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OPINIÓN

VALENCIA CF: ¡Qué nadie se esconda!

El equipo de Corberán siente más cerca el riesgo del descenso y nadie asume responsabilidades en este club... los primeros deberían ser los que apostaron por el técnico, maestros del escapismo

Gourlay y Solís, tapándose la cara, en un momento del Valencia - Madrid

Gourlay y Solís, tapándose la cara, en un momento del Valencia - Madrid / JM LOPEZ

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Pascu Calabuig

Pascu Calabuig

València

La vida de los valencianistas es pura desesperación. Créanme, les hablo desde la experiencia, desde la angustia de desconocer cuándo de una maldita vez se cerrará para siempre este agujero negro llamado Meriton que lo engulle todo. A lo largo de una década el apellido Lim se ha convertido en el más nefasto de los 107 años de historia de la entidad del murciélago.

A cualquiera que sienta por dentro los colores del Valencia CF se le remueven las tripas al comprobar como todavía existen valencianos capaces de seguir colaborando -y cobrando- en esta ignominia. Mientras, una temporada tras otra el equipo vive en caída libre y sin frenos, lo único que ha funcionado en este club ha sido la propaganda. La creación continua de relatos que sirvieran como anestésicos de protestas en masa, en especial, en el interior de Mestalla.

Propaganda, ilusionismo y esquizofrenia

Los supervivientes del Valencia, ayudados por un entorno amante de las filtraciones fáciles, han traído de cabeza a la afición. La han vuelto loca con mensajes cargados de falsa ilusión. Ilusionismo, más bien. Por ejemplo, la han empujado a aplaudir mercados deprimentes, fichajes venidos como descartes de equipos menores en grandeza hasta la aparición de Peter Lim y sus innumerables incompetentes, y a construir ídolos de barro para, meses después, pasar a pedir su cabeza.

Con la mente en frío, la realidad es que dos entrenadores como Rubén Baraja y Carlos Corberán han retrasado el descenso de categoría al que los ejecutivos de Meriton conducen irremediablemente al Valencia. Primero fueron los artífices del milagro de la salvación. Más tarde, cuando vinieron mal dadas, los principales villanos. Perfectos escudos para los de arriba.

Corberán sabía dónde se metía

Nadie salva a Corberán. Tan falso es que ha empeorado al equipo, pues aún era peor a su llegada en enero de 2025, como que no supiera donde se metía. Quien acepta la mano de Lim en estas circunstancias acaba siendo, aunque no lo quiera, colaborador de un desastre que solo desaparecerá fruto de una revolución en el accionariado. Pero, al menos, el salario del entrenador valenciano está justificado en sus funciones y su profesionalidad diaria. Creo en las palabras de Arnaut Danjuma: "Se está dejando la vida por el club y los jugadores". También creo en lo que dice sobre la responsabilidad de los jugadores en el problema: "Debemos empujar más. Nuestra concentración tiene que cambiar y hay que mejorar tácticamente, encontrar antes los espacios".

Lo del Valencia es una tormenta perfecta, reducir la crisis al entrenador es pan para hoy, y hambre para mañana. Continuar asistiendo a este circo de los horrores. Los ejemplos desde el 'harakiri' con los despidos de Marcelino y Mateu Alemany son múltiples. Los hechos hablan: ningún entrenador pudo ya cambiar verdaderamente las cosas a largo plazo. Este es un club inerte. Probablemente, abrir la enésima caja de sorpresas de la que salga un nuevo técnico sea un remedio temporal, estimule a una plantilla sin otros inyectores de ambición. Aquí no hay presidente -le preocupa más la moda o los videojuegos-, hay un CEO de Fútbol que no habla ni papa de español y que confesó no hace mucho que su plan es jubilarse en un par de años, y hay director general para lo que él quiere. Así que, por favor, cualquier comparación con alguno de los clubes serios envueltos en la lucha por la salvación en esta Liga no guarda ningún parecido con la realidad.

Solís y Gourlay, presidiendo el partido contra el Madrid

Solís y Gourlay, presidiendo el partido contra el Madrid / José Manuel López

El hombre que se sienta encima del escudo

A Javier Solís, el hombre que se sienta cada 15 días en el palco por encima del escudo del Valencia, la responsabilidad le resbala. A pesar de que luce el cargo de director general, casi nadie en la ciudad le exige como tal. Ya tiene mérito que el artífice de que los ultras regresaran en verano a Mestalla en una temporada en la que los registros del Valencia como local son deplorables y los cánticos de ira resuenan con más decibelios contra entrenador y jugadores que contra la negligente directiva de la que forma parte -por no hablar de la vergüenza de oír insultos en 'casa nostra' contra el pueblo vasco-... ya tiene mérito, que apenas aparezca en la foto de los medios. Quién sabe si los políticos y el Nou Mestalla tienen algo que ver.

Carlos Corberán, entrenador del Valencia, en el choque del domingo ante el Real Madrid

Carlos Corberán, entrenador del Valencia, en el choque del domingo ante el Real Madrid / LaLiga

Corberán y los que apostaron por él

Los números de Corberán son indiscutiblemente de despido. Sí. Pero antes habría que mandar a casa a los que apostaron por entrenadores y jugadores que jamás habrían soñado en defender el feudo de Mestalla. Hoy eso implica tanto a Ron Gourlay, que se ata al entrenador y lanza balones fuera hasta el verano de 2027, como a Solís. En una entrevista en el diario 'AS' el peor director deportivo que ha existido, Miguel Ángel Corona, ha repartido los honores del 'millonario' fichaje del extécnico del West Bromwich Albion. Dice así: "No fue fácil, de común acuerdo con Javier Solís, pagar por contratar a un entrenador (2,4 millones de euros), algo poco común". El ejecutivo valenciano se encuentra cómodo entre la incertidumbre de una entidad sin norte ni profesionalidad. A buen seguro, en entidades como el Real Madrid, el Barcelona o el Atlético un director general no soportaría mucho tiempo sin comparecer en público para delimitar y explicar cuáles son sus funciones.

De vuelta a Corberán, su condena comenzó en la hora en la que aceptó las llaves de la casa. Los Lim se las dieron para desaparecer de la ecuación, no por proyecto ni por convicción. Cuando un entrenador asume que está solo como mánager, ficha y se equivoca, no tiene otra escapatoria que dar la cara ante los errores. Quiso bailar con Meriton y se ha caído de morros. Tantos frentes, en un club que ha reconocido que busca ahora un especialista en el mercado español, que lo han hecho fracasar en lo más importante, entrenar, y también en desaprovechar el ligero aumento de la inversión en las dos últimas ventanas. Nada de otro planeta.

Posdata

PD: Qué alguien me explique el mantra que nos sobrevuela, "hay plantilla para mucho más". ¿Dónde está? Mamardashvili, en Liverpool, Mosquera, en Londres, y en València dos centrales que acabaron la pasada temporada como suplentes de Valladolid y Mallorca como pareja titular: Cömert y Copete. Desde hace mucho tiempo, el Valencia es el equipo de las segundas y terceras oportunidades. Danjuma, Sadiq, Ramzani o Lucas Beltrán pueden dar fe de ello. Este Valencia CF es una jaula de grillos. ¡Todos a la calle!

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