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Octavio Milego, el padre del ‘sentiment’

Los Milego, padre e hijo, dejan un legado histórico y la emoción de una familia que contribuyó a «crear un sentimiento querido y admirado» en todo el mundo

Octavio Milego hijo falleció el lunes a los 85 años en México donde residía hace más de medio siglo. Su última visita a València fue en 2019 con motivo del centenario del Valencia CF.

Octavio Milego hijo falleció el lunes a los 85 años en México donde residía hace más de medio siglo. Su última visita a València fue en 2019 con motivo del centenario del Valencia CF. / Germán Caballero

Andrés García

Andrés García

València

El Valencia CF continúa de luto por el fallecimiento de Octavio Milego, hijo de uno de los fundadores del club y primer presidente oficial. El lunes falleció a los 85 años en México donde residía hace más de cincuenta años. Su última visita a València fue en 2019 con motivo del centenario del club. Atrás deja un legado histórico y la emoción de una familia que contribuyó a «crear un ‘sentiment’ querido y admirado» en todo el mundo. Así lo explicaba Octavio Milego en su entrevista a SUPER de ese año: «Mi papá contribuyó a crear un sentimiento, un ‘sentiment’, que es tan seguido, querido y admirado y que ha llegado a cumplir cien años. ¿Cómo se puede expresar eso en palabras? No puedo, no sé, es una emoción grandiosa». 

Para recuerdo y orgullo grandioso en el que siempre sentirá el valencianismo por la familia Milego y su pasión centenaria por el club. «Mi madre era una viuda de fútbol. Mi padre estaba las 24 horas pendiente del Valencia», recordaba su hijo. Octavio padre era «feliz» viendo como los albañiles levantaban Mestalla. «En casa creían que quería ser arquitecto, porque desde las nueve de la mañana se plantaba a ver las obras de Mestalla. Allí estaba viendo cómo trabajaban los albañiles mañana y tarde. Era feliz viendo cómo, ladrillo a ladrillo, iba creciendo Mestalla»

Octavio desveló después de muchos años que su padre, al que todos llamaban Augusto, fue presidente «porque le trucaron la moneda que lanzaron al aire». «Siempre pedía cara en la suerte de las monedas. Lo que no supo hasta muchos años después es que aquella moneda tenía dos caras de Alfonso XIII». Octavio padre inculcó el amor por el escudo a su hijo. Juntos iban al campo de la mano... pagando sus entradas. «Me llevaba al fútbol y nunca pidió una localidad para nosotros. Nos dejaban pasar, pero mi padre se negaba. Siempre pagó sus entradas para que el club que fundó nunca dejase de crecer. «¿Pero por qué, señor Milego?», le preguntaban. «Por el Valencia necesita dinero para mejorar», respondía. 

Juntos vieron partidos de la delantera eléctrica que nunca olvidaron. «Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza. Y el titán Puchades. Y más tarde Mañó, Fuertes, Badenes, Buqué y Seguí, que se tendría que recitar igual que la eléctrica. Le agarré afición a memorizar alineaciones», recordaba en su última entrevista. Aunque su gran ídolo fue Servaas Wilkes. «El rival de Wilkes daba tantas vueltas que ya no lograba saber dónde estaba el norte y el sur», Tanta era la admiración por el jugador que consiguió una dedicatoria personal en una fotografía: «A Octavio, con cariño. No dejes de estudiar», le dijo. 

El hijo del fundador, compañero de pupitre en los Dominicos de Pesudo, siempre recordaba la primera rivalidad con el Levante. «El Valencia convocó a muchos aficionados que dejaron de ir a otros campos. Cogió la directa, era un club muy moderno y eso no se veía bien. Los del Levante le hicieron la vida imposible a mi padre. Le asediaban, le gritaban, le causaron problemas. Eran tiempos donde el fútbol se vivía con mucha visceralidad. Ahora le prestan jugadores al Valencia. ¡Ni cinco pesos le habría prestado mi padre», bromeaba. 

Octavio se marchó con el deseo de que el Valencia estuviera en manos valencianistas y la preocupación por el Nou Mestalla. «Con el señor Soler quisimos dar muchos pasos de gigante de repente». El hijo de uno de los fundadores avisaba allá por 2019: «Necesitamos generar dinero que nos permita ser un equipo más ambicioso. El Atlético ahorita se nos ha escapado y no debemos que pase lo mismo con el Sevilla». Octavio vio todos los partidos del Valencia «aunque fueran a las cinco de la madrugada (las doce en España) y del América. «Los Milego nos tuvimos que hacer del América porque teníamos que tener un equipo en México también», decía con humor. Era tanta pasión la que tenían por el Valencia que la afición nunca les olvidará. Por lo que hicieron y por lo que sintieron. La familia Milego, padre e hijo, se han ido, pero siempre permanecerán en la historia del club y en los corazones de los valencianistas. Las gracias son infinitas. Descansen en paz.

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