La figura de Bordalás entra en el ecosistema Valencia y más allá del nombre la sensación es que su filosofía e identidad encajan con lo que es la entidad de Mestalla y su historia. El técnico apareció en el Getafe como una solución a las urgencias de un equipo que estaba incluso cerca de posiciones de descenso a Segunda B y que unos meses más tarde celebraba un ascenso a la máxima categoría. Un año después la clasificación a la Europa League, llegando incluso a los octavos y dejando fuera al Ajax. Todo eso con un juego reconocible: combinar en fase defensiva presión alta y en campo propio (esta segunda con rápidas salidas), juego por fuera y mordiente por dentro, delantero con juego aéreo y 'guerrilleros' y competitividad total sea cual sea el contexto o la competición.

Bordalás ha mostrado en repetidas ocasiones que no es partidario de separar ataque y defensa. El equipo debe ser un todo. En un 4-4-2 (y sus distintas variantes), sistema que en València ya ha dado éxitos, los delanteros son los primeros defensas cuando se defiende con un bloque alto. El técnico tiene como una de sus prioridades que no reciban los hombres interiores. Si el rival juega con pivote y creador, la presión debe orientar el juego por fuera o que reciba el pivote, no el '8'. Dependiendo del sistema del rival, el técnico también apuesta por una presión en rombo/distintas alturas. Si Jaime Mata y Jorge Molina (ejemplos reconocibles en la 2019/20) acudían a dificultar salida a los centrales, Arambarri saltaba y Maksimovic guardaba atrás haciendo dos alturas distintas entre los hombres del doble pivote propio. Mientras, los hombres de banda tienen que estar atentos a dos misiones: evitar un pase por dentro y 'saltar' inmediatamente a por el lateral rival en caso de que llegue el balón a esa zona.

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Las claves de la pizarra de Bordalás

La altura de la línea defensiva también es importante. Más allá de ser un técnico defensivo, por nombres y por filosofía, el técnico es valiente en la altura de los centrales y laterales. Si el equipo va alto, la zaga acude para estar siempre todos juntos y evitar pases a zonas intermedias. Lo mismo sucede cuando hay defensa en campo propio. El equipo no debe hundirse en exceso hacia su portería. Para ello, Bordalás ha apostado durante su etapa en el Coliseum en muchas ocasiones por un doble lateral, más el Maksimovic-Arambarri en el medio, jugadores capacitados para la presión y ataque rápido. Ese fue uno de los secretos del Getafe en la 2019/20 y es que fue uno de los equipos que mayor porcentaje de pases daba en campo contrario. También se explica gran parte de ese éxito en la capacidad que tenía el equipo en no recibir disparos. Más allá de los goles encajados, el cuadro de Bordalás era siempre uno de los que menos remates a portería recibía en cada jornada, algo que prácticamente no ha ocurrido en Mestalla desde la salida de Marcelino García Toral.

Nombres propios

El técnico ha sido capaz de mejorar a muchos futbolistas que han pasado sobre su mando. Ha sido capaz de gestionar el talento de 'jóvenes' preparados, que encajaban con su filosofía, y ha mejorado a aquellos que incluso ya estaban en su madurez futbolística. Arambarri y Maksimovic son ejemplos claros de lo primero. Les dio el timón y explotó sus virtudes. El primero de ellos no tiene techo y el segundo se ha hecho un nombre en España gracias al manejo del jefe del banquillo azulón. Por fuera aparecen nombres como Mathías Olivera en el lateral y por delante Cucurella. Y ese es otro de los secretos de un Bordalás que ha jugado con el doble lateral, aunque 'Cucu' ya jugó por delante en el Eibar, y que ha combinado con ese perfil en ambos lados. Por último, la gestión de jugadores como Jorge Molina y Ángel o la de Jaime Mata.