. A falta de cinco jornadas y con el Barça a la vuelta de la esquina, no hay manera de que deje de mirar para abajo. Pese a que el partido era una final por la tranquilidad, el equipo lo encaró mentalmente desquiciado. Para más inri con un entrenador que viéndolas venir se limitó a hacer dos cambios, una muestra más de su empeño por regatear recursos. Con unas constantes tan pobres y la enorme facilidad con la que se mete en problemas, el único sentido de la temporada es la supervivencia. No hay tiempo de estabilizarse. Y el riesgo es tan alto que da pánico.

La suerte sigue siendo Guedes. A diferencia de cuando se pasaba los partidos mirando al suelo, esta vez volvió a levantar la cabeza para sacar al Valencia de un enorme apuro. Pese a su regreso a la banda, el portugués puso todo de su parte. Tan fiable como casi nunca, y con independencia de la posición que ocupe, nada más arrancar quedó patente que iba a estar en línea, incluso en las ayudas defensivas a Gayà. Ya en el golpeo de falta con el que levantó el telón se le notó fino y enchufado. Lo confirmó en las siguientes jugadas tratando de irse por dentro y tirando balones interiores a Gameiro y Maxi. Uno delicado y milimétrico obligó a Pacheco a jugar por primera vez con fuego. El portero del Alavés palmeó al borde del área para darse una auto-asistencia al muslo y despejar de pies. No pintaba mal.

A Guedes le ayudó a tirar del carro Yunus, que cogió inercia hacia arriba con el recuerdo fresco del slalom en el Villamarín. Sin embargo, el estadounidense no llegó a probar el disparo y fue el primero en apagarse. La ocasión más clara no llegó por los costados sino por el centro. Fue una contra en la que Soler pilló al Alavés fuera de sitio. El canterano condujo y condujo sin nadie que le saltara pero no supo interpretar la jugada yéndose a un lado y terminó asistiendo tarde y mal. Al final del primer acto no se había contabilizado un mísero disparo entre palos en ninguna portería.

A los puntos estaba siendo mejor el Valencia, sin excesivos apuros atrás y un mediocampo tan suelto como errático. Ni Soler acabó de saber qué hacer con tanto balón ni Racic cómo ajustar la mirilla cada vez que intentaba algo diferente desplazándolo en largo. El aceptable sabor de boca, solo aceptable, se afianzó con los dos saques de esquina seguidos antes del descanso cuando el partido había entrado en vía muerta. Consciente de que al Valencia cualquier amenaza puede sentarle como un tiro, Calleja planteó que el Alavés jugase por oleadas a expensas del error. No se produjo, ni siquiera en el gol, ninguno catalogable de grosero. Pero la sensación de estar en el alambre fue permanente. Gayà vio una amarilla muy barata en la primera contra, a los tres minutos. A los nueve, también por el costado izquierdo, un gol de Peleteiro no subió al marcador porque la línea del fuera de juego estaba bien tirada. Y a los 20, cuando la balanza se estabilizaba, llegó el susto de Racic, que amagó una lesión pero volvió al campo. Poco más ocurrió en el área de Doménech quitando de alguna escurrida de Lucas Pérez.

Tres días después de haber apuntado a los jugadores por sus errores, la noticia en el once fue Guillamón, al que a la postre le tocó saltar y perder en el gol con Laguardia. Solo purgó sus pecados contra Osasuna Diakhaby, al que Gracia reservó un banquillazo. La otra novedad de alcance estuvo en Maxi. La titularidad del uruguayo, a la postre clave en el empate, fue la otra nota estridente, sobre todo porque al mantener a Gameiro se corrió el riesgo de desubicar a Guedes. El técnico ya no repara en demasiadas consideraciones y circunstancias a la hora de cantar la alineación ni de hacer los cambios. De refresco solo usó a Cheryshev y el último cuarto de hora a Vallejo.

A Gameiro le faltó un número más de bota para cazar el pase de la muerte de Guedes con el que arrancó la segunda parte. La sociedad entre ambos fue lo mejor de un Valencia que tuvo un fogonazo de luz gracias a un rebote en Tomás Pina. Como estaba en todos los sitios donde se intuía peligro, el balón le cayó al portugués, que no se lo pensó para encarar a Pacheco y asistir al francés para que el pase a la red. Sin embargo, con la obligación de celebrar los goles con sordina, la alegría duró un segundo. El tanto lo anuló el VAR tras otra eterna y absurda espera. Todo para que el árbitro acabara asomándose al monitor para comprobar que Maxi Gómez venía de fuera de juego en la presión que provocó el rebote. Hasta la siguiente ocasión pasó un buen rato, producto de otro rechace para Soler.

Le dio un uso más productivo a su banquillo Calleja, que con Guidetti acabó dándole al Alavés más mordiente. El primer vuelo de Doménech llegó pasada la hora con una semi-tijera de Pere Pons, también de refresco. El portero repelió el disparo con una intervención marca de la casa. Nada más entrar, a Guidetti le pilló frío un balón muerto. El partido empezaba a descontrolarse y apareció Gayà, primero en defensa, con un corte decisivo. Gracias a su punta de velocidad evitó un mano a mano otra vez de Pons, al que le costó caro un mal control. Se veía venir en el ambiente lo que iba a pasar y de una pérdida de Wass llegó una falta de Soler que encima le costó amarilla para cortar la contra. El saque al área lo ganó Laguardia en la primera jugada para que Guidetti marcara en la segunda. A la desesperada empató el Valencia, gracias a de nuevo a Gayà, en esta ocasión en ataque. Y con más finales por delante.