Diluviaba y caían truenos sobre Mestalla, con el Valencia contra las cuerdas, con un jugador menos, contra un Athletic Club inabordable, con Marcelino a punto de llevarse no solo los aplausos del estadio, sino también los puntos. El panorama apocalíptico que empujaba al equipo de José Bordalás hacia la tercera derrota consecutiva en una semana trágica. Pero en el minuto 95, Hugo Guillamón, desde la frontal, cuando la desesperación invitaba a chutar, levantó la cabeza para dibujar un pase de cuchara a la incorporación de Gonçalo Guedes, que se inventó una asistencia sin ángulo para la entrada a placer de Marcos André, que establecía el empate y restablecía la justicia con un bloque que se vacía en el esfuerzo. Era el reparto justo para un partido entre iguales, jugado a cámara rápida, con gran despliegue físico y constantes choques en balones divididos. El factor Bordalás resiste en Mestalla cuando se creía casi evaporado.

Con dos equipos cortados por el mismo patrón, el partido se movió en parámetros simétricos, los mismos que marca la historia de un clásico en su entrega 189, en el que el Valencia comparecía con 300 goles marcados, por 296 del Athletic Club. Ambos conjuntos se movían con presión alta, mucho derroche físico y una clara vocación de pisar área rival en pocos toques. Si Raúl García y Omar Alderete iban al choque, también lo hacían Maxi Gómez e Iñigo Martínez. Y las escapadas al espacio de Guedes eran también las de Iñaki Williams. Al descaro de Musah por la derecha replicaba Berenguer por el mismo flanco. Los balonazos de Foulquier para despejar balones muertos eran los de Lekue.

La sensación era que en cualquier momento se podía romper la igualada, aunque escaseasen las ocasiones. Cillessen, de nuevo titular, vio pasear peligrosamente por su área un par de balones cruzados que no encontraban rematador. Y cuando sí hallaban destino, como Williams en el minuto 20, el gol era anulado por fuera de juego. La primera aproximación clara del Valencia había llegado un poco antes, en el 14, con una internada individual de Musah que desbarataba en el primer palo Unai Simón. Fue el tramo en el que el Valencia adquirió mayor protagonismo. En el 24, Guedes bajaba con un magnífico control de pecho un cambio de orientación y buscaba de inmediato el desmarque de ruptura de Maxi, cuyo centro chut seco fue desviado por Iñigo Martínez. El Valencia aparecía por las dos bandas, también por la de Toni Lato y Hugo Duro, con el Athletic Club bien plantado.

La pausa de hidratación mejoró al Athletic Club, en un final de primera parte que se le hizo largo al Valencia, con acumulación de saques de esquina que alteraban el ánimo de Bordalás. Unai Vencedor contó con un balón inmejorable desde la frontal, pero se le hizo de noche para armar el remate. La tensión competitiva no bajó en la segunda mitad, con otros choques fortuitos como el que dejó maltrecho el codo de Guillamón, en una mala caída. En el 53 llegaba la gran ocasión de Wass con un derechazo (en el que debería prodigarse más, tiene muy buen pie), desviado lo justo por Unai Simón para que impactase en el palo. El compromiso grupal era admirable. Y se apreciaba hasta en actores insospechados, en solistas clásicos como Guedes. En el 55, con los centrales descolgados tras una pelota parada, el extremo portugués se vació en una carrera de 80 metros para perseguir y alcanzar a Berenguer. Una imagen que no se debería destacar, pero que es muy simbólica de la implicación reencontrada del exbenfiquista.

En un partido tan nivelado, las únicas diferencias llegaron con los cambios. Marcelino empezó a mover antes el banquillo, renovando la banda izquierda con De Marcos y Nico Williams. Llegaban los primeros síntomas de cansancio en el Valencia, con Paulista robándole en el último suspiro un par de remates a placer a Iñaki Williams. Fue justo entonces cuando se desniveló el marcador, en un saque de esquina botado por Berenguer cabeceado, en un magnífico escorzo, por Iñigo Martínez, colocando la pelota en el palo largo de Cillessen.

Cambios para empatar el duelo

Tras el gol entraban Jesús Vázquez y Marcos André. Y casi de inmediato surtía efecto su comparecencia. Globo en largo del joven lateral, peina Guedes al desmarque de Marcos André, cuya vaselina caía en la red superior d ella portería, tres palmos fuera. El Valencia se sentía a gusto, convencido de poder morder, por eso no sentó nada bien la interrupción para la hidratación, que cortaba el acrecentado ritmo local. Era el momento de los balones bombeados, muy bien contestados por Iñigo Martínez y Vivian. El amago de igualada quedó neutralizado por una acción infantil de Maxi. Con una amarilla, el delantero uruguayo se fue a la calle al cortar una contra del Athletic cuando había acudido a la cobertura de Musah, caído al notar un pinchazo. Manu Vallejo, el último revulsivo, poco utilizado por Bordalás, fue el último jugador que entró para intentar evitar la tercera derrota consecutiva.

La tormenta caía sobre Mestalla para poner todos los tintes épicos. Con los corazones acelerados, Guillamón en el 95 aplicó su cerebral sentido geométrico del juego para ver la entrada de Guedes, que retrasó para que Marcos André se estrenara como goleador. El tanto recibido con superioridad numérica picó el orgullo león del Athletic. Casi en el 97 Iñaki Williams contó con un cabezazo, replicado por el palmeo de Cillessen. Era la estampa final de un partido pletórico.