José Bordalás no alberga dudas de que el delantero centro de su proyecto es Maximiliano Gómez. El ariete uruguayo cumple los requisitos de todo ariete a cargo del técnico alicantino. Es decir, una punta de lanza agresiva en la presión y el desgaste a los centrales contrarios, que habilite segundas jugadas, sea capaz de tirar hacia adelante al equipo y garantice un generoso derroche físico. Todas esas partes del plan las está cumpliendo Maxi, pero solo falla una, la más determinante para el ánimo de un delantero y para los objetivos globales de un equipo: el gol.

En ocho partidos disputados, Gómez solo ha visto puerta en un partido, frente al Alavés, en la tercera jornada, encuentro en el que también ofreció un asistencia a Guedes, la única en lo que se lleva de curso. El colmillo del charrúa no está afilado de cara a puerta en un equipo que, sin embargo, no ha padecido de momento problemas con el gol. La frecuencia anotadora del Valencia es bastante aseada, con 13 goles a favor en 9 partidos y está muy repartida, hasta en ocho jugadores distintos, factor que alivia a los entrenadores. De hecho, las dificultades del Valencia están llegando más en la defensa, con un equipo que estirándose en presión alta no aplica la necesaria contundencia en el repliegue.

Sin embargo, se debe esperar más de Maxi por varias razones. Primero, porque por las estadísticas rematadoras no están siendo óptimas. En ocho partidos, Maxi ha rematado en ocho ocasiones. Con 689 minutos disputados, eso significa que de media, el Valencia debe esperar 87 minutos entre cada disparo. No se le discute la brega, uno de sus puntos fuertes y que le ha llevado a cometer, en ese intervalo de minutos, un total de 17 faltas. Ha visto dos tarjetas, las dos en el mismo encuentro y que le valieron la expulsión en los minutos finales contra el Athletic Club en Mestalla. Su regreso frente al Barcelona, contra el rival que mejor se le da en España y en un estadio en el que siempre había marcado con el Valencia, fue deslucido y abre la necesaria reflexión para encontrar su mejor nivel.

Otra de las razones para pensar en una resurrección goleadora de Maxi Gómez está en la arquitectura táctica diseñada por Bordalás. La principal y más regular referencia del técnico valenciano en la élite, con cuatro temporadas enteras en el Getafe, revelan que en sus equipos la concentración de goles se condensa en los delanteros centros. Así sucedió en la temporada 17/18 (13 goles de Ángel, 7 de Jorge Molina), en la consagración de la campaña 18/19 (14 Molina, 14 Mata, 8 Ángel), en la 19-20 (Mata 11, Ángel 10, Jorge Molina 5) e incluso en la discreta campaña final, con un proyecto más desgastado, los pocos goles los encabezaron los delanteros: 5 Mata, 5 Ángel, 4 Enes Ünal. De momento, la mayor inspiración goleadora en el Valencia está llegando desde la segunda línea, liderada por Carlos Soler, con 3 dianas.

Por último, está la confianza en el club de que Maxi en su estancia en Mestalla ha rendido por debajo de su nivel potencial, el que afloró en las dos primeras temporadas en el Celta de Vigo, en las que marcó 30 goles en LaLiga. Ese fue uno de los argumentos del Valencia para no plantearse la salida de Maxi en el pasado verano. La idea del futbolista, frustrado tras dos campañas en las que su nivel fue discreto en consonancia con un proyecto irregular, era la de abordar un traspaso. Pero el club entendía que solo lo habría podido vender a un precio irrisorio. La fe de Bordalás en rescatarlo hizo el resto. Maxi todavía no se ha destapado pero la confianza de técnico y club sigue siendo máxima.

La señal del cambio de agencia

El pasado 1 de octubre se confirmó una noticia que llevaba tiempo cociéndose, la del cambio de agencia de representación de Maxi Gómez. El delantero uruguayo dio el paso de dejar atrás ICM Stellar Group, uno de los grandes gigantes del sector y liderada por Jonathan Barnett, uno de los representantes más poderosos del mundo y conocido por su fiereza negociadora. A cambio, Maxi se marchó a la agencia AIS Football, radicada en Madrid, y que junto a uno de sus hermanos llevará su representación como jugador. El movimiento se puede interpretar como enigmático por renunciar a un gigante como Barnett, pero sobre todo porque un cambio de agencia suele ir aparejada de algún gran cambio, ya sea con un traspaso o con una ampliación de contrato.