Las estrecheces financieras del Valencia CF en el mercado alimentan la vocación de autor que está tomando el equipo de Mestalla, un bloque cada vez más reconocible en torno a la figura, y el carácter, de su entrenador. Un vestuario, y por extensión un club, aferrado a la suerte de José Bordalás.

El interés en fichar al mediocentro Wakaso Mubarak confirma un patrón, iniciado con Hugo Duro y seguido con Omar Alderete. Las incorporaciones cumplen con dos características: son jugadores de bajo coste (o de precio asumible) y Bordalás posee un exhaustivo conocimiento de sus posibilidades, ya sea por haber coincidido en el pasado en otros clubes o por haber reclamado años atrás su incorporación.

Así ha sucedido con Hugo Duro, de cuyas prestaciones y polivalencia era conocedor el técnico alicantino, que le catapultó al primer equipo del Getafe. Esta temporada, en Mestalla, Bordalás ha acabado por proyectar al delantero madrileño en la élite. Una década atrás en el tiempo, el ejemplo de Wakaso fue parecido. La consagración del centrocampista ghanés en LaLiga llegó de la mano de Bordalás, que le otorgó minutos y protagonismo con 19 años en el Elche.

Distinto es el ejemplo de Omar Alderete, un central que nunca había jugado hasta esta campaña a las órdenes de Bordalás, que sin embargo ya había tratado de incorporarlo al Getafe un año atrás. En todos los casos se trata de futbolistas de perfil bajo, sin tanta competencia de mercado y con la garantía de primeras de ser futbolistas llamados a una aclimatación rápida a los métodos de Bordalás.

Por lo que respecta a Wakaso, su posible incorporación obedecería a imprimir al equipo un mayor nervio y eficacia defensivas que equilibren al Valencia en la medular. Un sustituto asumible, salvando las distancias, del pretendido Mauro Arambarri, con un nivel de cotización y prestigio mayor que el Wakaso, que parecía que al marchar al campeonato chino había empezado el inicio del final de su carrera.

Curiosamente, pese al aceptable saldo de los 28 puntos en la clasificación y el buen tono competitivo pese a las lesiones, covid y falta de refuerzos, del Valencia se ha dicho que es un equipo que se aleja del ideal de Bordalás por la alta cifra de goles encajados, 28 en la primera vuelta.

Aliciente extra para los futbolistas

El buen recuerdo del pasado en común también resulta un aliciente para los futbolistas, y más en la tesitura del mercado de invierno, que sin la ventaja de una pretemporada implica una necesidad de rendimiento inmediato mucho mayor, en un escaparate mucho más reducido. Ese conocimiento previo les convierte en más proclives a venir, por la confianza que se delega en el entrenador.

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En un fútbol muy avanzado en métodos de captación, como el Big Data que convierte cada mercado en un caladero global, las limitaciones financieras del Valencia dan un toque de vieja escuela a los fichajes. Un ‘back to basics’ que recuerda a las épocas, como en los años 90, en la que técnicos como Luis Aragonés, con un temperamento superior al de las secretarías técnicas de cada club, acababa arrastrando en cada nuevo destino a futbolistas de su particular guardia pretoriana.

Ese fue el caso de los Patxi Ferreira, Gabi Moya o Xabier Eskurza, que acompañaron al Sabio de Hortaleza en varias etapas, entre ellas en Mestalla entre 1995 y 1997.