Dimitrievski: Un portero bohemio forjado en la guerra

El macedonio sufrió el conflicto balcánico en persona durante su niñez: vio cómo dos militares entraban una noche a su casa para llevarse a su padre al ejército y tuvo que vivir con sus abuelos por seguridad: recuerda ver más tanques que a su padre en aquella época

Stole Dimitrievski, en pleno selfie

Stole Dimitrievski, en pleno selfie / Instagram

Andrés García

Andrés García

Stole Dimitrievski es un portero especial. Auténtico. Como su personalidad. Bohemio, peculiar, distinto y con una cabeza diferente a la mayoría de futbolistas de élite. El nuevo portero del Valencia tiene dinero gracias al fútbol, pero huye de los lujos. Y de las rutinas. Le gusta el ambiente de barrio, la tertulia, el café y la moda. La ‘vintage’ y las nuevas tendencias. Todo lo que signifique vestir diferente. En un partido le pidió a Carlo Ancelotti el chaleco que llevaba para sorpresa de todos. Así es ‘Dimi’. Como le conocen en el vestuario del Rayo. Por encima de todo, al macedonio le gusta disfrutar de las pequeñas cosas de la vida con una taza en la mano. Porque es un apasionado del café hasta el punto de comprarse una cafetera de 4.000 euros o establecerlo como ritual previo a los partidos. De ahí, su guiño a ‘Camera café’ en presentación. No le atraen las cosas extraordinarias. Su felicidad es hacer una foto o sentarse en el sofá de su casa viendo fútbol de cualquier liga o categoría. Como hacía con su padre de niño. Reflexivo, tranquilo y abierto siempre a escuchar. Su integración en el vestuario no será ningún problema. Solo necesitó tres meses para hablar un español casi perfecto.

El fútbol ha cambiado su entorno, pero no su vida. Stole no olvida sus raíces y continúa siendo fiel a sus tradiciones y costumbres. Nacido en 1994 cuando Macedonia del Norte acababa de independizarse de Yugoslavia. Su padre trabajaba en una tienda de muebles antes de la quiebra por la guerra. Su madre tenía su propia peluquería. Criado en una familia humilde y trabajadora, el macedonio dio sus primeras patadas el balón en la ciudad de Kumanovo (Macedonia del Norte). Y lo hizo como jugador. Lejos de la portería. Su padre y su tío fueron jugadores de la liga de su país, considerada una segunda división dentro de la liga de Yugoslavia. Sus primeras posiciones curiosamente fueron las de central y mediocentro. Hasta que un día viajaron a un torneo de Francia sin portero y el entrenador le convenció para que se pusiera los guantes por primera vez con siete años. Ya nunca más se los quitó. «Voy a ser portero», le dijo convencido a su padre. La respuesta de papá Dimitrievski fue reírse a carcajadas. «Lo próximo será que quieres ser línier y después nada...», bromeaba su padre. Estaba equivocado. Y tanto. Han pasado mucho años y aún recuerdan aquella anécdota entre risas.

Stole Dimitrievski disfruta con la moda

Stole Dimitrievski disfruta con la moda / Instagram

La infancia del portero estuvo marcada por los libros del colegio, el fútbol y, por desgracia, la guerra. La que se produjo entre su país, independizado de Yugoslavia, y Albania. El macedonio todavía recuerda la noche en la que se presentaron dos militares a su casa para llevarse a su padre al ejército. O cuando tuvo que trasladarse a casa de sus abuelos por seguridad. Algunos de sus conocidos combatieron. Es una de las imágenes de su niñez. Veía pasar más tanques por la calle que a su padre. Fue una época muy difícil, aún así su familia hizo todo lo posible para darle tranquilidad a la situación y salir adelante. Como así fue.

DIMITRIEVSKI posa con la camiseta del Valencia

DIMITRIEVSKI posa con la camiseta del Valencia / VCF

El fútbol le dio fuerzas. Stole siempre fue un apasionado del balón. De hecho, se podía pasar un día entero viendo partidos con su padre. Con 14 años se fue de casa. Con 16 viajó a Países Bajos para hacer una prueba al Ajax de Ámsterdam y estuvo cinco meses en el Utrecht jugando amistosos aunque no pudo quedarse en el club neerlandés por un cuestión de documentación. Más tarde, volvió a Macedonia a las filas del Rabotnicki (debutó en primera con 16 años), jugó la Europa League y dio el salto a Udinese italiano con 17 años. Allí conoció al ídolo de su infancia, Gianluigi Buffon, contra el que jugaría más tarde en un Italia-Macedonia disputado en Turín en 2017. Primero estuvo cedido seis meses en el Cádiz, para después militar cuatro temporadas en el Granada. Debutó de la mano de Joaquín Caparrós y del ahora entrenador de porteros del Real Madrid Luis Llopis. Después de dos años en el Nàstic de Tarragona, el Rayo Vallecano se cruzó en su vida para erigirse como uno de los mejores porteros del fútbol español. Su siguiente escalón es el Valencia. Mestalla lo está esperando.