El color granate ya empieza a calentar en la banda, dispuesto a recuperar el trozo de historia que ha significado para la camiseta del Valencia. Cada vez que el equipo coincidía con el blanco de un rival local, (Madrid, Sevilla, Racing…) el granate, en distintas tonalidades, fue uno de los colores, desde los años 30 hasta finales de los 70 e incluso con alguna incursión en los 80. Sin embargo, su color no está tan familiarizado en la memoria visual del aficionado ya que las imágenes históricas del Valencia como visitante son en blanco y negro, tanto en televisión como en prensa y en los libros de la historia del club. Como avanzó Levante-EMV el 28 de abril de 2020, el granate será la segunda equipación valencianista. Y no solo en la camiseta de juego. Tal como reveló ayer el portal Ofoball, este color (bautizado popularmente como granate Torino por la peña Viachers) se extenderá a la gama de productos de entrenamiento diseñada por Puma junto al blanco, el negro y el azul.

El granate reinó durante décadas y está conectado con momentos muy importantes en la historia del club. Por ejemplo, en su debut como local en Primera división, el 31 de noviembre de 1931, el Valencia jugó de granate en Mestalla. Esa circunstancia se debió a la coincidencia de colores con el Real Unión de Irún, que viajó de blanco a València. Los granate golearon 5-1 a los vascos, que tenían como guardameta a “Pajarito” Emery, el abuelo del actual entrenador del Villarreal, Unai Emery.

La primera vez que el Valencia aspiró a un título, con la disputa de la final de Copa de 1934, también vistió de granate. El equipo de los Iturraspe, Conde y Vilanova incorporó a su camiseta una banda escapulada (un diseño hasta la fecha utilizado sobre todo por el Europa), con los colores de la senyera. Con solo 15 años de existencia, el joven club era consciente del simbolismo que representaba la camiseta de ese partido, y optó por un diseño singular y único. Los valencianistas perdieron ante el Madrid por 2-1, iniciando el gafe fatalista con el estadio de Montjuïc.

No hay una explicación consensuada de por qué el Valencia empleaba ese color a domicilio. En las primeras décadas, se escogían colores de las telas que se tenían a disposición, sin ningún simbolismo añadido. Solo en el periodo de la guerra civil, en el que el Valencia presidido por el dirigente nacionalista Josep Rodríguez Tortajada se alineó abiertamente con la causa republicana, la elección del rojo tuvo una explícita intencionalidad política. La periódicos de aquella época se referían al Valencia como el «equipo rojo». De hecho, con la guerra ya empezada, el 30 de noviembre de 1936, en el campeonato superregional, se presentó en el campo del Levante FC vestido de rojo, pese a no haber coincidencia de colores con los levantinistas.

De Puchades a Claramunt, el Valencia era granate en sus desplazamientos. Y así se dio a conocer en Europa, en los exitosos años 60 con dos copas de Ferias y un subcampeonato de la competición. En partidos broncos, como el disputado ante el Leeds United en febrero de 1966, conocido como la Batalla de Elland Road, los periódicos ingleses aludían al color de la vestimenta valencianista en la defensa del valioso 1-1: “El Leeds rebotaba contra una muralla de nueve camisas rojas”. Un encuentro recordado por la tremenda tangana entre futbolistas de ambos equipos tras una riña entre el portero Ñito y Jack Charlton, ambos fallecidos hace escasos meses.

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Con la explosión televisiva de los años 70 y las primeras retransmisiones en color, los clubes se animaron a perfeccionar el diseño de los uniformes. El Valencia jugó a ser vanguardista ya parece por primera vez el naranja (con ribetes verdes en cuello y puños) para jugar en el Bernabéu en la campaña 1974/75. La camiseta roja adquiere toques originales, con una banda horizontal blanca o finas líneas verticales amarillas y blancas. El azul se incorpora también con fuerza en esa misma década.

La tremenda popularidad de la Senyera, en plena Transición y con la efervescencia de la Batalla de València, desplazó al granate como segundo equipaje. El peso icónico de Kempes con esa zamarra pasó a la historia. El azul se hizo habitual, así como el naranja, cuya irrupción con Luanvi se asocia a los títulos de la época 1999-2004, en la que el valencianismo inundó de naranja las gradas en las finales. Con distinta intermitencia, el naranja y la senyera han ido impregnando el siglo XXI valencianista. Ahora le toca al granate cerrar el círculo de la historia.