En su propósito de reconstrucción, el Valencia debe retomar una asignatura urgente, el reto en el que más ha flaqueado en las dos últimas temporadas de decadencia: volver a ser un equipo temible lejos de Mestalla, lejos del refugio que tanto le ha protegido de males mayores. Toda esperanza de campaña competitiva, de volver a los objetivos importantes, de pensar en Europa, pasa por recuperar el ritmo de puntos a domicilio. Es el pensamiento instalado en el vestuario. Si se logra ese equilibrio, cualquier objetivo ambicioso es posible.

Los datos son desoladores desde mayo de 2019, la fecha que parte en dos la historia moderna del Valencia. De los 38 partidos que el Valencia ha disputado como visitante en las dos últimas temporadas, solo ha obtenido la victoria en cinco ocasiones. La última vez, el pasado 10 de enero, en la visita al Nuevo Zorrilla, donde los valencianistas se impusieron por 0-1, con tanto de Carlos Soler. El saldo habla por sí solo. En la temporada 19-20, se impuso en tres escenarios: San Mamés (0-1, gol de Denis Cheryshev), RCDE Stadium (1-2, remontada de Dani Parejo y Maxi Gómez) y Ciutat de València (otra remontada, 2-4). El triunfo ante el Levante UD aconteció un 7 de diciembre de 2019, lo que además prueba otra tendencia preocupante. Las escasas victorias han tenido como fecha límite la primera vuelta del campeonato. En la segunda manga, el equipo ha aumentado su vulnerabilidad a domicilio.

El balance de puntos indica que el Valencia era casi un 1 fijo en la quiniela si no jugaba en Mestalla. Además de las 5 victorias, firmó 10 empates. El resto, 23 encuentros, fueron derrotas. Traducido en puntos, de 114 posibles solo se conquistaron 25. Con Mestalla fortalecido en un año de regreso del público, si el Valencia incrementa su famélica puntuación como forastero supondrá un salto cualitativo considerable que lo acerque a cotas más ambiciosas. 

De momento, el primer desplazamiento a Granada fue esperanzador, con un empate en el que, si bien se salvó un punto, en la primera parte el conjunto de Bordalás fue superior a su rival, pero no concretó sus ocasiones. Al menos, el talante y la actitud fueron la de un bloque que buscaba someter a su rival y ser protagonista, menos contemplativo que en anteriores campañas. En términos generales, se ha recuperado contundencia defensiva al haber encajado un solo tanto (en el Nuevo Los Cármenes), en los tres partidos disputados hasta la fecha en el campeonato nacional de Liga. 

EFE

El desafío a domicilio es para el Valencia y para el propio José Bordalás. En la pasada temporada, en la que notó el desgaste de un proyecto en su quinta campaña, los números del Getafe no fueron tan positivos lejos del Coliseum. Los azulones solo sumaron tres victorias, con cinco empates y once derrotas, algunas de ellas con un tanteo alto, despegándose de la imagen de fiabilidad y defensa cerrada que le caracterizaba como visitante. Unos guarismos inferiores a los de la temporadas anterior, en los que cosechó seis triunfos y seis empates, por siete derrotas.

En el factor que sí maridan tanto el histórico Valencia como los equipos que ha dirigido Bordalás es en su garantía siempre que actúan como locales. Una virtud que este año a buen seguro que volverá el lucir el Valencia, pero que no le será suficiente si pretende alcanzar los objetivos mínimos que le dicta su historia.