Otro punto con sabor a 'final' perdida
El Valencia no pasó del empate ante el Mallorca en otro partido en el que necesitó verse por detrás en el marcador para reaccionar
Hugo Duro igualó el gol de Samú Costa, pero el equipo de Corberán perdonó demasiado en la segunda mitad y no hubo remontada
Si el Girona le gana al Atlético de Madrid y Osasuna puntúa, el Valencia se tomará las uvas en descenso, como ya ocurrió el año pasado

Almeida y Mateo Joseph / Francisco Calabuig

Era un partido de ganar o ganar. Una 'final' en pleno diciembre para la que Corberán exigió a los suyos jugar "como si no hubiera un mañana", pero una vez más el Valencia no ganó. No ganó porque, como de costumbre, no empezó a competir hasta que se vio por detrás en el marcador. El punto está muy lejos de ser suficiente, como lo fue el del partido ante el Sevilla, y dibuja un posible escenario muy peligroso: si el Girona gana y Osasuna puntúa, el Valencia se come las uvas en descenso, igual que en 2024.
Motivos para saltar el césped de Mestalla con hambre de comerse el campo habían, incluso sobraban. El equipo pareció aceptar ese reto y mandó durante los primeros minutos del partido, más con coraje que con fútbol, pero mandaba al fin y al cabo. Pero, como ya es tónica habitual en los partidos del Valencia, el fuelle no duró demasiado, igualando poco a poco el control del partido.
Y eso que la primera ocasión del partido fue valencianista y estuvo en las botas de Gayà, que remató demasiado cruzado un centro de Luis Rioja. Fue un buen comienzo, al menos esperanzador, pero se quedó en eso... en una esperanza.
Poco duraron las fuerzas...
El Mallorca despertó poco después, en un córner que el Valencia no supo defender con autoridad y que terminó con un remate manso de Muriqi a las manos de Julen. No se quedó ahí la rebelión bermellona, que volvió a desperezarse en el minuto 14 con un disparo de Virgili que obligó a Julen a una estética y efectiva estirada.
Fueron dos avisos, no muy contundentes pero avisos, y al tercero llegó el premio para los visitantes. Fue, como en su primera acción de peligro, a balón parado, pero en esta ocasión en una falta frontal. Antonio Sánchez puso un balón al palo largo, donde los jugadores del Mallorca fueron al salto con mucha más convicción y fuerza que los de Valencia. El balón lo ganó Raíllo, que asistió a un Samú Costa libre de marca para poner el 0-1 en el marcador.

Lance del partido / Francisco Calabuig
El gol visitante desató la primera gran pitada de la noche en Mestalla, que volvió a sentir el miedo. Miedo por otra derrota de su equipo, miedo por ver su club a la deriva con Meriton, miedo por ver que, por segundo año consecutivo, el Valencia puede comerse las uvas en descenso... El colmo llegó con una posesión interminable del Mallorca, que terminó de sacar toda la furia y desesperación de la aficiñon pidiéndole más, mucho más, a los suyos.
Cabreo de Mestalla y reacción a medias
Ante tal reprimenda, y con el marcador adverso en un partido tildado de final, el Valencia no tuvo más remedio que mejorar, y lo hizo, pero sin fútbol. El equipo puso el empeño de ir hacia adelante y volvió a hacerse con el control del partido, pero sin generar ocasiones claras. Hasta dos veces Mestalla y los jugadores reclamaron penalti por mano, pero el colegiado no señaló ninguna, porque no eran.
Con 0-1 en el marcador y con la sensación, una vez más, de que el Valencia no despierta hasta que no se ve por detrás en el partido, el colegiado mandó a los jugadores a vestuarios, no sin otra sonora pitada de la afición hacia sus jugadores.
Segunda parte, otro partido
Y tras el descanso despertó, y vaya si lo hizo. El Valencia estaba obligado a ello y arrancó la segunda mitad con la actitud correcta, la de estar jugándose la vida. Siguiendo con la tendencia del final de la primera parte, los Corberán disfrutaban del control del balón, pero ahora sí con la sensación de que podía crear peligro. Quizá fue el técnico quien avisó en el descanso de la debilidad bermellona en esa banda izquierda defendida por Mojica, o quizá no, pero la realidad es que el Valencia la detectó y explotó esa vía al máximo.

Lance del partido / Francisco Calabuig
Y no tardó en darle resultado. En el minuto 52 Rioja, en uno de sus cara a cara, vio cómo Thierry le doblaba y a él le dio el balón. El luso le ganó el duelo a un Mojica que más blando no pudo estar y puso un gran centro al segundo palo para que Hugo Duro rematara al fondo de las mallas.
Lo que antes eran reproches se convirtieron en aliento, en gritos de ánimo y de exigencia por parte de una afición que quería que su equipo aprovechara el momento. Empezó entonces un periodo de asedio valencianista. Hasta en dos ocasiones se repitió la jugada del gol, o al menos una muy parecida, y en ambas se quedó a pocos centímetros de acabar en gol. En la segunda, de hecho, Gayà, que fue el rematador, se topó con el poste tras centro de Rioja, que fue el asistente.
Arrasate quiso detener la hemorragia moviendo el banquillo, dando entrada a un pelotero como Darder, pero todavía dispuso de una ocasión más clara el Valencia. Esta vez desde la banda izquierda y como centrador Almeida, cuyo envío encontró el remate de Beltrán. Al argentino solo le separó del gol una parada surrealista de Leo Román, que haciendo la estatua le golpeó el balón en el pie.

Remate de Gayà / Francisco Calabuig
Demasiado perdonó el Valencia
Los momentos de asedio hay que aprovecharlos, porque no duran para siempre. Al Valencia se le acabó, por lo menos con el mismo ímpetu, y Mestalla tuvo que contener la respiración durante algún segundo por un gol a la contra de Muriqi que terminó anulado por fuera de juego.
Se empezaba a agotar el tiempo y Corberán barajó sus cartas. Ramazani y Javi Guerra, pitado por algún sector de Mestalla, fueron los primeros en entrar de refresco, mientras que Foulquier y Danjuma lo hicieron poco después. La entrada de Arnaut tuvo su efecto y en sus dos primeros contactos con el balón generó dos ocasiones peligrosas. Además idénticas: desborde por fuera y centro al área que no encontró un remate limpio.
Final descafeinado
El Valencia había preparado durante toda la segunda mitad un final de infarto en caso de no haber encontrado el segundo gol antes, pero la realidad es que no cumplió esas expectativas. El asedio estaba cada vez más diluido y el plan del partido volvió a ser el de un equipo que quería pero no podía. El Mallorca, con sus cartas, supo enfriar el partido a tiempo.
Eso sí, si hubo un equipo que lo intentó hasta el final fue el Valencia, que todavía estuvo cerca del gol en dos acciones a balón parado. Pero el destino no quiso que el Valencia se tomara las uvas con una victoria, como si de un castigo por 'conformismo' se tratara. Con el pitido final, el Valencia solo sumó un punto, insuficiente a todos los efectos, y que deja abierta la posibilidad de terminar 2025 en puestos de descenso, tal como ocurrió en 2024.
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