VALENCIA CF
5M, día sagrado para el valencianismo
Hoy se cumplen 24 años de la quinta Liga del Valencia CF, sellada con un triunfo en Málaga por 0-2 con tantos de Roberto Ayala y Fábio Aurélio. Dos años más tarde, el equipo de Benítez volvió a ganar la sexta y última hasta la fecha
El contraste con el presente asusta. De campeones a estar luchando por salvar la categoría a falta de cuatro jornadas para el final

P. C.

Tal día como hoy, 5 de mayo, el Valencia CF volvió en 2002 a lo más alto y se proclamaba campeón de LaLiga, poniendo fin a 31 años de sequía liguera desde el histórico título de 1971 comandado por el mítico Pep Claramunt, al que que este 2026, precisamente, se le está rindiendo homenaje. Tres décadas más tarde, el nombre de los héroes del valencianismo cambió, pasando a convertirse en ídolos para la posterirdad jugadores como Santi Cañizares, Roberto Ayala, Albelda, Baraja, Aimar, Vicente y Angulo.
En La Rosaleda de Málaga, con más de 3000 aficionados valencianistas en las gradas —muchos de ellos desplazados incluso sin entrada—, el conjunto dirigido por Rafael Benítez conquistaba su quinta Liga gracias a una victoria cimentada en los goles de Roberto Ayala y Fábio Aurélio. La imagen de Ayala pidiendo calma a los valencianistas presentes en el estadio malagueño, a los compañeros, a todo lo que le envolvía, quedó grabada para siempre en la memoria colectiva. Fue el triunfo de un bloque sólido, competitivo y sin fisuras, capaz de derribar décadas de frustración desde aquella tarde mítica en Sarrià con Alfredo Di Stéfano en el banquillo.
Los momentos de un campeón incontestable
La temporada 2001/02 fue un relato de carácter y ambición. Desde la victoria inicial ante el Real Madrid hasta la celebración final —pasada por agua— con escenas icónicas como los resbalones de Ayala y las carcajadas en el túnel de vestuarios, el curso 2001/02 quedó marcado por episodios que hoy forman parte de la historia del Valencia. Eso sí, hubo momentos críticos, como la remontada en Montjuïc, donde al descanso todo apuntaba al cese de Benítez, el pulso constante con el Madrid de los galácticos, y el acelerón decisivo en las últimas ocho jornadas. La explosión en Mestalla tras vencer al Espanyol fue el preludio del asalto definitivo en Málaga. Aquel equipo compitió con autoridad, eficacia y personalidad, cualidades que definieron a un campeón incontestable.
El título de 2002 supuso mucho más que una Liga. Representó la reafirmación de un proyecto ganador tras el duro golpe de la final de UEFA Champions League 2001 perdida ante el FC Bayern Múnich. Lejos de hundirse, el Valencia se reinventó y convirtió la adversidad en impulso. Aquel grupo, que ya venía de conquistar la Copa del Rey de 1999 y disputar dos finales europeas consecutivas, alcanzó su madurez competitiva.
Málaga y La Rosaleda quedaron para siempre marcadas como 'tierra santa' del valencianismo, que vive este martes su fecha sagrada. El gol imponente de Ayala con la testa llegó en el minuto 34. Diez más tarde, con el retraso y el suspense que le dieron los colegiados, caería la sentencia obra de Fábio Aurélio a pase de Aimar. El tanto del fino y ofensivo lateral zurdo brasileño tuvo que esperar más de cinco minutos a que Pérez Burrull, colegiado principal, y su asistente se decidieran y corrigieran el error previo que habían cometido al anularlo. Fábio, que se marcharía años después al Liverpool de Benítez, había accedido al área en posición corercta desde atrás y estaba perfectamente habilitado.
Por su parte, el Madrid empató esa misma jornada con el Mallorca en el Bernabéu (0-0), dejándose dos puntos, y haciendo imposible el título de Liga, si el Valencia no fallaba. Y no falló.
Un equipo con calidad y compromiso a partes iguales
La Liga 2001/02 consolidó a figuras clave como la dupla David Albelda -una roca en la medular- Rubén Baraja —decisivo en los momentos clave—, confirmó el talento diferencial de Pablo Aimar y elevó definitivamente la figura de Benítez tras recoger el testigo de Héctor Cúper. Además, impulsó el crecimiento de nombres como Curro Torres, Mista o Rufete, recordado también por su pundonor y sus goles que tenían guardada la camiseta de un 'diablillo', todos, piezas fundamentales en la construcción de un equipo campeón.
Los contrastes con el presente
Hoy, 24 años después, aquella Liga sigue siendo un símbolo de orgullo, resiliencia y grandeza valencianista. Un título que no solo rompió una larga espera, sino que dio paso a una de las etapas más gloriosas del Valencia. Tristemente, el contraste con el presente asusta.
La gestión bajo la propiedad de Peter Lim, que compró la mayoría accionarial en octubre de 2014, ha descendido al club a los infiernos. Cada una de las últimas siete campañas puede servir de ejemplo que reafirma esta realidad. Hoy, sin ir más lejos, a falta de solo cuatro jornadas de Liga, el Valencia de Carlos Corberán todavía lucha por un objetivo totalmente distinto al de ser campeón, el de resistir en la elite de la Primera división.
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