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Qué pequeño ha hecho Lim al Valencia CF

El Valencia saltó derrotado al campo y la afición se marchó del estadio avergonzada antes del final. Mestalla no soporta tanta mediocridad en el césped y los despachos

Imagen del Valencia - Barça, dentro y fuera de Mestalla

Imagen del Valencia - Barça, dentro y fuera de Mestalla / F. Calabuig

Pascu Calabuig

Pascu Calabuig

Qué pequeño ha hecho Peter Lim al Valencia. La entidad de Mestalla es todo miseria gracias al abandono de su máximo accionista y a la incapacidad de sus ejecutivos cuya única preocupación es justificar a su jefe. Meriton es un ruina. Y el club, escombros de lo que fue. La propiedad no solo se ha cargado deportivamente al equipo y la reputación institucional del club. Singapur está dilapidando derrota a derrota la ilusión de la gente por el fútbol. El valencianismo no soporta tanta mediocridad en el campo y en los despachos. Anoche muchos aficionados se marcharon del estadio avergonzados de su equipo antes de que finalizara el partido. Incluso antes de llegar al descanso. El 0-5 de anoche tardará en olvidarse. Como el 7-1 de Montjuïc. O como la que puede acabar siendo la temporada del descenso. Es imposible hacer las cosas peor. 

Lo más grave es que el Valencia entró derrotado al partido. Nadie consciente de la cruda realidad del equipo creía. Tampoco Carlos Corberán. El de Cheste alineó un once titular plagado de suplentes. El técnico es responsable de la goleada, pero no culpable. La plantilla que le han dinamitado Peter Lim Miguel Ángel Corona no da para más. No hay línea sin carencias. El de Cheste se vio obligado a reservar a sus titulares para la final por la permanencia del domingo contra el Leganés. Esa es la triste realidad de un equipo, sin ayuda en el mercado de invierno, obligado a tirar a la basura una eliminatoria de cuartos a partido único contra el Barcelona para mantenerse vivo en primera división. Así de triste.

Ferran con el mensaje de ‘No olvidemos Valencia’

Ferran con el mensaje de ‘No olvidemos Valencia’ / EFE

Dos minutos duró el partido. Los que tardó Ferran Torres en marcar el primer gol en Mestalla. Igual que en la noche dramática de Montjuïc. De nada sirvió la defensa de cinco con tres centrales. El Barça pasó por encima del Valencia sin piedad con una facilidad pasmosa. No hubo rival. Ni orgullo. El equipo de Corberán bajó los brazos y asumió su inferioridad con resignación a medida que iban cayendo los goles al mismo ritmo que en Liga. Parecía imposible hacerlo peor. Pues el Valencia lo hizo para la desesperación de la grada mientras retumbaba el eco de los «¡Olé, olé, olé!» de fondo de los aficionados azulgranas. A los treinta minutos ya iban cuatro goles en contra. 24 tardó el equipo de Hansi Flick en marcaron en su estadio. Era tanto el bochorno que cientos de aficionados valencianistas se marcharon del campo a la media hora avergonzados por el ridículo que estaba haciendo su equipo. Uno más. «¡Esa camiseta no la merecéis!», cantaba la grada de animación. El partido ya era lo de menos. El valencianismo, que había llenado el campo con 46.806 espectadores, despidió a sus jugadores con una sonora pitada y dijo «hasta aquí»con el quinto gol de Lamine Yamal. Mestalla estaba tan dolida que hizo suyo los «¡Olé, olé!» de la grada visitante para dejar en evidencia a sus propios jugadores. Una burla en toda regla. Como la de Peter Lim al escudo. 

La Copa molesta

La Copa es pasado. Siempre lo fue. Desde que salió la bola del Barça en el sorteo la competición molestaba. El propio técnico y el vestuario se dieron cuenta conscientes de sus debilidades. Ya solo queda centrarse en LaLiga y salvar la categoría como sea. Todo los partidos que quedan son finales. Empezando por la del domingo a vida o muerte contra el Leganés. Después vendrán Villarreal y Atlético. El calvario no ha hecho más que empezar. 

Corberán, gritando desde la banda

Corberán, gritando desde la banda / F. Calabuig

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