Guerra Imperial

Javi Guerra. durante el Valencia-Sevilla del sábado en Mestalla que se resolvió con un gol suyo tras asistencia de Diego López / JM LÓPEZ
Lo reconozco: Javi Guerra me ha cerrado la boca, para mi propia alegría, la suya y la del valencianismo en masa. Era cierto que venía de una temporada (la pasada) insulsa, sin aportar mucho, y que durante la primera vuelta de esta, con el equipo colista, su ausencia era más dolorosa aún si cabe. Era cierto, también, que pocos o casi nadie se salvaban de la quema y que el equipo hacía aguas por mil sitios, así que no se podía mirar a un jugador solo (tampoco se hizo), pero sí cabía pedir un paso adelante de quienes tienen la calidad suficiente (y no vamos sobrados) para sacarnos de ahí. Y Javi Guerra lo ha dado: bien porque físicamente ya tiene el tono, bien porque Corberán sí sabe colocarle en una posición más cómoda para él, bien porque ha crecido muchísimo mentalmente como jugador…por lo que sea, pero está ahí, donde debía estar y como debía hacerlo, en el momento justo y necesario. Y no se trata ahora de rendirse a sus encantos ciegamente: se le aplaude cuando y como toca, y ya está. Y se le agradece este acto de entrega y compromiso, con el corazón, profundamente, sin titubeos. Pero si, por lo que sea, su rendimiento baja a los niveles tan ínfimos que mostró, lo que toca, lo que honestamente toca es mandarle ánimos, arengarle y agitarle un poco (como se hizo) y pasar a la crítica y a la exigencia de resultados más tarde (como también se hizo). Ahora, el que ha ganado crédito, prestigio y valor es él, solo él. Y todos nos alegramos.
Ocurre que no siempre el futbolista vive en un mundo aparte: las cosas le afectan, tanto en lo personal como en lo profesional. En esos momentos bajos hay quienes hacen examen de conciencia y crecen y otros que se hunden del todo o culpan a quien haga falta antes de asumir sus errores y carencias. Más grave es cuando pasan de todo, también es cierto. Es más común que un jugador viva en su torre de marfil mental cuando la cosa le va muy bien y entonces llega a sentirse el rey del mambo o Tarzán en la jungla. Y la realidad es que no es ni una cosa ni la otra, como tampoco era un desastre en los malos momentos. Lo difícil aquí es tener equilibrio.
Hay varios jugadores que no están en su mejor momento en este Valencia CF, más allá de su calidad y de su aportación. La exigencia de un club como este, confirmada por un salario más generoso que en la gran mayoría de clubes de primera división, es máxima y eso pesa. Te puede hacer muy pequeño en momentos determinados y la consecuencia suele ser unas reacciones poco aconsejables, con reproches por los dos lados (jugador/aficionados), descalificaciones y demás improperios que tampoco debería de ser. Pero este es el grillete del actual fútbol profesional: estás sometido a una opinión pública que exige el máximo rendimiento siempre, del mismo modo que el jugador somete al club a un contrato que le obliga a pagar, juegue o no juegue, rinda o no rinda. El aficionado hace un poco de juez, de abogado defensor y de acusación popular al mismo tiempo, aunque con Lim nadie pinta nada, excepto él, su yo y su sombra en su santísima trinidad posada sobre su cabeza, allá en los cielos de Singapur.
Las críticas deben ser constructivas siempre, porque la exigencia se puede convertir en reproche: el jugador que no esté dispuesto a darlo todo y no tenga todos sus sentidos en su profesión, entonces debe salir, de la manera más natural posible. Y si el club (y aquí tenemos un serio problema) evalúa que un jugador no está rindiendo como debiera porque su aportación, continua y prolongada, es insuficiente, debe buscar soluciones y no acumular elementos que, desde su inacción, pueden llegar a convertirse en tóxicos, aunque no parece el caso de este vestuario actual.
Javi Guerra ha estado, en los últimos diez partidos, imperial en la mayoría de los partidos. Y le voy a aplaudir hasta que me sangren las manos, del mismo modo que herí las palabras contra él, para que le pudiesen escocer en algún momento y así reaccionara, no al leerme a mí (no tengo esa presuntuosidad) sino al escuchar a la gente con vinculación directa e influencia de su entorno. Y si vuelvo a valorar su calidad (que yo mismo llegué a poner en duda viendo su largo período de nulidad y estancamiento) y su rendimiento y me sale déficit, volveré a poner el dedo en la llaga, con él y con quien sea, claro, solo por el bien del Valencia CF, que es quien debe recibir el buen trabajo de sus jugadores.
Ahora nos falta recuperar las mejores versiones de dos futbolistas que se han ido apagando y cuya calidad queda más que contrastada: Pepelu y Guillamón. Corberán tiene que hacer un trabajo mental importante con ellos para que sus mejores prestaciones salgan a relucir de nuevo. Creo que hay una plaza libre en ese centro del campo que aún puede dar mucho más de sí, ya que a Almeida no lo veo, no me encaja, no me llena, no me ofrece nada de nada en verdad. Era Iván Jaime el jugador para esa posición, pero se rompió. El luso tiene su punto de calidad, pero me parece frío y con el freno siempre puesto. No sé, yo abogo más por recuperar otra gente para la causa.
¿Sabéis lo terrible de todo esto? Que Guerra está creciendo a grandes pasos como jugador y está asumiendo responsabilidades (=jerarquía), pero es probable que Lim ya tenga un plan para él y que él mismo vea que su Valencia CF carece de proyecto deportivo competitivo. La historia me suena: le pasó, por ejemplo, a Carlos Soler, que vivió lo mismo que el jugador de Gilet: eclosión fulgurante, bajón, hundimiento, resarcimiento y venta (y luego acusarle a él de querer irse). Somos algo así como un horno: o quemamos o elaboramos y trabajamos el producto para otros (con cesiones o con ventas).
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