El plan suicida en Montjuic que acabó en la goleada culé
Corberán intentó dificultar la salida de balón del cuadro de Hansi Flick y adelantar la linea defensiva en lo que resultó ser un error de planteamiento por parte del técnico de Cheste, que no trató de corregirlo hasta el minuto 40

Corberán

La humillante goleada que el Barcelona le endosó al Valencia deja pocos análisis tácticos posibles. Un planteamiento desde el banquillo que mostró sus primeras lagunas a los tres minutos de encuentro, cuando Frenkie De Jong abría el marcador para los locales después de recibir completamente solo en el área valencianista. Los de Corberán se vieron superados en todo momento por los culés, que jugaron con el equipo blanquinegro como quisieron.
El técnico de Cheste salió en Montjuic con la clara intención de adelantar la linea defensiva, así como de tratar de incomodar la salida de balón blaugrana. El 7-1 en contra no deja lugar a ninguna interpretación diferente más que la de un planteamiento fallido, que a los quince minutos de partido ya perdía por tres goles a cero.
Los de Flick rompían una y otra vez la primera linea de presión valencianista, encontrándose completamente solos y con espacio por delante cada vez que recibían los centrocampistas culés. Si bien es cierto que hasta ahora Barrenechea le estaba aportando una mayor solidez defensiva al equipo desde el pivote, su ausencia ante el Barcelona destapó los problemas de un equipo que se vio superado en todas las facetas del juego.
El Valencia ni supo ni pudo frenar a De Jong y Ferrán, que identificaron el espacio entre la línea defensiva y la del medio campo valencianista para anotar los dos primeros tantos del encuentro. Una zona donde el Barcelona se sintió muy cómodo, con jugadores de la calidad de Fermín, al que se le hizo muy fácil encontrar un pase a la espalda de la defensa para que Raphinha anotase el tercero en menos de quince minutos. El propio Fermín sería quien, en el cuarto gol del Barcelona, partiría una vez más entre los defensas y el centro del campo para, tras un pase a la espalda de los centrales valencianistas, poner el cuatro a cero después que el VAR validase el tanto del futbolista blaugrana.
Con un cuadro culé que encontraba los espacios y hacia daño con excesiva facilidad a la defensa valencianista, Corberán mantuvo el plan de partido hasta pocos minutos antes del descanso, ya con el cuatro a cero en el luminoso. Foulquier pasó a ocupar la posición de central derecho, mientras que Rioja se retrasó hasta la de carrilero, cambiando el 4-2-3-1 inicial por un 5-4-1. Un cambio que si bien no tuvo gran impacto en el resultado final del encuentro, puesto que todavía recibiría tres goles más, llama la atención por la pasividad del banquillo ante el asedio del equipo blaugrana.
La constante sensación de peligro cada vez que el Barcelona atacaba no se vio neutralizada en ningún momento de un encuentro donde los siete goles no dejan opción a la duda sobre la superioridad en el terreno de juego de los locales.
No hubo tampoco ningún movimiento en el descanso respecto a los once jugadores que habían recibido una manita histórica en lo que fue la primera parte más humillante en la historia del Valencia CF. La fragilidad defensiva y la facilidad con la que el equipo de Hansi Flick supo noquear al Valencia desde el primer minuto destruyó por completo el planteamiento del entrenador blanquinegro, que recibió un serio correctivo de su visita al estadio olímpico de Montjuic.
Corberán, autocrítico
Una vez finalizado el encuentro el técnico de Cheste asumió desde el primer momento la responsabilidad del pésimo resultado obtenido en Montjuic. «Siempre me gusta asumir la responsabilidad absoluta de las cosas que pasan en el campo y cuando ha sido un partido en el que hemos sido superados, toca hacer autocrítica y ver por qué no hemos competido a la altura de lo que el partido exige», declaraba Corberán en la rueda de prensa posterior al partido.
El técnico blanquinegro reconoció haber «estado superados por las zonas interiores, exteriores». «Cuando un equipo está tan superado el responsable soy yo por el planteamiento, por la intensidad, porque desde el inicio no hemos competido a la altura que los jugadores tenemos», concluyó Corberán en la rueda de prensa más autocrítica desde que asumió el cargo de entrenador en el Valencia.
Al reto de salvar al equipo del descenso se le suma la difícil tarea de olvidar una noche que ya forma parte de la historia negra del Valencia. Los encuentros en Mestalla ante Celta y Leganés se presentan como dos auténticas pruebas de fuego para un equipo que necesita sumar de tres ante las urgencias clasificatorias.
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