27 de octubre de 2010
27.10.2010
PERSONAJES

Jordi Alba es "un hijo" en Logroño

Cuatro futbolistas del Logroñés coincidieron con el catalán cuando explotó en el Nàstic hace dos años.

27.10.2010 | 20:44

Si alguien tenía ganas de viajar a Logroño ese era Jordi Alba. Por la carita que se le quedó el año pasado contra el Deportivo, pero sobre todo porque se reencontrará con cuatro ex compañeros y amigos a los que estará agradecido eternamente por cómo le acogieron en el Nàstic de Tarragona hace dos años y por cómo le ayudaron a crecer en el mundo del fútbol. Son Óscar Arpón y Mario Gibanel, ahora capitanes del U.D. Logroñés, José Izquierdo y Juan Antonio Osado. A los cuatro los quiere como «padres futbolísticos». Un cariño que es recíproco. Hoy le darán un abrazo y recordarán batallitas. Han pasado dos años, pero su carita con la que llegó al equipo, las bromas por lo «poquita cosa que era», sus palmas y su «flamenquito» en el vestuario, sus bailes con el utillero y sus prácticas de coche no se olvidan. Para los cuatro rojiblancos Jordi Alba siempre será como un «hijo».

«Recuerdo cuando llegó el primer día, con esa carita. Era muy jovencito. En el equipo había gente veterana y parecía que hubiera llegado uno de sus hijos al entrenamiento. ¡Era muy poquita cosa!», recordaba entre risas Óscar Arpón. A pesar de eso, el ahora capitán riojano, recuerda lo también poquito que tardó en hacerse querer por todos. «Al principio se tuvo que aclimatar al fútbol en Segunda y a un vestuario así porque cuando vino era casi un semi profesional, pero Jordi es una persona muy abierta y tardó muy poco en llevarse bien con todos». Su alegría, optimismo y sentido del humor es difícil de olvidar. Mario Gibanel, un ex del Levante y ahora otro de los ´capos´ del Unión Deportiva, recuerda sus espectáculos en el vestuario. «Siempre estaba contento y se hizo querer por toda la gente. En el vestuario empezaba a dar las palmas. Yo creo que si le hubiera ido mal en esto del fútbol se hubiera ganado la vida como palmero». Aquellos momentos en el vestuario tampoco se le olvidaron a José Izquierdo. «Él se encargaba de ponernos la música en el vestuario. Siempre nos ponía su flamenquillo de rumba catalana. Siendo de l´Hospitalet no podía ser de otra manera. Nos reíamos mucho cuando se ponía a bailar con un utillero italiano que estuvo con nosotros aquel año. ¡La que montaba!», exclamaba. Unas bromas que muchos ya han sufrido en Paterna. Hay otras cosas que no han cambiado. Y si no que se lo pregunten a Gibanel. «Algún día que otro hizo de chófer y cogió mi coche para hacer prácticas. Ya me he enterado de que sigue igual...»

Jordi dejó huella en lo personal, pero también en lo deportivo. «Le costó entrar, pero luego maduró, se atrevió a encarar y a meter goles», decía Izquierdo. Todos sabían que llegaría lejos, pero ninguno se creía que fuera como lateral izquierdo. Hace poco lo hablaron los cuatro tras verlo en un partido por televisión, como recuerda Juan Antonio Osado. «Enseguida se le vio un desparpajo diferente al resto de chicos, hizo una temporada muy buena, pero jugando de interior. El otro día lo comentábamos lo que nos sorprende cómo está rindiendo de lateral. No se lo creería ni él». Hoy se reencontrarán los cinco. Como en las mejores familias. Los padres, con «el hijo».

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