Hasta en tres ocasiones en el espacio de un año la afición del Valencia ha mostrado su rechazo frontal a la gestión de Peter Lim. Tres erupciones multitudinarias (8 de mayo y 11 de diciembre de 2021 y el pasado sábado 21 de mayo), que suponen una movilización inédita en la centenaria historia del club de Mestalla y que tampoco cuenta con precedentes similares entre las entidades con mayor tradición europea. La última marcha, además, contó con la importancia simbólica de una foto icónica, la realizada por José Manuel López para Levante-EMV y Superdeporte, y que ha dado la vuelta mediática al mundo y que ha acabado por internacionalizar la causa contra Meriton Holdings. El clamor social es más que evidente, pero no depende de la hinchada la transformación estructural del proyecto de Lim o la salida del magnate singapurés, ni tampoco la transición hacia un nuevo máximo accionista o la reversión del actual modelo de gestión. Con el campeonato acabado y unas perspectivas deportivas y financieras pesimistas, la onda expansiva del descontento social pasa a otros ámbitos de los que también pende la presencia de Lim en el València: el futbolístico con LaLiga, el financiero con los bancos y el político con las instituciones y el nuevo estadio.

La irregularidad y progresiva caída del prestigio deportivo de un club como el Valencia desde la llegada de Peter Lim preocupa en LaLiga. En la imagen unitaria del campeonato que Javier Tebas proyecta en el plano internacional necesita, la decadencia de una de las entidades históricas supone una mancha estratégica en dicho producto. En el pasado, LaLiga ya intervino en un momento de incertidumbre, tras las dos pésimas campañas entre 2015 y 2017, con un movimiento que fue crucial para resucitar deportivamente al club, tras sugerir la llegada de Mateu Alemany como brazo ejecutivo del proyecto. La influencia del directivo balear, ahora director de fútbol del Barcelona, reactivó a la entidad de Mestalla, con dos cuartas posiciones y la conquista de la Copa del Rey de 2019. Ese modelo equilibrado entre un máximo accionista y una gestión delegada saltó por los aires, justo cuando el proyecto se había consolidado y parecía preparado para dar un paso más a nivel competitivo. Con un tercer año sin los decisivos ingresos por competiciones europeas y un modelo fallido, el retroceso del que ya avisa en sala de prensa el propio Bordalás, pone en guardia a LaLiga.

La perspectiva de caída de los ingresos y el descontento social también coloca en toda una tesitura a Caixabank, principal acreedor con el que Lim, hasta el momento, siempre ha cumplido con el calendario de pagos. En el pasado, el intervencionismo de los bancos influyó en cambios de presidencia, como sucedió en la transición de Vicente Soriano a Manuel Llorente, o directamente activó el proceso de venta al no garantizar la Fundación el pago de los intereses del préstamo por el que se hizo máxima accionista de la entidad de Mestalla.