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OPINIÓN

Adéu, Copa; adéu, Europa

El Valencia CF se cae en la segunda mitad, donde el Athletic, que decían que no quería la Copa, la quiso mucho más

La competición del KO, sin nada más que echarse a la boca durante años, merecía más respeto sobre el campo por parte de la mayoría de jugadores y el entrenador

El coliseo de la Avenida de Suècia ya no vivirá más partidos de competición europea... y está por ver si la Copa volverá antes del traslado al 'Tholos' de Corts Valencianes

Cömert, que está jugando sus mejores partidos cuando se acerca el fin de su contrato, pide perdón a la afición

Cömert, que está jugando sus mejores partidos cuando se acerca el fin de su contrato, pide perdón a la afición / J. M. López

Pascu Calabuig

Pascu Calabuig

València

La noche de la ilusión se ha acabado convirtiendo en la noche de los horrores. Una eliminatoria contra un Athletic Club que en la previa parecía no querer la Copa -tocado, con bajas y rotaciones- y que, a la hora de la verdad, ha demostrado quererla mucho más que el Valencia CF.

Stole Dimitrievski y Lucas Beltrán. Los dos son los nombres y los hombres del Valencia en esta Copa. Ninguno más -tampoco el entrenador- ha sabido defender el escudo que luce en el pecho como corresponde. El normacedonio ya regaló una vida extra en Cartagena a un equipo incapaz de seguir adelante cuando se pone por delante un Primera. Y ha vuelto a hacerlo deteniendo un lanzamiento de penalti a Jaureguizar en una triste segunda mitad. Sin embargo, fundido y sin alma, lejos de revivir de la mano de su portero, el conjunto de Corberán siguió mostrándose temeroso, rendido a los hermanos Williams. Solo en la primera parte, gracias a la clarividencia que da en la mediapunta el argentino Beltrán, el Valencia generó fútbol a cuentagotas. A cuentagotas porque nadie más salvo Filip Ugrinic juega con la misma motivación del cedido por la Fiorentina.

¿Dónde están los fichajes de enero?

Hasta que Corberán decidió sacarlo del campo el nigeriano Umar Sadiq fue el caos en persona. El futbolista que la Real Sociedad ha intentado quitarse del medio en cada una de las ventanas de fichajes hasta que lo consiguió este enero con ayuda del Valencia. El autogol con el que metió al Athletic en esa Copa que todo el mundo decía que no quería es toda una obra de arte del esperpento. Un cabezazo perfecto en su propia portería. Minutos más tarde, un despeje también perfecto, y también con la cabeza, evitó que él mismo firmara el empate en el área de Álex Padilla. Por fortuna, el meta de los leones, en otra pifia de época, echó una mano a Sadiq para que este pudiera redimirse con el empate a uno. Por el momento, lo de los fichajes de invierno es tragicómico. Sin noticias de Unai Núñez, pese al pésimo estado de forma de César Tárrega, los diez minutos de Guido Rodríguez evidencian que llega fuera de forma tras apenas actuar en Inglaterra. Qué espabilen todos en obtener su mejor versión porque el contrato expira en menos de cinco meses. Ya es febrero... ¿dónde están los refuerzos de enero?

Europa, aquel lejano recuerdo

2158 días son muchos. Demasiado tiempo, el que lleva este Valencia de la administración Lim sin jugar un partido de competición europea. Seis temporadas sin juntarse con los mejores del Viejo Contienente y, sobre todo, sin rascar ni un puñetero euro de la UEFA. Razones más que suficientes por las que había de intentar un regreso por todos los medios, por tierra, mar y aire: por la Liga y por la Copa. Ganar servía, con la cabeza en lo urgente -ya, lo único-, la permanencia en Primera, para tener un extra de confianza en la antesala de la visita del Real Madrid. Pero, para lo estructural, para todo eso que a los gestores de este club les importa lo mismo que nada, meterse en las semifinales significaba posicionarse a tres partidos de levantar un título y, sobre todo, de apuntarse a la Europa League.

Salvo un milagro de tintes bíblicos, en los próximos meses Meriton batirá uno de los récords más nefastos de la historia del Valencia: el del tiempo de ausencia en las competiciones europeas. La condena de los Lim y sus secuaces dentro del club no tiene fin. La sensación reinante durante años es que, sin cambio en el accionariado, el murciélago no volverá a volar en Europa. Ni siquiera los locos piensan ya, con un mísero punto de renta sobre del descenso, en hacerse un sitio en la Conference League allá por el mes de mayo.

La grada de Mestalla pasa de la ilusión de la previa al enfado del final en la Copa

La grada de Mestalla pasa de la ilusión de la previa al enfado del final en la Copa / José Manuel Lopez

Adéu, Mestalla

Gracias a los Lim y al hatajo de colaboradores valencianos sobre el terreno, el viejo coliseo de la Avenida de Suècia ya no vivirá jamás un partido europeo. El último fue el 10 de marzo de 2020 frente a la Atalanta en la Champions. El de esta noche contra el Athletic podría haber sido el último que se haya visto en la Copa antes del traslado al 'Tholos' de Corts Valencianes en el verano de 2027. Para evitarlo, la próxima temporada habrá que representar un buen papel en la Copa del Rey avanzando a las rondas finales. Y ya se sabe lo que pasa desde que Lim y sus defensores han ganado la batalla del relato. Sobra humo y faltan hechos.

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