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ANÁLISIS

Para lo que hemos quedado

El valencianismo celebró un agónico pase de ronda contra un rival dos categorías por debajo y con un terreno de juego propicio para asentar el paso al frente

El partido fue un cúmulo de retratos del esperpento en el que han convertido al Valencia CF con una gestión negligente y una plantilla que está muy lejos de tener nivel para vestir la camiseta blanquinegra

Imagen de Lucas Beltrán marcando su primer gol

Imagen de Lucas Beltrán marcando su primer gol / EFE

Pau Pardo

Pau Pardo

Valencia

El Valencia CF pasó de ronda... y gracias. Porque lo visto sobre el terreno de juego no solamente es muy procupante por la evidente falta de nivel de la plantilla, los pocos recursos que le dio el pasado mercado de verano y porque no refuerza para nada el conato de reacción iniciado en Mestalla, sino que retrata a la perfección el esperpento, la caricatura, en la que Meriton Holdings ha convertido al club con la inestimable colaboración de sus ayudantes en Valencia.

Para lo que hemos quedado. Al valencianismo le tocó celebrar de manera agónica una victoria contra un rival dos categorías por debajo que juega en un campo de hierba natural y dimensiones de élite. No había realmente mejor escenario para empezar a ganar fuera de casa y demostrar la intención de asentar un estilo de juego valiente y proactivo que Cartagonova... Pero la realidad dio un mensaje mucho más crudo: este equipo carece de la tensión competitiva requerida para llevar la camiseta del Valencia CF.

Los de Carlos Corberán no demostraron sobre el campo ser un mejor equipo que el Cartagena, que le pilló en infinidad de ocasiones al espacio y tuvo opciones de sobra para perforar la portería de un Stole Dimitrievski que acabó siendo el mejor del equipo con todo lo que ello pone de manifiesto. Ni a nivel colectivo ni individual el conjunto de Mestalla fue capaz de mostrar una brecha de calidad muy grande contra su rival de Primera RFEF, al que tuvo que ganar por la vía menos ortodoxa, de rebote y con Luis Rioja tirando del carro.

La 'Unidad B' no quiere ser la 'A'

Otra de las cosas que retrató el choque fue el nefasto nivel de la 'Unidad B'. Muchos futbolistas tenían la oportunidad de demostrar que quieren pugnar por un puesto en la alineación titular, pero a juzgar por su actuación, carente de personalidad y del nivel mínimo exigible, parecen estar muy cómodos y calentitos en el banquillo. Además de mostrar bien a las claras que detrás de toda la pompa, la parafernalia y la cinematografía del pasado verano, los fichajes han vuelto a ser un desastre. Y es que aunque a la mona la vistan de seda, mona se queda.

La medular del equipo estaba compuesta íntegramente por futbolistas llegados el pasado verano y cada cuál tuvo un nivel más desesperante. Especialmente Baptiste Santamaria, que fue completamente incapaz de tomar el mando de las operaciones contra un rival de Primera RFEF, aunque no se quedaron atrás Filip Ugrinic, físicamente muy falto de ritmo, y Dani Raba, que desapareció por completo de las labores de creación.

Eray Cömert tirador de faltas

La actuación del equipo en Cartagena fue más bien un 'concierto tributo' de la decadencia del Valencia de Lim y compañía. Eray Cömert tirando una falta directa en pleno 2025. Un hecho que más allá de lo anecdótico es otro de los retratos de lo bajo que ha caído el club con esta gestión. El suizo, central que bajó con el segundo peor equipo de la historia de Primera División, jugando partidos oficiales con el Valencia CF y permitiéndose disparar -directo a la barrera, claro- un lanzamiento de falta. ¿No había nadie más en el campo?

Una acción del partido

Una acción del partido / Iván Urquizar

Y, por suerte, después 120 minutos que concentraron todo este cúmulo de despropósitos y de dibujos que muestran un Valencia vulgar y que vive de espaldas a su propia historia, un gol de Jesús Vázquez le permitió avanzar de ronda y estar en el siguiente sorteo copero. Y fue de lo poco que el valencianismo ha podido celebrar en los últimos meses. Para lo que hemos quedado.

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