Las dos derrotas consecutivas del Valencia, frente al Real Madrid y el Sevilla FC, han expuesto un bajón en las prestaciones del equipo que José Bordalás quiere sellar de inmediato y que no vayan a más. La coincidencia fatal de las bajas de los dos capitanes Gayà y Carlos Soler (más Cheryshev y Correia) con un tramo de calendario más complicado, aumentaban el riesgo, pero el entrenador alicantino ha tomado nota de los síntomas que desprenden ambos tropiezos, condensados en pocos minutos. Los cinco goles se encajaron en cuestión de 25 minutos (tres contra el Sevilla en 22 minutos y dos contra los madridistas en 3 minutos) y vinieron precedidos de faltas de concentración, de intensidad y en errores individuales. Errores probablemente evitables con un nivel de activación más alto.

La aparatosa caída en el Sánchez Pizjuán provocó que Bordalás diera un paso al frente en la gestión del liderazgo del grupo. En sus primeros meses en Mestalla, el preparador alicantino centró su trabajo y su discurso en recuperar y poner en valor a una plantilla muy castigada anímicamente tras dos temporadas de involución. Una tarea psicológica aplicable también al entorno. En su presentación como técnico, Bordalás fue respondiendo con un optimismo a prueba de bombas a cada pregunta sobre los interrogantes del proyecto de Lim. Con trabajo y en silencio, la pretemporada sirvió para ir armando un bloque en crecimiento con los primeros estímulos de los resultados positivos de los amistosos. En espera de los fichajes que ampliasen el fondo de armario, Bordalás fue reenganchando soldados a su causa convenciendo a jugadores cuyo futuro era un misterio, como Maxi Gómez y Gonçalo Guedes, o directamente querían irse, como sucedía con Daniel Wass. Su respuesta fue óptima, incluso con Guedes regresando a su versión estelar de 2017.

Los deberes de Bordalás

El grupo recuperó la autoestima y hasta en algunas anécdotas de los entrenamientos crecía el concepto de familia, de un bloque reencontrado, como en los abrazos que el propio Bordalás ha creado como tradición en los entrenamientos. El fulgurante inicio en LaLiga con tres victorias y un empate alimentó prematuramente el debate de las expectativas y volvió a sonar el objetivo de Europa, utópico hace apenas un mes. La comunión con la grada llegó a alcanzar un alto grado de voltaje emocional grande en el encuentro contra el Real Madrid. Una gratitud que superó los efectos de la imprevista derrota en los minutos finales.

No obstante, las circunstancias de la caída en el Sánchez Pizjuán empujaron al técnico a no poner paños calientes y a emitir una valoración contundente del partido, con tal de detener la posible deriva negativa: «Han sido errores gravísimos y eso nos ha lastrado durante todo el partido. Hemos podido ver los goles y han sido concedidos en acciones sin elaboración. Sin contundencia y el tercero ha sido un gol de risa. Nosotros tenemos que mejorar nuestras prestaciones. Mi obligación como técnico es que los jugadores den el cien por cien y veremos si podemos llegar a una clasificación que merece el Valencia». Unas declaraciones enfocadas a recuperar el nivel de atención y de tensión competitiva del inicio de temporada.

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Además, con este posicionamiento Bordalás acentúa su condición de líder del proyecto. Con un club con las defensas muy bajas, y con contrapoderes casi nulos por el nivel de impopularidad de Peter Lim y Anil Murthy, así como el perfil bajo de Miguel Ángel Corona como primer responsable de la dirección deportiva. El Valencia es un club aferrado a Bordalás, como en épocas anteriores se aferró a la capacidad como técnicos de Claudio Ranieri o Marcelino García Toral. Precisamente, el técnico asturiano será el próximo rival, en un partido clave para detener la incipiente mala racha y que tendrá componentes simbólicos extra, por el carisma que dejó Marcelino en el club y que ha empezado a ocupar Bordalás.

Con las piezas contadas debido al cúmulo de bajas, el principal debate estará en la portería, en la que se podría producir el relevo entre Giorgi Mamardashvili, asentado en el once con su gran inicio pero tocado tras sus errores en el Sánchez Pizjuán, por Jasper Cillessen. Los próximos encuentros serán claves para definir la solidez de las aspiraciones de un Valencia en el que Bordalás es técnico, profesor, psicólogo y líder espiritual.