Goran Vlaovic se abrió paso en el fútbol con dificultades. Perdió con 12 años a su madre y más tarde a su padre por una bomba serbia en la Guerra de los Balcanes. En el Pádova superó un tumor cerebral, antes de fichar por el Valencia CF, donde fue apreciado por Mestalla durante cuatro temporadas. Hizo historia con la primera gran Croacia, al ser el primer goleador de su país en un torneo oficial, en la Eurocopa de 1996.

¿Cómo le va la vida a Goran Vlaovic?

Sigo vinculado al fútbol. Con otros dos amigos, exjugadores internacionales croatas, tengo una agencia de representación de jóvenes jugadores croatas. Queremos dar nuestro apoyo desde nuestra experiencia en distintas ligas y en la selección.

Ya lo era en los 90, pero Croacia sigue siendo una fuente inagotable de talento.

No dejamos de producir grandes jugadores, durante los 30 años que somos una nación independiente. Y tenemos a Modric como referencia, es un caso increíble.

¿Está siguiendo la actualidad del Valencia? ¿Cómo ves la final contra el Betis?

Es una gran oportunidad de ganar un título. Parece desde hace unos años que ya no sea un equipo tan fuerte como para ganar la Liga, y la Copa es una posibilidad muy buena. El Betis es muy bueno y está en muy buena forma, pero a partido único y una final, es un duelo especial e impredecible. No es como en la Liga, en un partido todo se iguala. Y sobre el papel, tampoco hay tanta diferencia entre los dos equipos. Es una final igualada.

¿Hay algún secreto para ganarlas? ¿Es más motivación que táctica?

Cuando hay un partido que decide un título, hay un peso psicológico tremendo, no hay posibilidad de rectificar nada, una vez pasa el partido. No vale tanto el planteamiento táctico, o la intensidad. Trabajar la cabeza es crucial, cuando te juegas tanto en solo 90 minutos.

Esta vez vuelve la final a la Cartuja, como en el 99. Si hay una final soñada, de principio a fin, es ese 3-0 contra el Atlético.

Ha pasado mucho tiempo (suspira). Fue un partido en el que cumplimos con todo lo que pedía el entrenador, Claudio Ranieri, llegábamos muy fuertes. Fue un partido redondo, marcamos unos goles muy bonitos, con Piojo y Mendieta, sin dejar al Atlético crear ocasiones. Al Valencia le deseo esa final, fue perfecta.

Una generación de futbolistas en su mejor momento, con Mendieta y el Piojo que era una de las mejores parejas de Europa.

Se llevaban muy bien y en el campo trasladaban ese amistad con un entendimiento perfecto. Pero hay que decir la verdad. Aquel equipo no era solo los destellos de Mendieta. Todo ese bloque vivía para aprovechar la velocidad del Piojo, que quizá era entonces el delantero más rápido del mundo. Ranieri lo comprendió nada más venir. A Claudio era imposible pararlo si atacabas al espacio por detrás de la defensa. Los mediocampistas y los delanteros teníamos esa misión, y Mendieta era quien mejor lo ejecutaba con una gran calidad. La final fue el ejemplo ideal.

¿Cómo contribuyó Ranieri? En apenas año y medio transformó en velocidad y contragolpe un equipo equipo hecho para la posesión y la pausa por Valdano.

No solo se cambió el equipo de Valdano, sino también la mentalidad que imperaba en la Liga, que siempre ha sido más de toque y posesión, respecto a la idea del tacticismo del fútbol italiano. Era necesario el cambio, pero nos costó un poco. Tardaron en venir los resultados, pero cuando se asumieron los mecanismos, empezó una época preciosa. El resto de entrenadores continuó perfilando la idea de Claudio, con otros títulos.

El delantero croata, durante un entrenamiento en Paterna. SUPERDEPORTE

Aquel año fue uno de los más largos, porque todo empieza con la Intertoto en Yaroslavl en julio. Y se acaba goleando 6-0 al Madrid en semifinales y con título.

Marqué un gol en aquel partido. Fue inolvidable. No son tantas las veces que a lo largo de una carrera se le gana un partido al Real Madrid. Si encima es un 6-0, claro, es una locura. Es un partido que te acompaña para siempre.

¿Qué recuerdo tienes de la afición? ¿Era tan exigente como se decía?

La afición nos apretaba, quería ver ganar al Valencia, era normal. Teníamos que ganarnos su confianza. Yo venía del Pádova, del fútbol italiano, y estaba convencido que con la idea de juego de Ranieri y con los jugadores que teníamos, pronto o tarde ese equipo iba a despegar. Cuando les dimos motivos, nos apoyaron mucho y juntos éramos el binomio perfecto. Ganarnos en Mestalla era muy complicado.

¿Cómo se originó su fichaje por el Valencia? La leyenda dice que fue tras aquel golazo contra Turquía en la Eurocopa de 1996.

Hay una verdad, y no es esa. El Valencia me seguía desde enero de 1996. Vino el presidente Roig a conocerme a Italia, me vieron jugar en directo en San Siro con el Pádova contra el Milan. Ese fue el primer contacto. Después nos quedamos unos meses sin saber noticias del Valencia. Imagino que fue por la incertidumbre del futuro de Pedja Mijatovic. Luego, estando concentrado con la selección en Irlanda, firmé el precontrato con el Valencia. Una semana antes de marcar el golazo contra Turquía, el primer gol de mi país en un torneo oficial.

¿Mantiene el contacto con los compañeros de aquel Valencia?

Con Djukic, sí, somos muy amigos. Y fue muy bonito reencontrame con todos en el Centenario. Pasó hace tres años, pero parecen más, por el coronavirus. Me alegré mucho, recordamos muchas historias al vernos.

¿Volverá a la Cartuja, este 23 de abril?

Me estoy organizando, a ver si puedo. He tenido un hijo hace poco, tengo bastante trabajo, pero espero volver a ese estadio que tan buenos recuerdos nos da.