El de Pamplona fue un partido intenso, de duelos, donde primó tener pocas pérdidas que pudieran penalizar y a su vez recuperaciones y efectividad en el juego ofensivo. Y es que Osasuna llegaba de sus partidos como claro dominador en duelos, en recuperaciones y siempre por debajo en las pérdidas. El Valencia CF desde un sistema de juego 1-4-4-2, con un posicionamiento medio entre los 47 metros de profundidad y 44 metros de amplitud. La realidad es que el Valencia CF obtiene mejores datos en la relación posesión y repercusión goleadora con un 43 por cien/Dif 7 goles, y en obtener más puntos con la posesión perdida.

La hoja de ruta estaba clara. Posesiones breves (0-10) segundos un total de 53 sobre las 78 realizadas, muy similar al rival. De hecho, el número de acciones de pases fue muy inferior a Osasuna (280/403), pero el cuadro de Bordalás fue capaz de tener mayor efectividad en ataques posicionales. Un 26,32 por cien finalizaban en remate, como en acciones de contraataque que fueron 6 con un 33.3 por cien de efectividad en el remate.  

Los primeros 15 minutos parecía que Osasuna se hacía fuerte pero fue más en sensaciones y acierto final que en el global de esa batalla entre ambos equipos. Si se observa con detenimiento, curiosamente en ese tramo los duelos ganadores están del lado del equipo de Bordalás. De hecho, con balón, el conjunto dirigido por el técnico alicantino fue capaz de hacerse con la posesión (65%). Por otra parte, el dato que más puede interesar son las distancias entre líneas que estaba en 60 metros. Esta distancia favorecía la intervención de Brasanaç, con incorporaciones en zonas intermedias, habían más espacios, y su trabajo en fase ofensiva en ayuda a Kike García. A partir del minuto 15 hay una corrección colectiva. Es ahí donde está la clave. Disminuyen la distancia entre líneas a 52 metros, también paulatinamente la posesión y el Valencia CF comienza a sentirse más cómodo. Es decir, menos espacio entre líneas y menos balón. Hacerse fuerte desde ambos conceptos, algo que dio resultado. 

Y es que no era un problema de duelos, sino colectivo, dejar menos espacios, menos ventajas interlíneas. El equipo obtuvo mejores datos que Osasuna en duelos ofensivos, en duelos defensivos y duelos aéreos. Destacaron en esos duelos ganadores Paulista con un 63 por cien de éxito en 24 acciones, Alderete con un 74 por cien de éxito en 23 acciones y Correia con un 64 por cien de 22 disputados. 

Análisis de Javi Mera frente a Osasuna

Grandes recuperadores

En recuperaciones datos similares (82) y menores pérdidas en el Valencia. A nivel de datos micro en recuperaciones destacaron Paulista (19), Alderete (14), Correia (11) y Guillamón (10)

Osasuna por su parte analizó bien la influencia de Alderete en salida de balón y limitó al paraguayo, a diferencia de en anteriores encuentros. La responsabilidad en el juego fue para Paulista, con gran efectividad en el pase y en larga distancia (78 por cien). Buena lectura de Arrasate para impedir la conexión media/larga distancia de Alderete, una de las claves del conjunto de Bordalás

Guedes por su parte destacó siendo el jugador diferencial del partido. Con un 67 por cien de éxito en regates, mismo porcentaje en tiros y 6 carreras en profundidad, hay que añadirle un gol, casi dos. No menos importantes fueron sus asociaciones con Maxi, la mejor combinación durante el partido. El uruguayo además del gol, su 60 por cien en regates, 50 por cien en duelos ofensivos, volvió a ser importante en el juego colectivo del equipo.

Mención especial a Hugo Guillamón en esa demarcación. A sus datos en distribución y efectividad en la misma, que suele siempre rondar el 90 por cien, como métricas muy interesantes para el estilo de juego de Bordalás en esa demarcación obtuvo un 75 por cien de éxito en pase larga distancia, importante para esos cambios de orientación a lado débil de la defensa adversaria, un 53 en duelos ganadores, y entre ellos un 75 por cien en los duelos aéreos y un 60 en los defensivos, junto a 10 recuperaciones. Además, el medio tiene margen de mejora, puede ser aún más determinante y el técnico ya ha demostrado que confía en su proyección. Igual que en el caso de Guillamón, el buen momento individual del resto de jugadores genera un resultado positivo en lo colectivo. Y de fondo aparece el Madrid, la mejor prueba para los de Bordalás.