La salida de Kang In Lee del Valencia CF es la historia de un fracaso global. Nunca de un jugador con tantas expectativas deportivas, comerciales y económicas tuvo tan poco rédito. Con 20 años, con el reluciente cartel de mejor jugador del último mundial juvenil, se marcha gratis al Mallorca, sin derecho a un futuro porcentaje de venta, sin haber disfrutado sobre el césped de toda su potencial calidad después de haberlo formado durante una década y sin haber explotado el plan comercial de un futbolista llamado a abrir las puertas del mercado asiático. Con la renovación bloqueada desde hace meses, con la sartén por el mango después de rechazar ofertas de Braga, Wolves, Granada y Mónaco, los fichajes de dos futbolistas extracomunitarios (Alderete y Marcos André) debilitó del todo la fortaleza del club presidido por Anil Murthy, abocado a rescindir el contrato de Kang In Lee para poder inscribir al delantero brasileño. El Mallorca, que estaba dispuesto a ofrecer el 10% de un futuro traspaso, se ha encontrado la incorporación de la perla surcoreana servida en bandeja de plata.

¿Qué ha pasado para darse un multifallo similar, después de que Meriton llegara a justificar el desmantelamiento del proyecto de Marcelino para dar una mayor proyección a los jóvenes, con Kang In Lee como escudo? En la base de todo está la ausencia de continuidad, de minutos. Con Marcelino, técnico conservador a la hora de mover el once y que también dosificaba los minutos de Ferran Torres, Kang In Lee estaba en edad juvenil y además contaba con la competencia inaccesible de un bloque consolidado, que acabaría siendo campeón de Copa. Sin embargo, tres años después, el desplome deportivo y la salida de toda la columna vertebral no significó que el surcoreano se consolidase en el «once» pese a sus vistosas apariciones, moteadas de buenas jugadas y asistencias. Jugador con una enorme ambición personal y poca tolerancia a la frustración (con dos rojas directas en partidos llamativos en los que no lograba ser protagonista, ante Atlético y Madrid), los técnicos que llegaron a continuación, Albert Celades, Voro y Javi Gracia, entendieron que Kang In Lee adolecía de la madurez mental y física para ser un pilar del equipo. La prueba está en que con 59 encuentros oficiales, solo en cinco ha disputado completos los 90 minutos de juego, tres de ellos en la pasada temporada. Y sobre ese argumento deportivo, Kang In Lee decidió no ampliar su contrato, que expiraba el 30 de junio del año próximo.

Las gambetas y requiebros de Kang In Lee en los 23 minutos de su debut en un amistoso de verano frente al Lausanne, el 24 de julio de 2018, abrieron los ojos de Meriton Holdings. Se le veía como la llave para romper el muro del mercado asiático, atraer a patrocinadores y alimentar los ingresos comerciales de la entidad, que apenas ocupan un 10% del presupuesto. Así se lo trasladaba Anil Murthy a Peter Lim, cuando el máximo accionista le confesaba su sorpresa por la ausencia de camisetas del club en las tiendas deportivas de Singapur. La teoría de Meriton se fundamentaba en que Asia los seguidores no son aficionados de equipos de fútbol, sino que veneran a jugadores. Y Kang In Lee lo reunía todo, como ídolo en expansión en un país como Corea del Sur, en el que el culto al ídolo, desde futbolistas a grupos de música juveniles, alcanza un fanatismo irracional y cifras millonarias.

Mientras el fútbol marca sus tiempos y plazos, con Kang In Lee se ha asistido, sobre todo, a la gestión de una expectativa que no arranca con su llegada al primer equipo, sino que se remonta a su propia infancia. En Internet se pueden encontrar los videos del reality show que Kang In Lee ganó siendo un niño y que le valieron grabar un anuncio con Park Ji-Sung, la estrella coreana de la pasada década. Esos focos, alimentados por el exotismo de su procedencia, le han seguido desde que llegara al Valencia en 2011. Club, familia y agentes han protegido durante todo este tiempo su proceso de formación. Su aterrizaje en el primer equipo avivó la «Kang In Mania», que el club empezó a notar con las compras «on-line» de camisetas (es el jugador que más ventas arrastraba con diferencia) y multiplicó las insistentes peticiones de entrevistas que los medios coreanos solicitaban tanto al club como a la oficina de LaLiga en Seúl. Antes de la pandemia, la presencia de agencias y medios de comunicación coreanos acreditados en Mestalla iba también creciendo. Un filón que el Valencia no quiso explotar para acabar de cuidar la formación de un futbolista que ya no disfrutará.